¿Y si Alemania se volviera vegana?

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National Geographic analiza la transformación del país en un hipotético futuro vegano

¿Qué pasaría si toda Alemania se volviera vegana? PETA augura un futuro brillante, más verde y más amable, en un libro blanco escrito por Lisa Kainz y Martin Müller, del que se ha hecho eco la edición nacional de National Geographic en su portada.

El artículo explora la transformación radical por la que pasaría el país si se eliminara la ganadería, en un intento de responder a la pegunta: «¿Cómo cambiaría nuestra dieta, nuestro clima y nuestro paisaje, y cuánto costaría llevar a cabo este cambio radical?», con varios puntos clave.

  1. El fin de las granjas. El 89% de la carne vendida en Alemania procede de explotaciones ganadeas intensivas, donde los animales sufren confinados en jaulas o pequeños recintos, rodeados de sus propios excrementos. El resto de las granjas, con etiquetas engañosas como «campera» o «sin jaulas» no son mucho mejores, ya que los animales son igualmente maltratados, con acciones como el corte del pico a las gallinas o el descorne de las vacas, sin anestesia. Una Alemania vegana evitaría el sufrimiento de cientos de millones de seres sintientes.
  2. Una victoria en la lucha contra la crisis climática. La ganadería supone en Alemania un 68% de las emisiones de gases de efecto invernadero del sistema alimentario. También se asocia a la pérdida de biodiversidad, la contaminación del agua y de los suelos.
  3. Más espacio para cultivos de consumo humano, para la naturaleza y la biodiversidad. Más del 60% de las tierras de cultivo en Alemania se destinan a la producción de piensos para animales en granjas, si bien el país también importa grandes cantidades de soja de Latinoamérica y Estados Unidos. Si toda esta tierra fuera liberada, no solo podrían producirse alimentos directamente para las personas, sino que también podrían reconvertirse monocultivos en bosques y espacios naturales que absorbieran carbono y recuperaran la vida salvaje. También disminuirá drásticamente el consumo de agua.
  4. Alimentos más sanos. Con una mayor producción de alimentos saludables, se mejoraría la salud pública y la producción de alimentos sería más eficiente y segura.
  5. Nuevas oportunidades económicas. La eliminación de la ganadería podría ahorrar miles de millones de euros y crear nuevas oportunidades económicas. Aunque la carne pueda parecer barata, los contribuyentes pagan la restauración o limpieza de terrenos contaminados, los costes en salud y las subvenciones que reciben las granjas.

En este sentido, PETA explica que «el consumidor paga tres veces: primero en la caja del supermercado, luego con el dinero de los contribuyentes por las elevadas subvenciones agrícolas de la ganadería, y en tercer lugar, cuando, por ejemplo, las centrales de abastecimiento gastan dinero en eliminar los nitratos del agua potable».

La organización propone un aumento del IVA de los productos de origen animal del 7% al 19%, en la transición hacia un futuro sin ganadería, una medida que ya han tomado países como Dinamarca pero en la que no coincide otro sector del veganismo por considerarla clasista o no abolicionista. Asimismo, proponen una reducción del IVA de los vegetales frescos o integrales al 0%, y al 7% para las alternativas vegetales.

Otra de las propuestas consiste en reasignar las subvenciones europeas de la PAC, que actualmente se dirigen en su mayoría al sistema ganadero intensivo. National Geographic menciona que «cada año podrían destinarse 2900 millones de euros específicamente a programa de reconversión de la ganadería», pero PETA aclara que estos fondos no deberían dirigirse a medidas bienestaristas como la cría sin jaulas o en extensivo, puesto que seguirían subvencionando la ganadería. «En su lugar, deberían priorizarse las alternativas sostenibles«, entre las que entran los sucedáneos plant-based, el propio cultivo de vegetales para consumo humano o técnicas novedosas como la agricultura celular o biocíclica.

La ganadería en Alemania

La intensificación de la ganadería en Alemania comenzó antes de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), a la par que surgía una incipiente preocupación por la transformación del paisaje y el uso de productos químicos en los cultivos que llevó a algunas personas a tomar el camino del vegetarianismo.

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A día de hoy, el país cría 10’5 millones de bovinos, 21’3 millones de cerdos, 1’5 millones de ovejas y 167 millones de aves. Paradójicamente, Alemania y su capital, Berlín, suelen estar en lo más alto de las listas de lugares vegan-friendly, si bien los estudios al respecto de la percepción de la población sobre el veganismo aluden al medio ambiente como principal preocupación para dejar de comer animales, y no tanto a la ética.

De esta forma, ha aumentado también el interés por la agricultura ecológica, y el propio Gobierno se plantea el objetivo de convertir el 30% de sus cultivos en ecológicos, si bien estos todavía no alcanzan el 12%. No queda claro si ese 30% de cultivos ecológicos irá destinado en su totalidad al consumo humano o también a las granjas, lo que podría encarecer los productos de origen animal y no supondría solución alguna al impacto de la ganadería, tanto en los animales como en el ambiente.

De hecho, aunque la agricultura ecológica reduce en un 60% las emisiones por kilogramo de grano, la producción ecológica de carne o lácteos provoca incluso más emisiones, según National Geographic.

Comer es un acto político

Actualmente, solo el 23% de las tierras cultivadas en Alemania se destinan a consumo humano, y la propia Agencia Federal de Medio Ambiente reconoce que «la ganadería intensiva y el elevado consumo de alimentos de origen animal están asociados a efectos negativos sobre el medio ambiente y el clima».

Desde la esfera política, PETA sostiene que se pueden impulsar cambios importantes para una transformación hacia un sistema alimentario sostenible y vegano, en la que pueden tener cabida el endurecimiento de la normativa sobre la cría de animales en granjas, o la adaptación de los programas de formación en ciencias agrarias o similares y a los propios agricultores y ganaderos.

Otra medida interesante que plantea la organización es la prohibición de la publicidad engañosa o de ciertos eufemismos e imágenes que no se corresponden con la realidad en los envases de los productos de origen animal. Por el contrario, proponen cambiarlos por imágenes reales sobre el sacrificio y las condiciones de cría de los animales, de forma similar a los paquetes de tabaco.

Por un futuro

PETA alude a este futuro ahora utópico como un escenario de mayor autosuficiencia alimentaria, con una reestructuración total de la agricultura y el mercado, proyectos de renaturalización para paliar los daños causados por décadas de ganadería; e incluso bóvidos u ovinos como parte de la ecuación, pero sin explotarlos. Los bóvidos podrían «contribuir a la conservación de un paisaje atractivo y diverso, como las cabras, las ovejas y los caballos», indican.

«Si se puede conseguir una Alemania vegana, imagínense lo que ocurriría cuando el mundo siga el ejemplo», concluye PETA.

Según National Geographic, el 73% de los alemanes está de acuerdo en que comer menos carne puede tener un impacto positivo sobre el clima, pero el tema sigue siendo un tabú en política: «La idea de que comer carne es una cuestión puramente personal está demasiado arraigada».

One response to “¿Y si Alemania se volviera vegana?”

  1. […] con un 73%, después de Polonia (74%). Le siguen Italia y España, ambas con un 69%, mientras que Alemania tiene el porcentaje más bajo […]

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