Aditivos comunes que no son veganos

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Buena parte de los productos que compramos habitualmente en los supermercados contienen aditivos, pero no todos son veganos, aunque podamos localizarlos en artículos que creemos que sí lo son, como mermeladas, caramelos, pan de molde, bollería, etc. Los fabricantes los utilizan para obtener un determinado sabor, como aromatizante, por el color, textura o aspecto, así como para conservarlos.

Los aditivos pueden proceder de plantas, animales o minerales, mientras que otros son sintéticos. Hoy descubrimos algunos de los más comunes de origen animal y en qué productos pueden encontrarse.

Aditivos procedentes de insectos

Uno de los aditivos más comunes es el carmín de cochinilla, que lo verás casi siempre en las etiquetas de los envases como E120. Este producto se obtiene de unos insectos, las cochinillas, de los que existen incluso criaderos con la única finalidad de producir este aditivo, aunque también pueden capturarse en las plantas donde habitualmente son vistos. Se trata de uno de los aditivos más antiguos, ya que se ha utilizado desde hace siglos.

Este aditivo puede encontrarse en cualquier producto procesado de color rojo, como mermeladas de fresa, yogures, chicles, caramelos…, pero también puede estar presente en cosméticos como pintalabios o coloretes.

Otro aditivo frecuente es el E904 o goma laca, que procede de los excrementos del gusano de la laca (sí, literalmente es caca de gusano). El E904 aporta un aspecto brillante a los productos en los que se utiliza, como algunas frutas, caramelos, coberturas de pasteles o dulces, aunque también podemos encontrar muebles de madera o instrumentos tratados con esta sustancia.

A nivel general, no se recomienda comer la piel de frutas abrillantadas con E904, si bien en muchas ocasiones desconocemos qué tipo de aditivos se han utilizado en las frutas que compramos.

Según PETA, para obtener unos 400 gramos de este aditivo, se necesitan unos 100000 insectos.

Otro aditivo procedente de un insecto es el E901, o en términos más familiares, cera de abeja. La industria lo utiliza para endurecer o solidificar productos, pero también tiene la función de abrillantar o evitar el secado y la pérdida de aromas.

Como en el caso anterior, podemos encontrarlo en algunas frutas, en granos de café, golosinas o productos de pastelería.

Aditivos de la industria láctea

Otros aditivos son derivados de la industria láctea, como el E966 o lactitol que podemos encontrar en chicles, caramelos, refrescos, helados, galletas, chocolate o bollería, ya que se utiliza como edulcorante. Se trata de un aditivo procedente de la lactosa.

Por su parte, el E913 o lanolina procede de la lana de oveja. Se trata de una cera grasa que en el pelo de las ovejas y corderos cumple la función de mantenerlo seco. En la industria, se utiliza como suavizante o hidratante en cosmética.

Restos de la industria cárnica

Algunos aditivos son subproductos de la industria cárnica. Es el caso del E542 o fosfato tribásico cálcico, procedente de huesos de animales, casi siempre de vacas o cerdos. Suele utilizarse como agente antiaglomerante, tanto en alimentos como en productos de belleza, dentífricos, suplementos nutricionales o piensos para animales.

Otro aditivo frecuente derivado de la industria cárnica es la gelatina (E441), que procede del colágeno de la piel, ligamentos, huesos, vísceras o pezuñas de animales muertos. Uno de sus usos más frecuentes está en las gominolas, si bien actualmente se pueden encontrar alternativas veganas como el agar agar.

Del pelo, pezuñas y plumas de animales también se obtiene el E920 o cisteína, que puede encontrarse en refrescos, conservas, chicles, mermeladas, productos de repostería, salsas, sopas de sobre o caramelos. Su uso principal es como potenciador de sabor.

También se extrae de la industria cárnica y pesquera el E631 o inositato de sodio, que es un potenciador de sabor presente en algunas sopas instantáneas, pastillas de caldo, patatas fritas o salsas.

Estos son solo algunos de los aditivos de origen animal que están presentes en los productos de cualquier cesta de la compra habitual, si bien hay otros como el E1105 o lisozima, un conservante que procede de los huevos de gallinas; o el E101, E106 o riboflavina, que es un colorante.

Ante cualquier duda, basta con una simple búsqueda en Internet para asegurarte de la procedencia de los aditivos de un producto que estás pensando en comprar.

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