La caza de elefantes en Botsuana: un negocio disfrazado de conservación

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La caza es un negocio y disparar contra animales indefensos no solo es la forma de ocio preferida de los cazadores, sino que también es una forma de lucro. Aunque no hace falta irse muy lejos para observar esta realidad, merece la pena responder a las declaraciones que hace tan solo unos días salían del presidente de Botsuana, Mokgweetsi Masisi, ante la posibilidad de que Alemania regule la importación de trofeos de caza.

Lo exótico nos llama la atención desde hace siglos, y la historia de las civilizaciones ha estado plagada de capturas de animales que a los poderosos les servían para que su pueblo contemplara hasta dónde llegaba su influencia, dada la rareza que significaba ver un elefante o un león en Europa. Desde los romanos hasta la colonización de África, pasando por la invasión de América, los países europeos siempre hemos sido receptores de animales que nunca deberían haber pisado nuestro continente, a los que hemos usado en peleas para entretenernos o los hemos exhibido en zoológicos. Lo que hoy es la caza de trofeos no es más que un recuerdo del colonialismo disfrazado de conservación y hasta de ayuda humanitaria. Cómo no, el salvador blanco.

En este sentido, el presidente de Botsuana recriminaba a Alemania la posibilidad de regular las importaciones de trofeos de caza porque estos generan, supuestamente, beneficios económicos para las comunidades locales, mientras que el aumento de las poblaciones de elefantes les generan daños en las cosechas e infraestructuras. También decía, literalmente, que «los alemanes deberían vivir con los animales en la forma en que están diciendo que lo hagamos nosotros». Se olvidaba de mencionar que no son las comunidades locales las que están matando a los elefantes, sino cazadores extranjeros que pagan mucho dinero por obtener un trofeo.

Acto seguido, señalaba que el hecho de que países como Alemania restrinjan las importaciones de trofeos supondría «la amenaza de muerte masiva de animales que ya no tendrían ningún valor para las comunidades locales», es decir, que sería la población de Botsuana la que acabaría con la vida de los elefantes porque le resultan molestos sin obtener ningún beneficio económico a cambio, mientras que ahora no los matan para que vengan extranjeros a hacerlo.

Sin embargo, Masisi no hizo mención al informe respaldado por hasta una treintena de organizaciones que muestra que las comunidades locales africanas se benefician, como mucho, de algo menos de seis dólares per cápita al año de la caza de trofeos. El mismo informe advierte de que esta actividad socaba los esfuerzos de la población local por la coexistencia con los animales salvajes. De hecho, buena parte de las capturas y matanzas de animales por parte de personas locales se debe a lo mismo de siempre: la venta de trofeos, el comercio de partes de animales a las que se atribuyen propiedades, el mascotismo o la exhibición de animales en terceros países.

Es cierto que también se dan en algunas partes de África conflictos entre humanos y fauna salvaje, sobre todo en lo que respecta a la agricultura. A algunos animales se les ha demonizado por dañar las cosechas, ¿pero realmente presidentes como el de Botsuana creen que el turismo de caza es la solución a este problema? La respuesta es no. Desde el poder se favorece la llegada de cazadores extranjeros por el lucro que genera esta actividad, que es un negocio. No porque sea beneficiosa para la agricultura.

Por supuesto, no diremos desde aquí a las comunidades locales cómo deben defender sus cosechas. Pero tampoco abogaremos por la matanza de animales como solución a nada ni aceptaremos que los cazadores con dinero puedan tener una colección de cuernos de elefantes con total impunidad.

Hasta 2019, la caza de elefantes estaba prohibida en Botsuana, pero el actual Gobierno levantó la prohibición y ahora se subastan sus trofeos. El país se ha convertido en uno de los destinos favoritos de los cazadores, sobre todo de los procedentes de Estados Unidos, que recientemente ha aplicado limitaciones a las importaciones.

Mientras Masisi defiende la caza como una solución válida, en Botsuana siguen reinando las desigualdades, y todo ello a pesar de que se considera que su economía prospera gracias al comercio de diamantes, y ahora también «gracias» a la caza de trofeos.

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