La Unión Europea a los pies del lobby cárnico

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Poco le importa a la Unión Europea que millones de animales vivan confinados en diminutas jaulas dentro de granjas industriales. Por eso lleva cinco años retrasando su respuesta a la Iniciativa Ciudadana Europea (ICE) ‘End the Cage Age‘, respaldada por más de 1’4 millones de personas. Parece que tampoco le importan demasiado los animales despellejados por la industria peletera. De ahí que se reúna en secreto con sus representantes durante la evaluación de otra ICE, ‘Fur Free Europe‘, que aspira a una Europa libre de pieles y de granjas peleteras, mientras ignora las peticiones de reunión de las entidades animalistas.

Y sí. Al parecer, la Unión Europea también se olvida de la democracia y de la participación ciudadana cuando le conviene. De igual manera, ignora al propio Tribunal de Justicia de la Unión Europea, que ha dictaminado que las alternativas vegetales a la carne no confunden a los consumidores. En otras palabras, que quien compra una hamburguesa vegana con una «V» verde en su envase lo hace a sabiendas de que no contiene carne.

A la Unión Europea le dan igual las sentencias judiciales. Lo que más le importa es defender los intereses de los lobbies, y el cárnico es uno de los más poderosos. Este sector lleva años reclamando que las alternativas vegetales dejen de incluir nombres tradicionalmente cárnicos en sus envases. Señalan que el jamón vegano no es jamón. Pero se olvidan de definir lo que es realmente el jamón: una pierna trasera de un cerdo bañada en sal después haber matado al animal. El jamón, como el filete, el chuletón o la salchicha, no es más que un eufemismo.

Por eso y por muchos otros motivos, la censura a las alternativas vegetales es absurda y cumple la única finalidad de rendir pleitesía a la industria cárnica. Resulta absolutamente vergonzoso que mientras millones de animales sufren en granjas las instituciones europeas ignoren una y otra vez a quienes buscan acabar con su explotación, incluida buena parte de la ciudadanía, y se centren en debates inventados como el de las denominaciones de los alimentos.

La carne cultivada es carne

Pero este debate avanza mucho más rápido que el de las jaulas o el de las pieles. La Unión Europea está a pocos pasos de prohibir definitivamente una treintena de palabras en los envases de las alternativas vegetales, y también en la carne cultivada, aunque esta ni siquiera se comercializa en el momento actual.

Lo más paradójico es que la carne cultivada es, literalmente, carne. La diferencia: no se produce dentro del cuerpo de un animal explotado en una granja, sino en un laboratorio. Pero su desarrollo es exactamente el mismo, a través de células que forman tejidos musculares. También son idénticas las características del producto, tanto a nivel nutricional como de sabor y textura. Por supuesto, todo ello con un importante ahorro de recursos y reducción del impacto ambiental y del sufrimiento animal. ¿Alguien le recordará a los eurodiputados que apoyan la censura esta cuestión cuando se enorgullezcan de liderar la transición ecológica?

Tal vez la industria cárnica vea la agricultura celular como una amenaza mucho mayor que las alternativas vegetales, y por ello se está preparando para un futuro en el que puede llegar al mercado. Mientras tanto, grandes multinacionales cárnicas están invirtiendo en carne de laboratorio (y también en proteína vegetal, aunque no lo digan muy alto).

Palabras

Acaba de publicarse la lista de palabras que la Unión Europea pretende censurar. Cierto es que la mayoría de ellas no se utilizan en productos alternativos o todavía no se han desarrollado alternativas vegetales con esas denominaciones. Ejemplos de ello son términos como ovino, vacuno, cerdo, cordero, cabra o chuletón, lo que refuerza aún más la idea de lo absurdo de invertir tiempo en este debate. Pero la lista podría ampliarse en el futuro.

Otras palabras que pretenden prohibirse mucho más frecuentes, sobre todo en algunos mercados como el alemán, son beicon, pollo o pavo. No se incluyen, eso sí, las denominaciones de las alternativas vegetales más habituales, como hamburguesas, salchichas o nuggets.

Sea como sea, la medida trunca todo esfuerzo por la innovación, la seguridad y la transición alimentaria en la Unión Europea, en un contexto de emergencia climática en el que urge dejar atrás la explotación animal. También se lo pone mucho más difícil a todos esos emprendimientos que buscan un mundo más justo. Pero ya ha quedado demostrado que la Unión Europea escucha solo a los grandes lobbies. No a los emprendedores ni a las empresas pequeñas a las que les afectará enormemente la norma, en caso de aprobarse.

¿Y ahora qué?

La censura a las alternativas vegetales todavía no es definitiva, pero si en las siguientes votaciones resulta aprobada, podrían darse varios escenarios:

  • Aumento de casos en los tribunales, sujetos a distintas interpretaciones.
  • Confusión por la traducción de los términos prohibidos a los idiomas de los países miembros.
  • Impacto en otros sectores que fabrican productos con sabores cárnicos, pero sin ingredientes de origen animal, como patatas de jamón, sopas con sabor a pollo o salsas.

De igual forma, genera dudas cómo afectará el reglamento a los productos que mezclan ingredientes animales y vegetales, como esas hamburguesas de color verde que muestran la palabra «espinacas» claramente visible en sus envases, pero que realmente son de ternera. En algunos países, cada vez gana más terreno la mezcla de proteína animal y vegetal, fruto de la iniciativa de la propia industria cárnica, y a través de productos que sí pueden generar confusión en los consumidores.

De lo que no cabe duda es de que el veganismo va a seguir llamando a las cosas por su nombre: un filete vegano es un filete, y la explotación animal es explotación, se censure lo que se censure.

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