¿Te imaginas quedarte atrapado en una trampa con un pegamento tan fuerte que fueras incapaz de despegarte y sufrieras graves lesiones por intentarlo sin que nadie te ayudara? ¿O quedar atrapado en un cepo capaz de inmovilizarte? ¿O que alguien pusiera veneno en tu comida? Es difícil de imaginar, porque este tipo de trampas no están diseñadas para humanos y porque somos tan egoístas y antropocéntricos que nos da igual el sufrimiento de otros animales con tal de quitarnos una molestia.
Durante prácticamente toda la historia, los pequeños roedores han sido considerados plagas y seres indeseados, asociados a la suciedad o a enfermedades como la peste. Incluso se cree que los gatos fueron domesticados para liberarse de los ratones que se alimentaban del grano cosechado. En el mundo rural, los ratones siguen siendo animales no deseados por motivos como este, y en las ciudades la simple observación de ratas en algunos barrios es motivo de descontento popular.
Los ratones y las ratas se encuentran en la lista de animales nos causan rechazo y asco, y también en la lista de los que consideramos sucios y llenos de patógenos. Solemos considerar que su presencia en calles, sótanos, casas abandonadas, gallineros o fincas privadas es motivo suficiente para que sufran. Porque no entendemos que los animales no entienden de propiedades, así como tampoco somos capaces de comprender que sus vidas no nos pertenecen y que como seres sintientes, merecen ser respetados.
Y como no entendemos algo tan sencillo, optamos por deshacernos de estos roedores de las peores formas posibles: con trampas y venenos que les provocan un enorme sufrimiento del que, sin embargo, no solemos ser testigos. Por decirlo más claro, dejamos que los animales mueran agonizando como si la cosa no fuera con nosotros. Como si no fuéramos culpables de su sufrimiento desde el momento que ponemos ese cepo o ese veneno en los lugares donde estos se encuentran. Después, cuando nos topamos con el animal muerto después de haber pasado horas o días agonizando, lo dejamos tirado en cualquier parte, lejos de nuestra vista. Porque en el fondo, creemos que son cosas que podemos tirar a la basura cuando su presencia nos molesta.
Y sí, puede que te moleste que un ratón se coma el pienso de tus gallinas. Puede que te moleste que haya ratones en el sótano de tu casa. O que te topes con ratas por la calle cuando sales a pasear a tu perro, ese al que jamás le harías lo que crees que debería hacerse con esas ratas. Puede que no te gusten los roedores. Pero no tienes derecho a decidir si deben morir o no, incluso cuando se encuentran dentro de tu propiedad. Porque como ya se ha señalado, los animales no entienden de propiedades.
Tipos de trampas
Existen diferentes tipos de trampas para roedores en el mercado, y muy pocas sin sufrimiento. Estas trampas, al igual que los venenos, deberían ser ilegales, pero no lo son en la mayoría de los lugares del mundo. De hecho, se pueden adquirir fácilmente en muchos comercios u online.
Por ejemplo, las trampas con pegamento actúan atrapando al animal e impidiendo que este pueda despegarse, algo que intentará una y otra vez hasta el punto de que puede llegar a automutilarse o hasta que muera de inanición o desangrado con el paso de los días. Los cepos también atrapan a los animales y los inmovilizan hasta que mueren.
En su lugar, si de verdad crees que la presencia de roedores en un lugar concreto te causa problemas, puedes optar por usar jaulas trampa que no acaban con la vida del animal. Solo lo atrapan para que después puedas liberarlo en otra parte. Eso sí, si las utilizas has de estar muy pendiente de si hay un animal dentro, ya que si dejas que pasen los días, este acabará muriendo.
Y por favor, tampoco tengas un gato para que cace a los ratones que pasan por tu finca al que no ves más que unas horas al día y al que ni siquiera alimentas correctamente porque piensas que si le das comida no cazará ratones.


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