Cuando una persona vegana va a un restaurante (parte II)

La semana pasada hablábamos de diferentes situaciones a las que se tiene que enfrentar una persona vegana cuando va a ir a un restaurante convencional, donde priman los platos con carne o pescado y los que no tienen estas dos opciones contienen igualmente ingredientes de origen animal (lácteos, huevos, etc.). Como comentábamos, en estos casos, las personas veganas pueden no encontrarse especialmente cómodas, tanto por el resto de acompañantes que cuestionan o no comprenden su alimentación, como por los propios trabajadores de los establecimientos.

Quiero comenzar esta entrada con otra anécdota personal más de tantas que he mencionado en textos anteriores: hace algunos años trabajé en un restaurante para ganar algo de dinero extra durante las vacaciones. La verdad es que era agotador, casi siempre hacía más horas de lo normal, recibía broncas sin sentido y la familia que lo gestionaba era taurina, carnicera y odiaba el movimiento animalista, por lo que escuche muchos comentarios que no me gustaron pero que no malgasté mi tiempo en responder (no solo en el ámbito de los animales). Pero lo cierto es que el local tenía y continúa teniendo buena fama, la cocinera es toda una profesional y los comensales solían estar muy cómodos (quizá porque no sabían lo que ocurría fuera del comedor). Eso sí, no es el lugar más adecuado para las personas vegetarianas o veganas, pues solo podrían comer una parrillada de verduras que perfectamente podrían prepararse en sus casas por mucho menos dinero.

En una ocasión, una persona se puso en contacto con el restaurante para decir que era vegetariana y necesitaría platos adaptados al tipo de dieta que lleva, de manera que se dio aviso a la jefa de cocina, gran desconocedora de lo que es el vegetarianismo. Prueba de ello es que su respuesta fue: «no hay ningún problema, le ponemos unos espárragos con salmón y listo». Cuando llegó el momento de la cena y la clienta recibió ese plato en su mesa, no tuvo otra opción que devolverlo y pedirlo sin el salmón, y cuando la jefa de cocina vio el plato literalmente no daba crédito. Su cerebro seguía pensando que el salmón es un vegetal.

Por aquel entonces, no recuerdo si era vegana o todavía era vegetariana, pero sí me acuerdo lo mal que lo pasaba cuando la jefa de cocina me preparaba un bocadillo de lomo o de chorizo para picar y no entendía que no lo quisiera. Tanto insistía en que lo comiera que la engañaba y se lo daba a una compañera, aunque a veces directamente ni lo tocaba aunque tuviera que aguantar sus comentarios. Al acabar de trabajar, también me ofrecía carne. Más de una vez le expliqué que no como carne, y me respondía: «¿entonces qué comes?». Yo le contestaba que como todo lo demás que no sea de origen animal, y no volvía a decir nada, pero ponía mala cara. Creo que es de esas personas que nunca entenderán el veganismo. Desde luego, nunca encajé en aquel sitio. Muchas otras veces, recuerdo cómo las jefas criticaban a los comensales cuando se iban del comedor a la cocina, e incluso les parecía mal que alguien pidiera pan sin gluten o que un cliente fuera celíaco, llegando a realizar comentarios como: «ahora todo el mundo es celíaco», o «ese es tonto».

Y ahora que he desahogado mis reflexiones internas, me gustaría darte algunas recomendaciones si eres una persona vegana o vegetariana y vas a acudir a un restaurante sin opciones o con muy pocas.

  1. Lo primero es asegurarse. Puedes comprobar la carta del restaurante antes de acudir a través de Internet, pero lo mejor es que llames primero para asegurarte de si tienen o no tienen opciones. En caso de que no las tengan, puedes pedir que te preparen algo, explicándole bien cuál es tu tipo de alimentación, pues no todos los trabajadores de los restaurantes conocen a fondo lo que es el la dieta basada en plantas. Aunque les parezca mal, prefieren ganar el dinero antes que perder a un cliente, así que lo más probable será que no pongan pegas.
  2. Di no. Es preferible decir no que pasar un mal rato. Si te invitan a comer o a cenar a un sitio donde no te apetece ir o no vas a estar cómoda o cómodo (por ejemplo, un asador de carnes o una marisquería), simplemente no vayas solo por no disgustar a los demás, y expón a tus acompañantes cuáles son las razones por las que no quieres ir y que realmente no te sentirías bien. Puede que no lo entiendan, pero si te encuentras mejor comiendo en la soledad de tu casa una simple ensalada, una hamburguesa vegana o algo más elaborado, hazlo.
  3. Haz otra propuesta. Lo más seguro es que con determinadas personas esta opción no surta efecto, pero puedes probar a proponerles acudir a otro restaurante, quizá uno vegano o con opciones para personas veganas o vegetarianas. Explícales que no se van a quedar con hambre, que no está mal probar cosas nuevas y que de esa manera nadie se sentirá mal.
  4. No hagas caso a los comentarios dañinos. En este tipo de situaciones en las que vamos a comer con personas que no comparten o no entienden nuestros valores y nuestro respeto por los animales, es habitual que toda la cena o la comida se base en hablar de tu alimentación, que se hable durante el camino y que se siga hablando después o al día siguiente. Si realmente las otras personas hablan en un tono respetuoso y con interés en el tema, expón tus motivos; si lo hacen porque se sienten ofendidos, con ganas de discutir o pensando en hacerte sentir mal con frases como: «los animales también se comen unos a otros», obvia estas palabras y céntrate en las personas que sí te apoyan.
  5. No tengas miedo a decir que eres vegano. A veces (a mí también me ha pasado) nos da miedo o vergüenza decir que somos veganos o vegetarianos por no molestar a los trabajadores. Pero independientemente de lo que ellos piensen, es muy improbable que te den una mala contestación, pues saben que deben tratar bien a los clientes. Además, que la gente pida platos basados en plantas les hará ver que cada vez hay más demanda e irán incluyendo, poco a poco, estas opciones.
  6. ¿Y si actúas individualmente? Mi familia y amigos/as no son personas veganas ni están dispuestas a probar la alimentación basada en plantas. Cuando vamos a comer, se niegan a ir a restaurantes veganos, y por eso, si tengo la oportunidad aprovecho para ir yo sola a estos establecimientos. No importa que nadie me acompañe, sé que estoy apoyando a negocios concienciados y cuyo servicio sí me gusta realmente, y me siento muchísimo mejor que acudiendo a restaurantes no veganos con gente que no me apoya. ¿Por qué no actuamos para sentirnos bien con nosotros mismos en lugar de hacerlo para que otros se sientan bien? De hecho, mucha gente de nuestro entorno ni siquiera se va a ofender si no queremos ir a comer a un sitio no vegano. No nos dejarán de hablar por eso.

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