Historia: Clever Hans y la inteligencia animal

A comienzos del siglo XX, un caballo se hizo famoso en Alemania. Se trata de Clever Hans, que comenzó a ser conocido por sus habilidades memorísticas y por su inteligencia, ya que era capaz de resolver operaciones matemáticas. Finalmente, las investigaciones científicas concretaron que no era precisamente la memoria la técnica del animal para acertar los resultados de esas operaciones.

Nos remontamos al verano del año 1904, en una casa de campo al norte de Berlín, donde vivía un hombre llamado Wilhelm von Osten, un profesor jubilado que tenía un caballo. El animal tenía nombre: Clever Hans, «Hans, el listo» o «inteligente Hans», en español, que pronto comenzó a ser conocido en la zona por su inteligencia, pues era capaz de hacer sumas, de contar personas, de decir la hora o de memorizar el calendario. Así, el profesor comenzó a organizar espectáculos con él para demostrar esas habilidades.

Desde las cercanías de Berlín, Clever Hans se hizo famoso en toda Alemania y en otras partes del mundo a comienzos del siglo XX. En sus presentaciones públicas por el país germano, el profesor o alguno de los presentes le pedía que diera el resultado de algunas operaciones matemáticas, que diera la hora o el día del calendario en que se encontraba, lo que casi siempre resolvía con acierto levantando una de sus patas y dando el número correcto de golpes en el suelo. Otras veces respondía moviendo la cabeza de lado a lado.

La fama del animal llegó a ser tal que se hicieron juguetes basados en su figura, los niños lo adoraban, se fabricaron licores con su nombre y fue protagonista de algunas canciones. También apareció en algunos medios de comunicación de la época de diferentes partes del mundo. Wilhelm von Osten aseguraba que había educado al caballo igual que lo hacía con sus alumnos humanos, sirviéndose de una pizarra y un ábaco, y lo había hecho durante cuatro años. También decía que le había enseñado a leer y a hacer música con una armónica y que había utilizado un método basado en una etnia africana.

Sin embargo, aunque los espectadores que acudían a sus funciones corroboraban la inteligencia del animal, no todos los científicos se creían que tuviera tales capacidades. Pero su caso despertaba mucha curiosidad en el ámbito de la ciencia, y esto llevó a la creación de una comisión de profesores de la Universidad de Berlín dedicada a estudiarlo en 1907. Esta fue denominada la «Comisión Hans«.

Los docentes se trasladaron a la casa de campo donde vivía Clever Hans y comprobaron que lo que se decía era cierto. Así, todos ellos firmaron una carta en la que certificaban que Von Osten no hacía trampas y no influía de ninguna manera en el comportamiento del animal. Por otro lado, un pedagogo afirmó que el caballo tenía la inteligencia de un niño de 13 años.

Pero no acabó ahí la investigación sobre el animal. Y es que un psicólogo, Carl Stumpf (1848-1936), encargó a uno de sus alumnos, Oskar Pfungst (1874-1933), que profundizara en el estudio de las habilidades del equino. Fue entonces cuando este descubrió que Clever Hans solo acertaba cuando los humanos, y sobre todo el profesor o la persona que que había formulado la pregunta, sabían la respuesta. De lo contrario, fallaba. De hecho, si alguien le decía el número correcto al oído, el caballo no lo entendía y no acertaba. También solía errar cuando Wilhelm no estaba delante, aunque casi siempre este estaba presente.

Lo que Pfungst interpretó al darse cuenta de eso fue que el caballo recogía ciertas señales de su entorno que los humanos no percibían. Sí, Clever Hans basaba sus respuestas en los gestos y en el lenguaje corporal de las personas que estaban a su alrededor. Por ejemplo, mientras el caballo movía sus patas, los humanos, el propio profesor o la persona que había formulado la pregunta, expectantes, lo miraban e inclinaban su cuerpo o levantaban la cabeza cuando llegaba a la cifra correcta. Al cambiar la postura de estos, Clever Hans interpretaba que era una especie de señal para dejar de dar golpes en el suelo, sin saber nada de números ni de matemáticas. De la misma manera, el caballo nunca comenzaba a golpear el suelo hasta que el profesor miraba su casco en señal de espera.

En el ámbito de la investigación científica, descubrir esto dio lugar a un sesgo que hoy se conoce como el «efecto Clever Hans», que indica que la presencia de un investigador puede condicionar las respuestas del investigado. Este descubrimiento también ha sido importante en la psicología y en la etología.

Tras el hallazgo, poco sabemos de lo que ocurrió con el caballo o con el propio profesor. Hay fuentes que señalan que este último murió de pena. Su fallecimiento se produjo en 1909, tras haber perdido lo que hasta entonces fue su medio de vida. Es por esa razón que se dice que, en su lecho de muerte, Osten maldijo al caballo. Pero otras fuentes sostienen que el profesor jamás cobró por mostrar al equino y que siguió haciendo funciones con Clever Hans hasta el mismo año de su muerte, pues no aceptaba la teoría de Pfungst.

Tras su fallecimiento, diferentes personas adquirieron al caballo. Algunas fuentes indican que fue utilizado en la Primera Guerra Mundial (1914-1918), pero después de 1916, no hay registros de él.

Inteligencia animal

¿Significa el ejemplo de Clever Hans que animales como este caballo no puedan ser inteligentes? Por supuesto que no. Al contrario, casos como este pueden ser representativos de la inteligencia animal. Simplemente, se trata de una inteligencia diferente a la de nuestra especie, lo cual no significa que los animales sean estúpidos.

Pero sea cual sea la inteligencia de una especie o de un individuo de cualquiera de las existentes, y en clave antiespecista, ninguna es inferior o superior al resto en función de ello. Lo que sucede es que durante siglos y todavía hoy, los humanos nos creemos que sí somos superiores y es por ello que, entre otras cosas, se dan terribles casos de maltrato animal.

No sabemos a ciencia cierta cómo fue la vida de Clever Hans, más allá de los datos por los que ha pasado a la historia. ¿Estuvo bien tratado? ¿De qué forma fue entrenado? ¿Qué pasó con él tras el descubrimiento de su «técnica» para adivinar los resultados de las operaciones? ¿Cómo era Osten como persona? De lo que no hay duda es de que, en cierto modo, explotó al caballo, fuera de forma consciente o inconsciente. Y es que casi todas las fuentes coinciden que el profesor era una persona honesta, y el psicólogo Pfungst así lo señaló. Este último no creía que Osten estuviera engañando a la gente ni que fuera un estafador como Barnum, sino más bien, que estaba convencido de la capacidad memorística de Hans y quería mostrar al mundo de lo que era capaz el caballo.

Hans pasó a la historia por haber dado lugar al efecto que lleva su nombre. ¿Deberíamos ahora analizar su caso en el ámbito de la ética?

FUENTES

Amigo, I. (s. f.). El secreto de Hans. Cultura Científica.

Curistoria (2017). Clever Hans, el caballo que sabía matemáticas.

Escauriaza, A. (2018). «Clever» Hans: el caballo matemático. Woman O’War.

García, A. (s.f.). Clever Hans: el prodigioso caballo que sabía aritmética.

Jorge, M. (2016). Lo llamaban clever Hans: el caballo matemático que desafió a los científicos. Gizmodo.

La Mente Es Maravillosa (s.f.). Clever Hans, el caballo que hacía operaciones matemáticas.

Psychology Wiki. Wilhelm von Osten.

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