¿La ganadería tiene futuro?

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Miles de millones de animales mueren en mataderos en todo el mundo, los países occidentales sobrepasamos con creces los límites de consumo de carne recomendados y la ganadería está vinculada con la deforestación, la pérdida de especies, la contaminación y el cambio climático. Y aún así muchas personas no conciben un futuro en el que el sistema agrícola sea diferente al actual.

Afirmar que «sin el campo, la ciudad sí puede comer» en referencia a las tractoradas que tuvieron lugar en ciudades de toda Europa supuso hace algo más de un mes una oleada de comentarios insultantes en las redes sociales de La Zona Veggie, porque a ver dónde vamos a plantar los tomates que tanto nos gustan a las personas veganas si no es en el campo y porque la agricultura es necesaria. Al final, la frase no era más que una forma de decir que un futuro alternativo al que proponen esos manifestantes que no se cansan de decir que «sin el campo, la ciudad no come» es posible. Básicamente, porque su planteamiento de futuro es seguir explotando animales y recursos en general para alimentar a lo que llaman «la ciudad», y además lo quieren sin complicaciones, sin políticas verdes, con más subvenciones y haciendo, en definitiva, lo que les dé la gana.

Es probable que hace 200 años también existieran personas que pensaban que sin caballos, sería imposible transportarse. Pero después aparecieron los coches. ¿Qué les hace pensar a esas personas que afirman que «sin el campo, la ciudad no come» que algún día la carne cultivada en laboratorios no sustituirá a la ganadería? ¿O que los vegetales no provendrán, asimismo, de laboratorios? ¿O que no habrá en las ciudades espacios destinados al cultivo de alimentos? El futuro es incierto, pero resulta poco creíble que el sistema siga siendo el mismo que hoy conocemos.

Cuando hablamos del fin de la ganadería, algunas personas se echan las manos a la cabeza pensando en millones de animales liberados por activistas de las granjas hacia la libertad, para después desentendernos de ellos. Pero seamos serios.

Si asumimos que la ganadería tiene futuro, estamos asumiendo que seguiremos con los mismos problemas de sufrimiento animal, deforestación, uso abusivo de recursos, contaminación y empeoramiento del calentamiento global. Y si aceptamos un futuro en el que predominen las granjas extensivas, estamos asumiendo que los animales seguirán explotados. Por su parte, quienes comen carne todos los días tendrán que asumir una reducción en su consumo, ya que la ganadería extensiva no puede satisfacer la demanda actual, a menos que se arrase con todo.

Todo esto lo sabe muy bien el lobby cárnico, y por eso se esfuerza tanto en hablar de «bienestar animal» mientras sigue con las mismas prácticas de siempre. El futuro de la ganadería dependerá mucho de si los gobiernos siguen apoyando a este lobby. Países como Italia ya han prohibido la carne cultivada para poner piedras en el camino a un futuro alternativo, pero solo están ralentizando un proceso inevitable. Es probable que algún día la carne que consumamos procederá de laboratorios, será asequible y se haya desarrollado la tecnología suficiente para que este escenario sea viable. Eso sí, a las personas veganas no nos convence demasiado la carne de laboratorio, aunque eso es otro tema.

Otra forma de avanzar hacia un futuro sin ganadería es que esta deje de recibir subvenciones de millones de euros para que podamos comprar carne y leche baratas. Apoyar la producción de alimentos éticos y sostenibles económicamente es una alternativa, así como el apoyo a los ganaderos para que abandonen esta actividad, como ya está sucediendo en algunos lugares.

¿Y los animales?

En cuanto a la vida animal, no son pocas las personas que defienden la ganadería porque «si no se criaran animales en granjas, estos se extinguirían«. Partiendo de la base de que esto no necesariamente tiene que ser así, por supuesto que los miles de millones criados para acabar en nuestros platos no nacerían, lo cual no es para nada una mala noticia.

Si tenemos en cuenta que nuestro maravilloso sistema ganadero ha provocado que el 60% de los mamíferos en el planeta sean animales considerados de granja, mientras que el 36% somos humanos y solo un 4% son animales salvajes; y en el caso de las aves un 70% son pollos, gallinas y otras especies criadas en granjas, mientras que el 30% restante se corresponde con aves salvajes, por supuesto que la vida animal en la Tierra se reduciría a priori si no existiera la ganadería.

Pero sin duda un planeta sin ganadería sería un respiro para la biodiversidad, y en concreto para ese 4% de mamíferos salvajes y ese 30% de aves silvestres, que tal vez proliferarían si ningún otro factor se lo impide. Así que sí, puede que las vacas llamadas «lecheras» y las gallinas llamadas «ponedoras» se extinguirían, pero a cambio proliferarían otras especies que sí existen en la naturaleza y que no son un producto de la selección genética.

Según World Animal Foundation, cada día se extinguen 137 especies de animales y plantas como consecuencia de la deforestación provocada por la tala de árboles para obtener terrenos de cultivo que alimentan a los animales en granjas. En tres décadas, la deforestación ha hecho desaparecer a diez especies de mamíferos, 20 de aves y ocho de anfibios en al Amazonas. A eso hay que añadir el uso de pesticidas y la contaminación procedente del sistema agrícola-ganadero. ¿Y todavía hay gente que piensa que si no existiera la ganadería, los animales se extinguirían?

Ante una ausencia de la ganadería, tal vez sí podríamos hablar de «animales felices» y de «bienestar animal». Es evidente que en esto también influirían otros factores como la existencia de otras industrias dañinas o de la caza.

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