«Principio de la emancipación de los animales de la explotación por parte del ser humano».
«La doctrina de que los humanos debemos vivir sin explotar a los animales».
Filosofía y modo de vida que pretende excluir —en la medida de lo posible y practicable— toda forma de explotación y crueldad hacia los animales con fines alimentarios, de vestimenta o de cualquier otro tipo; y por extensión, promueve el desarrollo y el uso de alternativas sin componentes de origen animal en beneficio de los animales, los seres humanos y el medio ambiente. En lo que respecta a la alimentación, se refiere a la práctica de prescindir de todos los productos derivados total o parcialmente de animales».
«Actitud consistente en rechazar alimentos o artículos de consumo de origen animal».
Cuatro definiciones de «veganismo«. Cuatro momentos históricos. Las dos primeras son de Leslie Cross en 1949 y 1955, durante los primeros años de la Vegan Society. La tercera se fraguó a partir de 1979, por parte de esta misma organización. La última nos la ha dado la RAE en los años recientes.
Cada persona vegana puede identificarse más con una u otra. Porque veganismo es principio, es filosofía, es doctrina, es modo de vida y es actitud. También es pensamiento, es ética, es teoría y es práctica. Y porque las definiciones no son estáticas. Cambian en función del uso, del contexto y del grado de desarrollo de los movimientos. Si no cambiaran, la mujer seguiría definiéndose como la «hembra del hombre», como podemos encontrar en escritos del siglo XVIII.
Alimentación
Cualquier persona vegana ve definida la forma como consume en la adopción de este principio, filosofía o actitud. El veganismo implica que quienes lo siguen no compren alimentos de origen animal, ni pieles, ni cosmética testada en animales, ni perros, ni ningún otro elemento procedente de la explotación o el uso de otro animales. Y de todos estos tipos de consumo, sin duda el más perceptible en nuestro día a día es la alimentación.
La persona que tenemos delante no tiene por qué saber que nos hemos maquillado con productos cruelty free y sin ingredientes de origen animal, o que el cuero de nuestra chaqueta es falso, o que el perro con el que paseamos es adoptado. Pero si nos ve comer, inevitablemente nos va a preguntar por qué nuestro plato es distinto. Y la comida, nos guste o no, es el elemento central de todo evento de socialización, desde el almuerzo entre clase y clase hasta la cena de empresa de Navidad.
No debería sorprendernos, entonces, que se hable de «dieta vegana». Y sí, este término también era común entre aquellas primeras personas veganas que definieron el veganismo como principio ético, nada sospechosas de creer que este era una dieta. Por supuesto, podemos encontrar referencias a la «dieta vegana» en prensa desde que existe este término, tanto en diarios generalistas como en medios específicos de entidades veganas, en los que abundaban también recetas denominadas «veganas».

Estaría muy bien que casi 80 años después de la primera definición oficial de «veganismo» y de aquellas primeras menciones a la «dieta vegana» empezáramos a entender que este término no es patrimonio exclusivo de los veganos perfectos que presumen de creerse moralmente superiores mientras escriben un post en una red social cualquiera contra una cuenta de recetas.
El propio Leslie Cross, a quien algunos de esos veganos perfectos aluden como máximo exponente del veganismo, definió la dieta vegana como «la que prescinde de cualquier producto que provenga de la explotación animal» (1955).
Cross sabía que el veganismo iba mucho más allá de una forma de alimentarse. Como lo sabe hoy la gran mayoría de las personas que publican recetas veganas en redes, lo saben los deportistas que señalan en entrevistas que siguen una dieta vegana y lo sabían influencers que se hoy se declaran «ex-veganos». Hoy en día, no es muy difícil encontrar información sobre lo que es el veganismo y lo que significa ser una persona vegana. Quienes realizan un uso inadecuado de este término no lo hacen precisamente por desconocimiento. Simplemente, es más sencillo y comprensible decir «vegana» que «dieta basada en plantas», «dieta vegetariana estricta» o «dieta vegetal». Es más sencillo y comprensible hablar como la mayoría. De nuevo, las definiciones se desarrollan en base al uso.
Dieta vegana en la ciencia
La ciencia también sabe esto. Y por ello la mayoría de los artículos académicos sobre salud y alimentación a base de vegetales utilizan el concepto de «dieta vegana». Artículos que, por cierto, en muchísimos casos benefician al movimiento. Es más fácil acercar a alguien al veganismo mostrándole que no va a tener carencias nutricionales que señalándole por «comer cadáveres». Para la población general, es más fácil entender cómo se alimenta una persona vegana que una persona vegetariana estricta. Y lo ideal es que lancemos el mensaje del veganismo más allá de nuestra burbuja. Aceptar esto desde dentro no implica confundir ética con dieta ni animar a otras personas a confundirlas.
Si el veganismo rechaza el uso y la explotación animal… ¿Por qué no podemos decir que una hamburguesa es vegana cuando se ha elaborado sin uso ni explotación animal? ¿O una chaqueta, o unas zapatillas? ¿O un restaurante cuando toda su oferta es ética? ¿Si aceptamos que una hamburguesa puede ser vegana, por qué no una dieta? Ningún budista se enfada cuando el medio de comunicación de turno publica un artículo titulado «Las siete claves de la dieta budista para adelgazar».
Deja de ser la policía vegana que cuestiona incluso cómo otras personas veganas se expresan y se identifican.


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