La organización animalista vuelve a exigir que la Iglesia rompa los lazos que mantiene con el mundo taurino
Activistas de PETA han interrumpido la ruta del papamóvil en dirección a la Catedral de Notre-Dame de París para pedir a León XIV que condene la tauromaquia. Los activistas han saltado las barreras de seguridad y han corrido hacia el pontífice para exigirle que rompa los lazos entre la Iglesia católica y el mundo taurino.
Con camisetas con mensajes como «La tauromaquia es un pecado«, los activistas, acompañados de otros simpatizantes presentes entre la multitud, han lanzado carteles con una contundente petición a León XIV: «Condene la tauromaquia». Después, han sido arrestados y puestos bajo custodia policial.
La presencia de activistas por los animales en los actos del papa ya se ha convertido en habitual como parte de la campaña de PETA para presionar a la Iglesia para que deje atrás sus vínculos con la tauromaquia.

«Es imposible conciliar el sufrimiento infligido a los toros en el ruedo con el mensaje del amor, misericordia y compasión que constituye el corazón del cristianismo«, sostiene Mimi Bekhechi, vicepresidenta sénior de PETA. La entidad pide al pontífice que «condene la afrente a los valores cristianos que la tauromaquia representa».
Francia, escenario del acto de protesta, es uno de los países donde todavía se organizan festejos taurinos, concretamente al sur del país. Muchos de ellos se celebran en honor a santos católicos.
Pontífices y animales
El papa León XIV ha respaldado recientemente el reconocimiento de un nuevo pecado «contra la creación y el creador». Esto evidencia aún más la hipocresía de los lazos entre Iglesia y tauromaquia.
Su predecesor, el papa Francisco, señaló en su encíclica Laudato Si’: «Todo acto de crueldad hacia cualquier criatura es contrario a la dignidad humana«.
Ya en el siglo XVI, el canonizado papa Pío V prohibió las corridas de toros como «espectáculos crueles y viles del demonio y no del hombre», y contrarios a «la piedad y la caridad cristianas».
El propio Catecismo de la Iglesia Católica, en su párrafo 2418, establece que los seres humanos no deben «hacer sufrir ni matar inútilmente a los animales». Pese a ello, sacerdotes católicos ofician ceremonias religiosas en plazas de toros y ejercen como capellanes de toreros en capillas instaladas dentro de estos recintos.



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