Claves para unas ciudades respetuosas con los animales

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La expansión urbana ha tenido lugar a costa de los espacios naturales, y con ello, a costa de los animales y las plantas que los habitaban. Esta ha sido, de hecho, una de las causas de la pérdida de biodiversidad, a la que se suman otras como la ganadería en el mundo rural, el espacio que se supone que permanecía «natural» para la fauna salvaje, pero en el que esta también se considera «molesta» para ciertas actividades humanas. Pero en un contexto de crisis climática estos discursos deben superarse. Debemos apostar por unas ciudades respetuosas con los otros animales.

Con todos los animales que habitan en las ciudades porque se han adaptado a estas, no sin dificultades. Cuando decimos «todos los animales», lo hacemos porque no dejamos atrás a esos que a menudo se califican como «plagas» o «invasores«.

En nuestras ciudades habitan diversas especies de aves, como palomas, mirlos, urracas, cotorras, gorriones, vencejos, golondrinas, aviones, patos…; mamíferos como ratas, ratones, erizos, murciélagos o gatos comunitarios; reptiles como culebras, lagartos y lagartijas; anfibios como sapos, ranas o salamanquesas; e insectos como hormigas, abejas, avispas, mariposas o arañas.

Las aves nos molestan porque defecan o porque por alguna razón, nos incomoda ver concentraciones de algunas de ellas, como palomas en las plazas y urracas o cotorras entre los árboles. Los roedores, los anfibios y los reptiles nos producen «asco», mientras que en los insectos esta sensación se suma al miedo injustificado que sienten algunas personas cuando una araña o una avispa se cuela dentro de su casa.

Convivencia

Tal vez la humanidad se ha olvidado, gracias a su llamada «evolución» de lo que significa convivir con otros animales. Pero en un contexto de crisis climática no podemos permitirnos que el asco, el miedo o las creencias infundadas nos superen. Y por supuesto, necesitamos reeducarnos en el trato que damos a los otros animales.

No podemos seguir destruyendo nidos y zonas verdes mientras construimos edificios que son todo lo contrario a lo que podríamos definir como animal-friendly.

El desarrollo urbano, el diseño, la planificación, la arquitectura, los materiales (con su respectiva huella ecológica) y la ordenación territorial deben integrar la convivencia con los otros animales. Por supuesto, deben acompañar las políticas, las leyes y los profesionales de estos sectores en este camino de repensar las ciudades.

Claves: más zonas verdes y nidos, mentos «control de plagas»

Las zonas verdes deben pasar de ser cuadrados perfectos con césped en su interior a ser espacios aptos para ser habitados por diversas especies. Renaturalizar los entornos urbanos, desde el centro a las afueras, es una de las claves para favorecer la conectividad ecológica, facilitar la existencia a los polinizadores, a las aves y al resto de los animales con los que convivimos. Y de paso, luchamos contra la crisis climática y favorecemos la salud pública y la calidad de vida, lejos del concepto de suciedad que algunas personas vinculan a los insectos, los roedores, las palomas, los gatos o las cotorras.

Las ciudades en sí mismas, en las que no olvidemos que habita la mayoría de la población mundial, también deben dejar de simbolizar el consumo masivo y la contaminación.

También deben quedar atrás los nefastos programas de control de plagas y ha de favorecerse la convivencia respetuosa con las colonias felinas, en las que en cumplimiento de la ley, debe aplicarse el método CER.

La vigilancia de la destrucción de nidos es otra de las claves. No solo son los particulares quienes tiran nidos al suelo, sino también las empresas que rehabilitan edificios, con el consentimiento de las autoridades competentes. Los huecos, cavidades y rendijas en edificios no son un problema: son necesarios para la nidificación de las aves, y esto es algo que también debe tenerse en cuenta en la planificación de nuevos edificios, y si además incluimos cajas nido, mucho mejor.

También ayuda a los animales, en muchas circunstancias, ponerles agua y alimento (de calidad y adecuado a cada especie, no gusanitos para las palomas y sobras de pescado para los gatos).

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