El dodo (Raphus cucullatus) es una de las especies extintas más presentes en la cultura popular, ya sea por su resignificación como criatura mitológica o por su inclusión como un personaje en la novela de Lewis Carroll (1832-1898) Las Aventuras de Alicia en el País de las Maravillas (1865) y posteriormente en la película de Disney. Pero lejos de la ficción, este pariente de las palomas y tórtolas existió en la vida real. El último avistamiento registrado de un individuo de esta especie data de 1662.
El dodo era un ave endémica de las Islas Mauricio, donde se encontraba desde mucho antes que los pobladores humanos. Existían al menos dos especies conocidas, el dodo común, de color grisáceo; y el dodo blanco. La evolución había llevado a estas aves con alas y cola cortas a perder su capacidad de volar. No la necesitaban, pues no contaban con depredadores de los que huir. Al menos así fue hasta el siglo XVI, cuando llegaron los colonos europeos, primero los portugueses y más adelante los holandeses.
Se cree que sus largos picos con forma de gancho les servían para romper cocos de los que se alimentaban, aunque también se piensa que comían semillas, frutas e insectos pequeños. Construían sus nidos en el suelo y su peso oscilaba entre los diez y los 20 kilos. Tradicionalmente, el dodo se ha definido como un pájaro torpe, hasta el punto de que su nombre podría significar «estúpido», pero un estudio reciente reveló que realmente era fuerte y rápido. Su descripción como un animal torpe podría deberse a su observación en la cautividad a la que fueron sometidos entre los siglos XVI y XVII, pero también puede servir como una excusa para pensar que fue esa supuesta torpeza lo que lo llevó a la extinción, y no la intervención humana.
El primer encuentro del que se tiene constancia entre europeos y dodos fue en 1574. A partir de esa fecha, otros registros aluden a traslados de individuos a Europa. Algunos autores detallan que los navegantes los utilizaban como alimento en los barcos, al igual que hacían con otras aves como las gallinas, si bien el dodo no era tan apreciado por su carne como por sus plumas y huevos, por lo que estaban muy cotizados en el continente europeo.
El hecho de situar sus nidos en el suelo no solo hacía que sus huevos o polluelos fueran fácilmente alcanzables para los humanos que buscaban comercializar con ellos, sino también para depredadores que estos introdujeron, como perros, gatos, cerdos o ratas que llegaban en los mismos barcos en los que los dodos o partes de sus cuerpos eran trasladados a Europa por dinero.
Bastó poco más de un siglo desde la primera exploración de los europeos en las Islas Mauricio para la extinción de una de sus especies autóctonas. El dodo se vio gravemente amenazado por varios factores que se entrelazaron en el mismo momento: la caza, la invasión y destrucción de su hábitat, las enfermedades transmitidas por aves introducidas como las gallinas, los depredadores (incluido el ser humano), la tala de árboles y la agricultura, unidos a su situación de vulnerabilidad y su lenta reproducción.
A pesar de que el dodo se ha convertido en un ejemplo clásico y una advertencia de cómo la acción humana puede llevar a la extinción a otras especies en un corto período de tiempo, esta no es la única especie de las Islas Mauricio víctima de los colonos. También lo fue uno de sus parientes cercanos, el extinto solitario de la Isla Rodrigues; o las tortugas que comenzaron a cazarse en el siglo XVIII.
Del dodo nos quedan los relatos, las representaciones pictóricas y algunos restos. No está clara la veracidad de supuestos avistamientos posteriores a su extinción oficial. El Museo de Historia Natural de Oxford conserva el cuerpo de su famoso Dodo de Oxford, que durante mucho tiempo se pensó que había sido utilizado hasta su muerte para su exhibición en Londres, pero un análisis reciente de su cráneo ha descubierto que murió tras ser disparado en la parte posterior de su cabeza con una escopeta de balines de plomo. Este dodo es el único que se conserva con ADN extraíble.
El dodo está en la lista de esas empresas que buscan traer de vuelta a especies extintas e invierten millones en ello sin destinar ni un recurso a la conservación de las especies que hoy sí están en peligro por causas muy similares a las que enfrentó el dodo.
FUENTES CONSULTADAS Y ARTÍCULOS RELACIONADOS
Carvajal, G. (2024). El dodo no era lento ni gordo, era una paloma terrestre gigante, fuerte y veloz. La Brújula Verde.
Forssman, A. (2018). El famoso Dodo de Oxford murió de un disparo en la parte posterior de la cabeza. National Geographic.
Juste, I. (2024). Por qué se extinguió el pájaro dodo. Ecología Verde.


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