Frances Power Cobbe: la evolución de una activista contra la vivisección

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Nacida en 1822 en el seno de una familia acomodada en Irlanda, Frances Power Cobbe fue una de las más destacadas activistas antiviviseccionistas de su época. Al igual que otras mujeres en la lucha contra la experimentación animal (vivisección) del siglo XIX, Power Cobbe fue también feminista y sufragista, llevó su empatía más allá de nuestra especie y relacionó la violencia contra las mujeres con la que se ejercía contra los animales no humanos, particularmente los domésticos.

Durante su juventud, se dedicó al cuidado de su madre, tiempo durante el cual pudo estudiar y formarse. Pronto comenzó a cuestionarse algunos aspectos de la religión cristiana, lo que la llevó a escribir uno de sus primeros ensayos de forma anónima para no disgustar a su padre. Este no veía con buenos ojos la defensa de su hija de las teorías de Charles Darwin (1809-1882), si bien Power Cobbe también se mostró crítica con el famoso naturalista y tras haber entablado amistad con él y su familia, terminó enemistándose con los Darwin por no tomar parte en injusticias sociales como las que atravesaban a las mujeres o los animales.

Tras la muerte de su padre, Power Cobbe comenzó a trabajar y viajó a distintos países. En Italia conoció a la que sería su pareja, la escultora galesa Mary Lloyd (1819-1896), de la que no se separó hasta la muerte de esta. Sus textos de viajes acabaron llevándola a trabajar como escritora y periodista en varios medios de comunicación. Fue corresponsal en Italia para el Daily News, un puesto que raramente era desempeñado por mujeres y en el que fue precursora junto a otras periodistas como Margaret Fuller (1810-1850), también animalista. En sus artículos y ensayos hablaba de la cuestión feminista y antiviviseccionista. Sobre este último tema acumuló más de 300 publicaciones entre libros, artículos y panfletos.

Frances Power Cobbe fue una firme defensora de la independencia de las mujeres y de la igualdad política y económica con los hombres. Se enfocó en la violencia machista cuando esta era considerada normal, y logró poner este debate sobre la mesa tras publicar Wife Torture in England (1878). También fue defensora del divorcio, de la gestión de las mujeres de sus propios bienes y de su acceso a la universidad. Todos estos problemas derivaban de una base política: las féminas no tenían derecho al voto y por tanto, no podían participar en la búsqueda de soluciones, lo que la llevó a ser sufragista.

Su defensa de la participación pública de las mujeres la llevó a oponerse a enfoques contra la experimentación animal como el que daban revistas como Home Chronicler, que invitaba a las mujeres a ejercer influencia contra la vivisección desde su círculo social y del hogar. Cobbe abogaba porque esta influencia se diera de forma pública y política. De hecho, consideraba que las mujeres tenían la misión de «suavizar este duro y viejo mundo que han dejado los hombres», en referencia a prácticas propias del sistema patriarcal en las que se incluye la experimentación animal. Las mujeres eran para Cobbe moralmente superiores y tenían una mayor capacidad compasiva.

Las mujeres, además, debían tener para la escritora un fuerte interés en el avance de la medicina y sus métodos, ya que el hecho de que las mujeres no tuvieran acceso a la universidad y no pudieran formarse como médicas había llevado a una violencia sistemática ejercida por médicos hombres en ámbitos como el de la ginecología o la psiquiatría. Una violencia que iba a darse necesariamente si los estudiantes de medicina eran instruidos en la vivisección. Al fin y al cabo, esta práctica era también una amenaza para las mujeres.

Inicios regulacionistas

Cuando Cobbe denunció a un médico francés que había acudido a Londres para realizar unos experimentos con perros, observó que no había legislación que pudiera salvar a estos animales y que las leyes, por el contrario, amparaban a los vivisectores que tenían total libertad para sus crueles prácticas que eran opacas al resto de la sociedad. Por ello, su primer enfoque fue regulacionista, cuando ya era una figura reconocida del feminismo.

En 1863, Frances Power Cobbe publicó The Rights of Man and the Claims of Brutes, donde expuso sus preocupaciones sobre el sufrimiento y la crueldad hacia los animales. En este texto, sostenía que las necesidades humanas eran superiores y prioritarias sobre las de los animales y sus vidas, pero distinguía entre experimentos por necesidad y por capricho.

En este primer enfoque bienestarista, Cobbe exigió la obligatoriedad de la anestesia en las vivisecciones y presionó, sin éxito, para una ley al respecto. En aquel momento, se utilizaba una sustancia llamara curare que inmovilizaba a los animales, pero no disminuía su dolor.

Finalmente, la escritora acabó abrazando el abolicionismo, tras entender que el activismo debía oponerse férreamente a la vivisección para liberar a los animales de los experimentos, incluso aunque estos supusieran un avance científico. Para ella, estas prácticas eran perjudiciales para los animales sometidos a ellas, para los estudiantes de medicina (hombres en su mayoría) a los que se insensibilizaba frente al dolor ajeno, y para los pacientes -y especialmente las mujeres y las personas pobres- expuestas a ser tratadas como objetos por estos futuros médicos.

En Vivisection: Four Replies (1882), criticó la defensa de la vivisección por unos supuestos avances en la medicina que no se podían predecir, y que aunque realmente tuvieran lugar, generarían un mal moral mayor para el conjunto de la sociedad.

De un primer enfoque en el que aprobaba los experimentos por «necesidad», pasó a afirmar que los vivisectores eran «egoístas» cuando argumentaban que sus experimentos redundarían en un beneficio para el resto de la sociedad, cuando realmente estaban defendiendo sus intereses profesionales y económicos.

No por esta evolución en su pensamiento dejó de preocuparse por las leyes de protección animal. En este sentido, destacó que estas carecían de la definición obligaciones éticas de los seres humanos hacia otros animales por su condición de seres sintientes. También apreció que el poder político del que gozaban los vivisectores y no las mujeres era tal que impedían la introducción de normativas regulacionistas o abolicionistas. Cobbe llegó a calificar a los vivisectores como la «moderna Inquisición«.

Frances Power Cobbe

Asociacionismo

En 1824, se había creado en Reino Unido la Royal Society for the Prevention of Cruelty to Animals (RSPCA), la primera organización de protección animal del mundo. Aunque hubo mujeres que participaron en su actividad, a estas se les negaba cualquier tipo de cargo de responsabilidad. Cobbe pronto se dio cuenta de que la RSPCA no estaba dando a la vivisección la importancia que merecía y que había que diferenciarla de otras luchas animalistas.

En 1875, la escritora y periodista fundó la Society for the Prevention of Animals Liable to Vivisection (hoy National Anti-Vivisection Society), también conocida como Victoria Street Society, la primera asociación del mundo para la abolición de la vivisección, de la que estuvo al frente hasta 1884. En esta asociación impulsó una serie de campañas contra la experimentación animal dirigidas a la clase trabajadora, cuyos barrios llenó de carteles, a pesar de que eran las clases altas quienes estaban en este debate. Cobbe pensó que los trabajadores empatizarían con los animales porque ambos estaban siendo oprimidos.

En 1876, el Parlamento británico aprobó una nueva ley contra la crueldad a los animales, la Cruelty to Animals Act. Años después, en 1898, Power Cobbe fundó la British Union for the Abolition of Vivisection (hoy Cruelty Free International), tras considerar que la Liga se había relajado en la lucha.

Consideraciones sobre los animales

Cobbe entendía que los animales no humanos eran seres sintientes con capacidad de sufrir y consideraba la extensión de la empatía más allá de nuestra especie como un signo de evolución moral de la sociedad, si bien desde su educación cristiana, estableció diferencias esenciales entre los animales no humanos y los humanos. A los primeros los caracterizaba por su corporalidad, mientras que los humanos para ella gozaban de espiritualidad. Curiosamente, sí atribuyó a los perros la capacidad de razonar y de tener una personalidad propia. Incluso dedicó un libro benéfico a su perro: Confessions of a lost dog.

No se mostró igual de comprensiva con los animales salvajes, una característica común a otras antivivseccionistas de la época, tal vez por el desconocimiento dado por no haber tenido un contacto tan cercano con estos como el que tenían con los animales domésticos. De esta forma, en 1875 Cobbe afirmó que no le parecía condenable que los activistas contra la vivisección practicaran la caza deportiva o que comieran carne. Ella misma nunca fue vegetariana como sí lo fueron otras sufragistas antiviviseccionistas. También se ha señalado que solía utilizar sombreros con plumas de aves.

Sobre los animales domésticos destacó que nuestra especie tenía una obligación extra, la de garantizar su felicidad, puesto que somos responsables de su existencia.

Su pensamiento fue influyente para otras feministas contra la vivisección, como la estadounidense Caroline Earle White (1833-1916). Pero su posición antiviviseccionista también la llevó a enemistarse con otras sufragistas, como Emily Davies (1830-1921), quien no entendía que Cobbe se opusiera a la presencia de mujeres en las clases de fisiología en las universidades en las que se realizaban vivisecciones.

Cobbe se mostró muy decepcionada cuando comprobó que tras el acceso de las mujeres a la universidad, muchas participaban en estas prácticas o acudía a verlas. Sin embargo, su asistencia no siempre implicó una postura favorable a la experimentación animal. Un caso notable es el del perro marrón, cuando las activistas Louise Lind af Hageby (1878-1963) y Leisa Schartau (1876-1962) denunciaron la vivisección de un perro. La National Anti-Vivisection Society estuvo muy implicada tanto en el juicio como en los polémicos homenajes al animal.

Frances Power Cobbe pasó sus últimos años en Gales junto a Mary Lloyd. Allí continuó escribiendo y haciendo activismo. Murió a sus 81 años, el 5 de abril de 1904.

FUENTES CONSULTADAS Y ARTÍCULOS RELACIONADOS

Balza, I. (2018). Una biopolítica feminista de la carne: la gestación subrogada como ejemplo de los vínculos de opresión entre las mujeres y los animales no humanos. Asparkía: investigació feminista, (33), pp. 27-44.

Balza, I. y Garrido, F. (2016). ¿Son las mujeres más sensibles a los derechos de los animales? Sobre los vínculos entre el animalismo y el feminismo. ISEGORÍA. Revista de Filosofía Moral y Política, 54, pp. 289-305.

Cruelty Free International (s.f.). Our History.

González, M. I. (2008). Al margen de los márgenes: encuentros y desencuentros entre feminismo y defensa de los animales. En Marta I. González, Jorge Riechmann, Jimena Rodríguez Carreño y Marta Tafalla (coords.), Razonar y actuar en defensa de los animales. Madrid: La Catarata.

González, P. A. (2022). Frances Power Cobbe: la determinación de una pionera. Desperta Ferro Ediciones.

Rodríguez, J. (2012). Frances Power Cobbe y la lucha contra la vivisección como causa femenina en la Inglaterra del siglo XIX. En: Jimena Rodríguez Carreño (ed.). Animales humanos entre animales no humanos. Madrid:
Plaza y Valdés.

Una respuesta a «Frances Power Cobbe: la evolución de una activista contra la vivisección»

  1. […] como este semanario, pero tenidos en cuenta como individuos sintientes en el pensamiento de esas mujeres que en el siglo XIX alzarían la voz por la causa feminista, y también la […]

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