Años 30. Época dorada de Hollywood. Grandes productoras y producciones que se han convertido en clásicos y escenas memorables que quedaron grabadas en las mentes de la sociedad de la época y de las siguientes generaciones, aunque tras las cámaras, explotación laboral, abusos y hostilidad. Todo valía para que productores y directores se hicieran de oro. También el maltrato animal. Por aquel entonces, la frase «ningún animal ha sido maltratado durante el rodaje de esta película» no aparecía en los créditos.
En este contexto, se rodó La carga de la brigada ligera (1936). Dirigida por Michael Curtiz (1886-1962) y protagonizada por Errol Flynn (1909-1959) y Olivia de Havilland (1916-2020), la película narra la carga de los lanceros británicos durante la Batalla de Balaclava, en la que los aliados franceses, británicos y turcos se enfrentaron a los soldados rusos en la Guerra de Crimea (1853-1856), todo ello en medio de un triángulo amoroso en el que también cobra protagonismo la rebelión india de 1857, si bien la conexión de estos dos hechos y otros sucesos de la película están más cerca de la ficción que de la historia. De hecho, el filme está inspirado en un poema de Alfred Tennyson (1809-1892).
La película recibió una enorme recaudación que la convirtió en la más taquillera de Warner Bros el año de su estreno, una crítica excelente y varias nominaciones a los Oscar. La compañía nunca reestrenó la película, pero vendió sus derechos y los de otras muchas a Associated Artists Productions en 1956, lo que permitió que pudiera volver a verse.
Su escena más recordada es la de la carga misma, que tiene una duración de nueve minutos que han sido definidos como «magistrales» a nivel de imagen, planos o sonido, pero que implicó la muerte de un especialista y de numerosos caballos cuyo sufrimiento se prolongó mucho más de esos nueve minutos que dura la secuencia.

Durante la grabación de La carga de la brigada ligera, se utilizó repetidas veces una técnica conocida como «running W» o «W continua», que consistía en la colocación de una especie de cable de alambre en una de las piernas delanteras de los caballos para que tropezaran y cayeran de cabeza contra el suelo mientras corrían a toda velocidad cuando el jinete tiraba del cable. Con ello, trataba de simularse la caída de los equinos tras ser disparados, un método del que también se sirvieron muchas producciones del género Western de la época. Muchos de los animales no murieron al momento inmediato de caer, sino que fueron sacrificados debido a las lesiones que sufrieron como consecuencia de ello. Al menos 25 de los más de 100 caballos utilizados en el rodaje tuvieron este trágico final. También murió uno de los especialistas encargado de hacer de jinete y tirar del alambre para propiciar la caída del animal.
No existía entonces ninguna normativa que protegiera a los animales durante los rodajes, por lo que los directores podían utilizar cualquier técnica con tal de aportar una apariencia realista a sus escenas.
En los años sucesivos, organizaciones en defensa de los animales lucharon para la prohibición del uso de esta técnica hasta lograr que el Congreso la ilegalizara. También pidieron el uso de otros métodos alternativos, protocolos de actuación y boicots a las películas en las que se hubiera producido maltrato animal. El propio Errol Flynn, protagonista de La carga de la brigada ligera, lamentó la muerte de decenas de caballos y algunas fuentes señalan que manifestó su malestar al director, Michael Curtiz, cuya indiferencia provocó una pelea entre ambos de la que nunca se reconciliarían, pese a que posteriormente rodaron otras películas juntos.
En su biografía, Errol Flynn se refirió al maltrato a los caballos en el cine:
Los caballos han sido quizá los animales peor tratados en la industria cinematográfica, especialmente en la época en que se rodaron los primeros westerns. A los caballos se les ponía un dispositivo llamado «W continua», un cable trampa para hacer que los animales caigan en el momento adecuado. El doble, montado en el caballo, sabía dónde estaba la cuerda. Sabía cuándo tenía que bajarse y lo único que tenía que hacer era caer. Pero el caballo se iba de cabeza, y a veces se hería y había que dispararle. Dejaron de hacerlo porque muchos caballos se rompían las piernas y el cuello, y hubo protestas de los actores y el público.
Socialmente, el maltrato que sufrieron los equinos en esta película también llamó la atención, a pesar de que en los años 30, la sociedad estadounidense todavía veía a los caballos como animales de trabajo. De hecho, los propios productores que querían utilizarlos para rodajes los compraban, mientras que a día de hoy los piden «prestados» a empresas que los crían para este u otros fines a las que les pagan precios desorbitados por su «alquiler» como si fueran objetos.
Todo ello llevó a Warner Bros a convertirse en uno de los primeros estudios en incluir a expertos en seguridad animal durante los rodajes, que después incorporarían otras productoras. Ya en los años 40, se hizo obligatoria la presencia de la American Humane Association (AHA) para certificar que los rodajes estaban libres de sufrimiento animal, si bien se han seguido produciendo casos escandalosos hasta nuestros días.
Pese a su importancia como punto de partida de la supervisión del trato a los animales en los rodajes, La carga de la brigada ligera solo es un ejemplo, de los pocos que trascendieron, del maltrato animal como norma en el cine de aquellos años dorados. Un maltrato animal que no pasaba factura ni a los directores ni a los productores de las películas. El propio Michael Curtiz siguió dirigiendo clásicos que forman parte de las páginas más destacadas de la historia del cine, como Casablanca (1942).
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