Alfonso XIII, corrupción y carreras de galgos

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Alfonso XIII (1886-1941) fue uno de tantos reyes que disfrutaban con el maltrato animal. Como buen Borbón, le gustaban las corridas de toros, la equitación, el tiro al pichón, las monterías y la caza en general. De hecho, tenía una gran colección de escopetas. Los 29 años que duró su reinado no estuvieron exentos de corrupción, y las carreras de galgos fueron el centro de uno de sus principales escándalos.

En 1929, Alfonso XIII y varios aristócratas, entre ellos el duque de Alba, crearon el Club Deportivo Galguero Español, que se presentó como una organización sin ánimo de lucro para la promoción de la raza del galgo español. El club acabó convirtiéndose en un entramado de empresas que buscaba el lucro a través de las apuestas en carreras de galgos.

El monarca y sus asociados pretendían importar el modelo de carreras de perros que se daba en Inglaterra o Estados Unidos, así como el invento de la liebre mecánica. Este era un artilugio que servía para guiar a los perros por medio de un señuelo en forma de liebre que estos perseguían.

El club de Alfonso XIII no tardó en solicitar al Estado, por aquel entonces bajo el yugo del dictador Miguel Primo de Rivera (1870-1930) la concesión exclusiva de la organización de carreras de galgos y sus consiguientes apuestas. Pero estas eran ilegales en España, por lo que Primo de Rivera se mostró reacio a aceptar la petición. Fue su sucesor, Dámaso Berenguer (1873-1953), quien acabó satisfaciendo los deseos del rey en 1930.

Con el beneplácito del Estado, la supuesta organización benéfica comenzó un lucrativo negocio vinculado a las apuestas y la venta de entradas, comida y bebidas en carreras de galgos. Lo hizo a través de la creación de dos empresas que ya no podían llevar el apellido «sin ánimo de lucro» y a las que el club cedió la explotación de las carreras de galgos y sus correspondientes apuestas mediante dos contratos en 1930 y 1931. Los socios eran los mismos.

Estas empresas fueron Liebre Mecánica y Stadium Metropolitano (los eventos tenían lugar en el recientemente construido Estadio Metropolitano, de cuya empresa promotora, Metro, Alfonso XIII también era partícipe). Meses después, el negocio vinculado a ambas entidades ya estaba presente en distintas ciudades españolas.

Alfonso XIII durante una corrida de toros (1912)
Alfonso XIII durante una corrida de toros (1912)

Exilio

La proclamación de la Segunda República en 1931 trajo consigo el exilio de Alfonso XIII. Mientras las crónicas de algunos diarios relataban las supuestas penurias de la familia real en el extranjero, el ex monarca se había llevado consigo una cuantiosa fortuna que depositaba en bancos de Suiza, Francia o Estados Unidos. Fortuna que obtuvo, entre otros asuntos, de las carreras de galgos, pero también de su participación en muy diversos sectores: transporte, turismo, farmacéutico, químico, petrolífero o bancario. Ya antes del exilio se habían denunciado los turbios negocios del rey.

El negocio de las carreras de galgos aportó a Alfonso XIII varios millones de pesetas que supuestamente, iban a ser destinados a la conservación del galgo. Estos millones sirvieron al monarca para frecuentar los más exclusivos cotos de caza de Europa, Asia o África.

Comisión

En 1931, la izquierda republicana creó una comisión para investigar las posibles irregularidades cometidas por Alfonso XIII. Se imputaron al monarca delitos de asociación ilícita, juego prohibido, malversación, estafa, prevaricación y falsedad.

En 1932, se aprobó en el Congreso la incautación de los bienes del rey, pero no de los que se había llevado al exilio, lo que le permitió vivir cómoda y lujosamente hasta el último día. Ese mismo año, el Ministerio de la Gobernación dio por caducada la concesión administrativa que años atrás habían obtenido las empresas de Alfonso XIII para la organización de carreras de galgos.

Finalmente, el Tribunal Supremo sobreseyó el caso, y la Guerra Civil y el franquismo acabaron con toda esperanza de reanudación.

Casi 100 años después…

Casi un siglo después, hay cosas que no han cambiado. La familia real española sigue disfrutando con el maltrato animal. Sus miembros se pasean por plazas de toros, monterías y cacerías de elefantes sin remordimiento. Estos eventos han sido tradicionalmente la cuna de la corrupción.

Las carreras de galgos, por su parte, siguen siendo un negocio que no busca la conservación del galgo porque sí, sino porque lo necesita para seguir lucrándose.

FUENTES CONSULTADAS Y ARTÍCULOS RELACIONADOS

Eslava, J. (2024). La avaricia en la historia de España. Booket.

Europea Media (2022). Esto Es Otra Historia: «Los galgos de Alfonso XIII y otras historias de Madrid».

La Sexta (2022). Los escándalos de Alfonso XIII: el abuelo de Juan Carlos I estuvo implicado en apuestas por carreras de galgos.

Martín, J. (2020). La liebre mecánica: de las comisiones por carreras de galgos de Alfonso XIII al AVE. El Confidencial.

Sopena, E. y Zorita, M. (2021). Alfonso XIII y Juan Carlos I: ¿De casta le viene al galgo? El Plural.

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