La visión de los animales a lo largo de la historia ha estado envuelta, casi siempre, en un aura especista por la que se han considerado seres inferiores. Han sido utilizados como esclavos en las labores del campo, como sujetos de ensayo en experimentos médicos, como guardas, como pastores…, pero los seres humanos también se han servido de ellos como símbolos y como transmisores de enseñanzas. Y si hubo un momento histórico en el que se cargó a los animales de simbología fue la Edad Media con sus bestiarios.
Los bestiarios eran una especie de enciclopedias que describían animales, acompañados de ilustraciones muy visuales que exponían las características que se asumían de ellos. Pero más que tratados de zoología, los bestiarios tenían una finalidad moralizante a partir de la representación de la naturaleza desde un prima religioso. No eran textos científicos, aunque se consideraran educativos y fueran parte de los sermones religiosos, y ni sus palabras ni sus ilustraciones solían ajustarse a la realidad. Más bien transmitían la moral cristiana a partir de la descripción de las características de los animales. De hecho, muchos de los que representaban eran seres fantásticos o mitológicos, y los animales reales eran descritos con atributos que no les pertenecían, a veces mágicos. También mostraban plantas, piedras u otros elementos de la naturaleza.
Pero pongámonos en contexto. Nos encontramos en una Europa medieval dominada por el cristianismo y una Iglesia Católica que influía en todos los aspectos de la sociedad y dictaba las normas morales que debían seguirse. La cultura y las artes giraban en torno a los principios cristianos, y cualquier progreso científico o descubrimiento podía considerarse una herejía. En este sentido, el mundo islámico avanzó mucho más en el estudio de los animales no humanos, mientras el cristianismo se quedó en la teoría aristotélica para reinterpretarla.
Precisamente, los textos de Aristóteles (384 a.C.-322 a.C.) inspiraron los bestiarios, junto a la mitología grecorromana, las fábulas de Esopo (ca. 600 a.C.-564 a.C.) y Fedro (ca. 14 a.C.-50 d.C.), la Historia Natural de Plinio (23-79) o las descripciones de Ctesias (ca. 450 a.C.-397 a.C.) y Megastenes (ca. 350 a.C.-290 a.C.). Los bestiarios también se nutren de leyendas de otros pueblos paganos, aunque las llevan al terreno cristiano; y de descripciones de viajeros o de personas que volvían de las Cruzadas.
En la literatura hispana, encontramos un precedente en las Etimologías de Isidoro de Sevilla (560-636), que recogen, en su «Libro XII: De Animalibus» amplias descripciones de animales reales y fantásticos, basadas en referencias a la Historia Natural de Plinio, o a los textos de Servio (ca. 363-420), Cicerón (106 a.C.-43 a.C.) o San Agustín (354-430).

Los bestiarios proliferaron entre los siglos XII y XIII en Francia e Inglaterra. Algunos de los más destacados fueron:
- Physiologus (siglos II-IV)
- El Bestiario de Philippe de Thaün (1121)
- El Bestiario de Aberdeen (ca. 1200)
- El Bestiario de Ashmole o Bestiario de Oxford (1201-1225)
- El Bestiario de Guillaume le Clerc (1210)
- El Bestiario de Gervaise
- El Bestiario de Pierre de Beauvais (ca. 1218)
- Speculum Naturale, de Vincent de Beauvais
Muchos de estos bestiarios ilustraban la vida de Jesucristo a través de analogías con los animales, a la par que orientaban moralmente a las personas, tal como hacían el arte y otros textos de la época. Pero también existen diferencias entre ellos. Hay animales que son comunes a la mayoría de los bestiarios, mientras que otros solo aparecen en algunos o se agregan o eliminan en las distintas versiones. También cambian las descripciones, e incluso la simbología positiva o negativa de los animales.
Uno de los más destacados es el Physiologus, escrito entre los siglos II y IV y atribuido a algún autor griego anónimo en Alejandría. Está considerado uno de los primeros bestiarios y fue ampliamente difundido a partir del siglo XII por autores cristianos. Physiologus ofrece descripciones sobre las características de los animales que aparecen en la Biblia, las cuales interpreta con intenciones didácticas. Estos animales, entendidos como parte de la creación de Dios, se toman como modelos para llevar una vida correcta. El texto sufrió variaciones con el tiempo: se añadieron capítulos, animales nuevos, otros desaparecieron…, pero fue clave el que sería el diseño de los bestiarios cuando estos se popularizaron, a partir del siglo XII.
También destaca el Bestiario de la Universidad de Aberdeen, escrito en Inglaterra aproximadamente en el año 1200, que recopila imágenes y descripciones de muy diversos animales, seres mitológicos, plantas o piedras.
En estos libros encontramos desde descripciones e ilustraciones de leones, elefantes o águilas hasta dragones, unicornios, basiliscos, sátiros o sirenas, y en definitiva, numerosas criaturas fantásticas y sobrenaturales, algunas con aspecto terrorífico. Muchas procedían del paganismo, que convivía con el ideario cristiano, e incluso se creía en las propiedades o cualidades mágicas que se les atribuían.

Unicornios, dragones y otras criaturas
Un buen ejemplo de ello es el unicornio, del que se conservan supuestos cuernos que eran comercializados a precio de oro como un elixir de longevidad, por unas propiedades curativas o como antídoto contra venenos. Se trataba, en realidad, de colmillos de morsa o narval que se vendían a Europa desde los pueblos escandinavos, aprovechando que se trataba de animales muy poco conocidos para los europeos cuyos cuernos podían hacerse pasar por los de un unicornio.
La simbología de los unicornios era casi siempre positiva. No así la de los dragones, criaturas veneradas en el Lejano Oriente, pero malignas para Europa y el Medio Oriente.
Los dragones han sido representados desde hace al menos 4000 años y han aparecido en muy diversas leyendas, desde la diosa Tiamat en la mitología babilónica hasta el relato cristiano de San Jorge, que representa el triunfo de la fe sobre el mal. Se cree que su figura se ideó en la Antigüedad, basada en los cocodrilos, que estaban más ampliamente distribuidos que en la actualidad. Otra explicación menos veraz es que se habría basado en los dinosaurios, pero el primer fósil de estos no se catalogó hasta 1824.

Se cree que la figura del dragón fue transmitida por los persas a los griegos y fenicios, quienes lo habrían introducido en el imaginario europeo. El cristianismo lo asoció a la encarnación del Diablo, al caos y al sufrimiento, aunque fuera de los bestiarios el dragón también simbolizaba el poder y aparece en la heráldica medieval.
El dragón se representaba como el animal más grande del planeta, un depredador capaz de matar por estrangulamiento o por un golpe con su cola. De las descripciones de algunos bestiarios se desprende que procedía del aire, pero vivía bajo tierra y le aterrorizaban el agua. Su principal enemigo era el elefante, que daba a luz en el agua para proteger a sus crías de los dragones.
Otro animal fantástico que aparece en los bestiarios era la mantícora, con cuerpo de león rojo y cabeza humana, a veces con alas de murciélago y cabeza de escorpión. Rápida y cruel, representa la muerte. El elefante era inmune a su veneno.
El ave fénix también aparece reflejada en los bestiarios, asociado a las regiones árabes y el exotismo de Oriente. Con el tamaño de un águila, cresta dorada y majestuosas plumas, reflejaba la inmortalidad, ya que según la leyenda, cuando envejecía a los 500 años, usaba el sol para quemarse y al noveno día resurgía de sus cenizas.

También resulta llamativo el mirmecoleón, con forma de león (su padre) por delante y cuerpo de hormiga (su madre) por detrás. Sin embargo, esta estructura lo llevaba a la muerte, ya que no podía alimentarse de carne, como su padre; ni de hierba, considerado alimento para las hormigas, aunque hoy sabemos que estas no solo se alimentan de plantas.
Animales reales con tintes fantásticos
Por su parte, el león representa la fuerza, la justicia, la ferocidad, la astucia y la valentía. Solo temían a los gallos blancos. Podían revivir a sus crías muertas y dormían con los ojos abiertos, sin bajar la guardia, una alegoría de un Jesucristo vigilante. Casi siempre se representa con simbología positiva, como el rey, con poder sobre el resto de las criaturas, aunque en algunas ilustraciones tiene un aspecto monstruoso.
También es ampliamente representado el cocodrilo, animal feroz, duro, cruel y depredador de hombres que en ocasiones reflejaba la hipocresía. De esta simbología surgió el dicho «lágrimas de cocodrilo», que nació de la creencia de que los cocodrilos derramaban lágrimas sobre sus presas una vez que las habían matado para comérselas. A veces se confunden con dragones y en las ilustraciones no siempre se asemejan a cocodrilos reales, pues eran desconocidos en Europa, más allá de las explicaciones de los viajeros. Así, pueden aparecer con cuerpo de serpiente o pezuñas de cerdo.

Otro animal típico en los bestiarios es el zorro, ilustrado en color rojo o azulado, con una cola espesa y habitualmente con un pájaro en la boca, puesto que simbolizaban el engaño: el zorro hambriento se hacía el dormido para que cuando un ave se posara sobre él pudiera comérsela. Se describe como un ser rápido y astuto, también asociado al Diablo y al pecado, una simbología que proliferó en la segunda mitad de la Edad Media, en gran medida por historias como la de Renart, el zorro. Otras veces se representa de forma satírica, con atuendo de caballero a modo de crítica a la sociedad cortesana, o como un clérigo que refleja la corrupción eclesiástica.
Asimismo, fue muy popular la comadreja, a la que se atribuía la capacidad de concebir sin necesidad de un macho, en alegoría a la Virgen María, y lo hacía a través de su oreja para dar a luz por la boca. También se asume de ella la capacidad de revivir a sus crías muertas y es símbolo de la predicación, de ahí que dé a luz con su boca. Otras descripciones la reflejan de forma negativa y contraria a esta visión, como adúltera.
De los buitres se desprende algo similar: son capaces de procrear sin un macho y simbolizan la castidad. No suelen representarse de forma negativa, pese a ser carroñeros. También se les atribuyen poderes de adivinación: si seguían a un ejército, predecían que muchos de sus miembros morirían. Otra característica de los buitres era su longevidad. Se decía que su sangre podía curar la lepra.
Sin salir del mundo de las aves, la tórtola se representaba como ejemplo para las mujeres viudas, pues nunca volvían a emparejarse y añoraban a su primer amor el resto de su vida.
Los bestiarios también representan primates como imitadores de los hombres, una característica no siempre positiva, pues si imitaban a un hombre que les había puesto una trampa, podían morir. Esto se utilizaba como advertencia para el ser humano si se dejaba conducir por el Diablo.
Por su parte, los elefantes representaban a Adán y Eva: cuando se van a aparear, se acercan a un árbol para comer. Primero lo hace el macho y después la hembra, que inmediatamente concibe en su vientre. Otras veces representan el sacrificio de Jesús, puesto que cuando caen no se pueden levantar.
Estos son solo algunos de los animales que aparecen en los bestiarios medievales, entre muchos otros como terroríficos osos o roedores que simbolizaban el pecado y la corrupción, símbolos también visibles en esculturas y pinturas en iglesias y museos de toda Europa.
Con el Renacimiento, los bestiarios fueron perdiendo relevancia, para dar paso a enciclopedias con otro tipo de información sobre animales, que en algunos casos también se acompañó de explicaciones moralizantes, pero que poco a poco fueron perdiendo el prisma religioso.
Los bestiarios, sin embargo, inspiraron a literatos y artistas de distintas épocas, desde Leonardo Da Vinci hasta Julio Cortázar (Bestiario, 1951) o Jorge Luis Borges y Margarita Guerrero (Manual de Zoología Fantástica, 1957). De igual manera, el imaginario de los bestiarios contribuyó a la difusión de mitos y leyendas que han trascendido al mundo audiovisual, desde el león de Narnia hasta el basilisco de Harry Potter.
Flaco favor han hecho estas leyendas a algunos animales sobre los que nuestra sociedad sigue teniendo una visión negativa que ha conllevado nefastas consecuencias para ellos, como matanzas indiscriminadas de las que siguen siendo víctimas en nuestros días. Es el caso del lobo, el zorro o los ratones, sin olvidar que buena parte de estos relatos medievales estaban cargados de machismo, como el de la tórtola o la comadreja.

FUENTES CONSULTADAS Y ARTÍCULOS RELACIONADOS
BBC (2017). 9 de las bestias más fantásticas que aparecían en los libros de ciencia natural del Medioevo.
G. M. A. (2021). El bestiario medieval, un mundo de criaturas mágicas y terroríficas. Historia. National Geographic.
Luna, K. X. (2002). Proceso de formación del bestiario medieval. Medievalia, 34, 9-20.
Morgado, A. (2011). La visión del mundo animal en la España del siglo XVII: El Bestiario de Covarrubias. Cuadernos de Historia Moderna, 36, 67-88.
The Medieval Bestiary. Animals in the Middle Age.
Tornero, A. (2007). De bestias y bestiarios. Inventio, 3(5), 83-87.
Universidad Complutense de Madrid (s.f.). Los Bestiarios y Lapidarios.


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