Séneca (4 a.C.-65 d.C.), nacido en Córdoba, fue uno de los filósofos más destacados de la antigua Roma, y el principal representante de la corriente del estoicismo. Este movmiento filosófico había surgido en Grecia en el siglo IV a.C., aunque Séneca pertenece al estoicismo romano, que se desarrolló entre los siglos I y II, más preocupado por cuestiones éticas que el griego.
En este sentido, Séneca se mostró sensible ante el sufrimiento de los otros animales y fue vegetariano durante parte de su vida, influenciado por las ideas de Pitágoras (570a.C.-490 a.C.).
Sin embargo, el vegetarianismo no fue común entre los filósofos estoicos, aunque Séneca influyó en algunos de ellos. Lo cierto es que muchos negaron la inteligencia de los otros animales y con ello justificaron el consumo de carne, si bien los que se abstuvieron de esta lo hicieron por cuestiones de pureza o nutricionales.
Séneca conoció el pensamiento de Pitágoras de la mano de su preceptor, Sotión, que consideraba que el ser humano podía alimentarse sin derramamiento de sangre y pensaba que la crueldad hacia los animales se normalizó únicamente para satisfacer el apetito, tal como Séneca narra. También creía que la carne era perjudicial y que no era natural para nuestro organismo.
Motivado por argumentos como estos, Séneca cuenta cómo decidió dejar la carne y la felicidad que le proporcionó este nuevo hábito. Todo este proceso lo narra en un episodio de sus Cartas a Lucilio, una de sus obras más representativas, la cual escribió pocos años antes de ser condenado a muerte por el emperador Nerón (37-68), en una etapa en la que se había apartado de la vida pública y recordaba su juventud con melancolía. El filósofo reconoce que en el momento en que escribe sí consume carne, aunque con moderación.
En dicha obra, Séneca narra que no había seguido una alimentación sin carne durante toda su vida, y que se vio obligado a volver a comerla por motivos políticos, en época del emperador Tiberio (42 a.C.-37 d.C.), cuando abstenerse de la carne podría ser considerado un signo de pertenencia a religiones extranjeras, que eran perseguidas. En este contexto, su padre le habría instado a consumirla, al menos en la vida pública. En sus escritos, sin embargo, Séneca deja entrever que su padre no tenía realmente temor a que su hijo fuera acusado, sino que era contrario al vegetarianismo porque lo relacionaba con supersticiones.
Además de la ética, el filósofo consideraba que una dieta vegetariana era más beneficiosa para la salud.
No resulta extraño que Séneca abrazara el vegetarianismo, al menos en alguna parte de su vida, si tenemos en cuenta ciertos ámbitos de su pensamiento. Ya en el siglo I, este filósofo era consciente de que la actividad humana era devastadora para la tierra y el mar, como él mismo mencionó.
Si a día de hoy el consumo de carne es algo normal en todas las esferas de la sociedad, no era así en el siglo I y de hecho, no ha sido así durante gran parte de la historia. Este producto quedaba reservado para las clases altas, mientras que la mayoría de la población basaba su dieta en vegetales, salvo ocasiones esporádicas. Séneca y los estoicos rechazaban esa vida de excesos de las personas más pudientes, y por lo tanto, el filósofo de Córdoba también rechazó la carne, la asoció con el lujo innecesario, la codicia o el capricho que solo originan crueldad, y señaló que nuestros estómagos no la necesitan.
Séneca defendió el consumo de vegetales en fragmentos como este, en el que se deja entrever la consideración del filósofo de los animales como «valiosas vidas» y no como objetos de producción:
«Las hierbas existen no solo para otros animales, sino también para el hombre, si reconoces que las verduras son suficiente alimento para el estómago en el que ahora metemos valiosas vidas, como si fuera a guardarlas para siempre»
Séneca
El filósofo romano también se mostró sensible ante el maltrato animal en los espectáculos de la época, como los del circo o los de gladiadores, alabados por muchos de sus contemporáneos al igual que hoy hay quienes defienden los «deportes» con animales. En aquel momento, estos espectáculos no solo eran vistos como un pasatiempo, sino también como entrenamientos para la guerra o como un alarde de poder al traer al mundo romano animales capturados en tierras lejanas para que el pueblo comprobara hasta dónde llegaba el dominio de Roma.
Séneca narró, en una ocasión, su experiencia en el circo, horrorizado ante el sufrimiento de los animales y las escenas sangrientas autorizadas y perpetuadas por los más poderosos: animales que salían asustados, enfermos o debilitados por la cautividad, y que cuando se negaban a salir eran pinchados, azuzados con antorchas o incluso provocados mediante torturas a sus crías.
También relacionó el maltrato hacia los animales en espectáculos como estos con el mal carácter de quienes ejercían esas acciones y se mostró preocupado por la violencia que se transmitía a la sociedad, dando a entender que ello influiría negativamente en el comportamiento futuro. Críticas como esta también las hizo a otros actos de maltrato animal, más allá de los espectáculos con especies salvajes.
El filósofo también se preocupó por el trato a los esclavos, que por aquel entonces eran considerados una especie de animales domesticados, sobre los que existía la creencia de que existían para cumplir la voluntad y el deseo de sus amos, una idea que sigue latente en pleno siglo XXI hacia los animales no humanos.
FUENTES CONSULTADAS
Castillo, E. (2020). El Coliseo de Roma, gladiadores y luchas de fieras. Historia. National Geographic.
Cultura Vegana (2022). La dieta de Séneca.
Martín, F. (2014). Autorretrato de Séneca en los escritos del filósofo cordobés. La Albolafia: Revista de Humanidades y Cultura, (1), pp. 205-221.
Sánchez, P. (2015). La idea del vegetarianismo en el mundo grecorromano y su traspaso al cristianismo primitivo. Trabajo de Fin de Máster. Universidad Complutense de Madrid.


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