El lobby cárnico

El sector cárnico es uno de los más fuertes en España y en muchos países de Europa, aunque en nuestro día a día lo pasemos por alto mientras consumimos más y más kilos de carne que compramos envasada en cualquier cadena de supermercados. Muchas veces, los defensores de esta industria hablan de la existencia de un supuesto lobby vegano como un ataque a la producción de alternativas a la carne. Pero nada más lejos de la realidad. La industria cárnica genera millones de euros y es un negocio muy rentable para grandes empresarios que no están dispuestos a perder económicamente; la producción de procesados veganos, al menos a día de hoy, no alcanza tales cifras, aunque muchas empresas estén teniendo un gran éxito con este tipo de alimentos. Y sí, algunas marcas solo fabrican productos veganos porque en la actualidad la demanda es creciente y lo ven como un negocio; pero también hay otras cuya motivación es puramente ética, más allá de que estén ganando mucho o poco dinero. No podemos decir lo mismo del sector de la carne, aunque este se empeñe en poner etiquetas de bienestar animal y preocupación por el medio ambiente.

Los poderes económicos gobiernan

Tal y como se concibe el sistema hoy en día, los poderes económicos son los que mandan, aunque las caras visibles del Gobierno son los políticos. Esa es la razón por la cual el precio de la luz no deja de subir, o Pedro Sánchez prioriza el sabor de un chuletón a la emergencia climática, como hemos visto recientemente. Pese a todo, hay políticos valientes como Alberto Garzón que se atreven a lanzar mensajes contra uno de los sectores económicos más fuertes de este país, la industria cárnica, y aunque no estoy del todo de acuerdo en su defensa de la ganadería extensiva, me parece importante que por fin se empiece a hablar de las consecuencias del consumo de carne para la salud, para el medio ambiente y, a pesar de que no se haya mencionado en los debates que han tenido lugar estos días al respecto, también para los animales.

Sin embargo, el lobby cárnico es tan fuerte que ningún político se ha posicionado a favor de Garzón, y todos defienden, indirectamente, que se siga perpetuando el sufrimiento animal y la destrucción de los ecosistemas porque «un chuletón es imbatible», porque es gastronomía tradicional, porque forma parte de una dieta mediterránea que nadie sigue, o porque hay que defender la ganadería para que los pueblos no pierdan más población. ¿De verdad creen que la ganadería extensiva es la salvación a la España vaciada? ¿Cómo va a ser así, si cada vez hay menos explotaciones de este tipo porque no hay relevo generacional, mientras que las cercanías de los municipios pequeños son ocupadas por macrogranjas? Y en cualquier caso, la mayor parte de la carne, leche o huevos que consumimos procede de estas últimas.

Cambiar el chip

La evidencia científica y las principales organizaciones internacionales nos dicen que el consumo de carne está destruyendo el planeta. Pero el lobby cárnico es tan fuerte que logra que no nos lo creamos, que prioricemos comer un filete a dejar de hacerlo para salvar el Amazonas o para salvar a un animal; y que aunque sepamos las consecuencias, pensemos que la carne es necesaria o que sin ganadería el país se arruinaría. Durante años, los anuncios nos han dicho que la leche es nuestro único método para crecer sanos y que la carne es la única fuente de proteínas. Además, consumimos estos productos a diario y en todas las comidas, y es una costumbre que asimilamos desde pequeños. Por estos y otros motivos, cambiar el chip es tan difícil. Pero lo cierto es que es absurdo normalizar que una persona acuda a cadenas de comida rápida a comer hamburguesas todos los fines de semana, y a la vez pensar que el vegano es el que va a ponerse enfermo.

Por su parte, el sector cárnico ha estado, en las últimas décadas muy acomodado en este modelo de consumo en el que nunca faltan bandejas de carne en los supermercados, en el que pensamos que solo comeremos bien en un restaurante que nos ofrezca mucha carne y esta no puede faltar en bodas, comuniones y cualquier tipo de celebración o reunión, y en el que la gran mayoría de la población en países como España consume estos productos todos los días como segundo plato para comer y para cenar. Si lo reflexionamos, es una barbaridad.

Personalmente, percibo que la sociedad cada vez es más consciente con la problemática del consumo de carne, y por suerte, Internet nos abre la posibilidad de informarnos sobre ello, mientras que antes nos conformábamos con la publicidad y los programas matinales de televisión. Y aunque a veces la información no es correcta en Internet, al menos la tenemos a nuestro alcance. El futuro es vegano, y ya lo estamos viviendo.

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