No son «las locas de los gatos»

Durante mi primer año de prácticas de en un periódico, mientras estaba estudiando la carrera, tuve que redactar una noticia acerca de la gestión de las colonias felinas de la ciudad. Al fin, el ayuntamiento había decidido implementar el método CER (captura, esterilización y retorno), como forma de evitar la reproducción de los felinos sin matarlos ni ninguna otra barbaridad. El consistorio iba a actuar en colaboración con una asociación defensora de los animales de la capital, por lo que hablé con una representante de dicha entidad. Con vistas a organizar la distribución de las páginas y sus contenidos para el día siguiente, mi jefe hizo un comentario como «aquí va lo de las locas esas de los gatos», despreciando la labor de todas esas personas, sobre todo mujeres, que se encargan de atender a los felinos que viven en nuestras ciudades y de los que deberían ser responsables las administraciones públicas.

Por alguna razón, hay a quienes los gatos molestan, algo que no deja de estar relacionado con esa creencia que tenemos los humanos de que somos seres superiores. Pero como suele pasar, somos nosotros mismos los que hemos creado una situación indeseada de la que después no queremos responsabilizarnos. Sea como sea, los gatos de colonias no tienen ningún propietario a cuyo nombre estén registrados, por lo que son los ayuntamientos quienes deberían hacerse cargo, y por supuesto, de una forma ética. Sin embargo, muchas veces acaban siendo particulares quienes los cuidan, y estas personas también molestan a algunos.

Hay quienes consideran que los gatos son plagas, así como las palomas, las cotorras o las ratas. Pero ninguno de estos animales es una plaga, y no tenemos más derecho que ellos a ocupar las ciudades. De hecho, si hay una especie destructiva en este mundo, es el ser humano, no los gatos ni ningún otro animal. Es cierto que la falta de control sobre la reproducción de estos felinos ha provocado que, en algunos casos, la población haya aumentado, ya que cada año las camadas pueden ser hasta de cinco gatitos que después son adultos, aunque también es cierto que la esperanza de vida de estos animales es más corta que la de los domésticos, y están expuestos a atropellos, enfermedades e inclemencias climáticas, además de la falta de alimento si nadie se encarga de ellos.

No todo el mundo se para a pensar en cómo se dan estas situaciones, y por eso algunas personas acaban culpando a los gatos de todo: de acabar con el resto de la fauna, de ensuciar las calles, de poblar ciertas zonas y hasta de haber nacido. Incluso hay algunos ecologistas a los que también les molestan, pues los acusan de ser depredadores y cazar a las aves o roedores que también habitan las ciudades. Y hay a quienes los gatos molestan tanto que es imposible tratarles de convencer de la efectividad del método CER. Siempre verán la crueldad como la mejor de las soluciones. Pero lo cierto es que ni somos superiores ni tenemos el derecho de maltratar o acabar con la vida de unos animales que solo quieren vivir y que realmente no molestan, aunque no todo el mundo tenga esa percepción.

Photo by Matthias Oben on Pexels.com

Alimentadoras

Las alimentadoras o gestoras de las colonias felinas son las personas que se encargan del cuidado de estos animales, de que estén bien alimentados, de proporcionarles un refugio, y hasta de esterilizarlos y llevarlos al veterinario cuando es necesario, haciéndose cargo de todos los costes. Hay quienes rechazan su labor y las llaman, despectivamente, «las locas de los gatos» y menosprecian el trabajo tan importante que realizan, porque si el hecho de que haya colonias felinas se considera un problema, sin ellas, desde luego, la magnitud de este sería muchísimo mayor.

Este rechazo viene dado, en realidad, por un gran desconocimiento. Desconocimiento sobre los propios gatos, y desconocimiento sobre el trabajo de gestión de una colonia. Quienes se encargan de estas, por ejemplo, se preocupan porque la zona donde están los gatos esté siempre limpia y que no se ensucie con restos de comida o recipientes de plástico u otros utensilios. Estas mujeres dedican buena parte de su vida, todos los días, a la atención de los animales, sin ninguna remuneración y altruistamente. Pero no por ello están locas. Son personas con empatía y sensibilidad hacia unos gatos que, de otra manera, estarían completamente desfavorecidos. Ni ellas ni los felinos son dañinos para nuestra sociedad, sino todo lo contrario, son necesarios. Lo que verdaderamente es dañino es ese comportamiento infundado de odio y rechazo hacia quienes hacen, con pequeños pasos, del mundo un lugar mejor.

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