Los centros escolares deberán ofrecer opciones proteicas nutritivas y sostenibles, como las legumbres
El Ministerio de Sanidad de Polonia se ha comprometido a ofrecer comidas vegetales alternativas a la carne y los lácteos en colegios, guarderías y hospitales. Los cambios propuestos señalan que estos centros deberán ofrecer proteínas alternativas, preferentemente opciones nutritivas y sostenibles como las legumbres, siempre que haya carne o pescado en el menú. También tendrán que distribuir alternativas vegetales a los lácteos.
Otra novedad propuesta es la introducción de un modelo de dieta semanal para todos los estudiantes. Esta incluirá al menos una cena a base de plantas por semana y un máximo de dos cenas con carne.
El Ministerio de Sanidad ha hecho estas propuestas tras una consulta pública. En ella han colaborado organizaciones como Green REV Institute, creadora del programa Plant Based School en 2021, con el objetivo de promover una alimentación infantil inclusiva. La entidad ha acogido las modificaciones con satisfacción, pero aclara que seguirá «trabajando para que las opciones a base de plantas sean la norma».
«Todos los niños y jóvenes polacos tienen derecho a una alimentación acorde con su visión del mundo y beneficiosa para la salud y el medio ambiente«, ha declarado Anna Spurek, presidenta del Green REV Institute.
Avances también en Estados Unidos
En Estados Unidos, el Senado ha votado por unanimidad a favor de que los escolares tengan acceso a leches vegetales, en una actualización del Programa Nacional de Almuerzos Escolares, que organiza el suministro de leche en los colegios. Anteriormente a la modificación, esta no incluía las alternativas vegetales. La medida ha sido también aprobada en la Cámara de Representantes.
Este programa llega a 30 millones de niños, niñas y adolescentes al año. Hasta ahora, solo garantizaba una alternativa a los lácteos si existía un certificado médico y no permitía a los centros escolares ofrecer otras opciones de manera generalizada. Todo ello a pesar de que unos 50 millones de estadounidenses son intolerantes a la lactosa, y en 2019, el Departamento de Agricultura alertó de que casi el 30% de los envases de leche se tiran sin abrir en las escuelas. Con los últimos cambios, las escuelas podrán facilitar el acceso a leches vegetales nutricionalmente equivalentes a la de origen animal sin necesidad de una petición médica.
La medida llega tras tres años y medio de lucha para eliminar el protagonismo absoluto de la leche de vaca en las escuelas públicas, vigente desde hace 80 años en favor del lobby lácteo.
«Los estudiantes merecen opciones en la escuela que reflejen la forma en que comen las familias hoy en día«, ha declarado Sanah Baig, directora ejecutiva de Plant Based Foods Institute.
Lejos de perjudicar la economía estadounidense, «al permitir que las escuelas ofrezcan leches vegetales nutricionalmente equivalentes junto con la leche de vaca, se están abriendo nuevos mercados para los agricultores estadounidenses que cultivan soja, frutos secos, guisantes, avena y otros cultivos nutritivos utilizados para elaborar estos productos», agrega.
Otra de las personas que ha reaccionado a la aprobación del cambio ha sido la exatleta olímpica y fundadora de la organización Switch4Good, Dotsie Baush, que la ha calificado de «gran victoria para nuestros hijos, nuestro planeta y el futuro de la nutrición escolar».
Reducir a la mitad el impacto ambiental
La evidencia científica insta a impulsar cambios de este tipo en las escuelas. Un estudio realizado en Cataluña ha revelado que servir comidas cien por cien vegetales en los comedores escolares catalanes reduciría su impacto ambiental hasta un 50%, sin afectar a las necesidades nutricionales de los niños y niñas. El estudio que promueve una actualización de las directrices sobre comidas escolares en Cataluña para incluir más ingredientes de origen vegetal y menos platos elaborados con carne.
Los investigadores realizaron un seguimiento del rendimiento de cuatro versiones de menús oficiales entre 2005 y 2020 para niños y niñas de entre siete y doce años, teniendo en cuenta 16 indicadores medioambientales. Entre ellos se incluyeron las emisiones de gases de efecto invernadero, la escasez de agua, la toxicidad para los seres humanos y el uso de recursos fósiles.
Los datos mostraron que las actualizaciones de los menús realizadas en 2012, 2017 y 2020 dieron lugar a reducciones del impacto ambiental del 9% al 22% y 40%, respectivamente, en comparación con la referencia original de 2005.
El impacto medioambiental más grave estaba relacionado con los segundos platos que contenían ingredientes de origen animal, y este se redujo cuando se sustituyeron por legumbres y más cereales.
Aunque la investigación se centró en Cataluña, los científicos creen que sus conclusiones podrían ayudar a configurar las políticas alimentarias en el resto de España. Sus conclusiones proporcionan un respaldo sólido para la sustitución de los alimentos de origen animal en los menús escolares por alternativas vegetales nutritivas.
La justicia, a veces en contra del avance
Otros centros en los que ha surgido este debate son las prisiones. En Alemania, un tribunal de Múnich ha dictaminado que las cárceles no están obligadas a proporcionar legalmente comidas veganas a los reclusos, incluso cuando estos se oponen a comer animales por motivos éticos. Lo ha hecho tras desestimar una demanda de un preso que alegaba que se habían violado sus derechos fundamentales al ofrecerle únicamente opciones vegetarianas y sin lactosa o comprar sus propios alimentos.
El tribunal alega que no siempre se pueden satisfacer los deseos individuales de los presos, dada la diversidad de creencias e ideologías presentes en Alemania. Al mismo tiempo, el juez reconoce que todas las personas en cárceles deberían tener la opción de alimentarse de acuerdo con su visión personal del mundo, pero no reconoce su derecho a recibir opciones acordes a esta en las prisiones.
El dictamen también señala que no existen razones médicas o religiosas que justifiquen el rechazo a las comidas vegetarianas y sin lactosa que ya se ofrecían en el centro.
La persona demandante argumentaba que era vegana por consideraciones éticas, entre ellas la preocupación por los animales y la sostenibilidad, pero no se respetaban sus derechos fundamentales.
En 2020, Reino Unido marcó un precedente al reconocer el veganismo como creencia filosófica protegida, tras un litio que se remontaba a 1993, iniciado precisamente por un preso vegano.


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