La Comisión Europea ya ha dado el primer paso para que el lobo baje de la categoría de «estrictamente protegido» a «protegido«. Y lo ha hecho por motivos políticos y sin fundamento científico. Los defensores de la medida alegan que la especie seguirá estando protegida, pero lo que realmente se está protegiendo son los intereses de cazadores y ganaderos. Si finalmente se hace efectiva, esta facilitará a los gobiernos de los países, tan presionados como el de la Unión Europea por estos lobbies, la autorización de cacerías de lobos que no solo atentan contra los derechos de esta especie, sino contra el equilibrio de los ecosistemas donde cumplen una función esencial e insustituible como depredadores.
En septiembre, una coalición de más de 300 organizaciones instaba a la Comisión Europea a reforzar la protección del lobo en lugar de debilitarla, para no echar a perder décadas de trabajos por su conservación que han dados sus frutos en numerosas regiones y para que la especie pueda por fin recuperar su lugar en los ecosistemas europeos. Solo unos días después, la Comisión aprobó la desprotección del lobo, con la única oposición de España e Irlanda y una Alemania que primero iba a votar en contra dejándose presionar por la caza y la ganadería y cambiando su voto en el último momento.
Las organizaciones también pedían la erradicación de la caza furtiva, que desgraciadamente en España ha ocupado titulares que suelen aludir al enfado de los ganaderos en lugar de a la comisión de un delito, o que se educara a la población sobre los beneficios ecológicos y socioeconómicos de la especie. Y es que aunque solo el 12% de los habitantes del medio rural está a favor de la caza de lobos, según una encuesta de Eurogroup for Animals, las voces de quienes odian al lobo siguen escuchándose más altas, algo que no es extraño si tenemos en cuenta la dificultad de enfrentarse a cazadores que portan armas en el medio rural. Sí, la caza y la ganadería no solo se sitúan en una posición de poder para presionar a las instituciones comunitarias, nacionales, regionales y locales, sino también para mantener en silencio a quienes no las apoyamos. Mientras tanto, acusan de lobby al movimiento animalista y al ecologista.
Quienes todavía siguen creyendo que el lobo es el malo del cuento que acaba con rebaños enteros para depredar a una sola oveja, en una imagen que después protagoniza portadas en los medios de comunicación locales, y que consideran esta escena una masacre, tal vez no se han planteado que la verdadera masacre es la caza de lobos.
La función de esta especie es clave para la regulación de los ecosistemas. Un hábitat sin depredadores no está equilibrado, y estos han desaparecido o están al borde de la extinción en muchas zonas. Y no, los cazadores no cuentan como depredadores. El ser humano no es indispensable ni necesario para la función ecológica. Los lobos sí lo son en sus hábitats, y de su presencia también depende el bienestar de nuestra especie. El lobo no es perjudicial, salvo para los bolsillos de quienes se lucran de la explotación y el uso de los animales. Y la función de estos depredadores es mucho más importante para el bien común y para nuestra propia supervivencia que los intereses de la caza y la ganadería.
Por otro lado, la petición de las organizaciones a la Comisión Europea incluía el refuerzo de las medidas preventivas en las explotaciones ganaderas, como el vallado o los perros utilizados para pastoreo. Desde el veganismo, no podemos considerar que los perros son medidas preventivas ni herramientas de trabajo. Nuestra posición es clara con respecto a la abolición de la explotación animal, pero sí defendemos que las sociedades pueden coexistir pacíficamente con los depredadores. Para los ganaderos, esas medidas preventivas son insuficientes. Nada puede contra el lobo, señalan. Lo cierto es que no son pocos los ataques de lobo que resultan ser falsos.
Sea como sea, nada parece indicar que la Comisión Europea esté dispuesta a atender a la evidencia científica. Algunos medios han tratado de calmar los ánimos recordando que en países como España o Portugal, donde los lobos están protegidos por normas nacionales, su estatus de protección no va a cambiar. Pero la modificación a nivel europeo sí facilitará que se rebajen las legislaciones nacionales en un futuro, y ya se ha demostrado que la sola presión de los lobbies cazador y ganadero es suficiente para que eso ocurra.


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