48 perros y 36 gatos. Son las cifras (no oficiales) de animales que podrían haber muerto en el incendio de un edificio en el barrio de Campanar de Valencia, a los que se sumarían aves, y probablemente otros individuos que también son considerados animales «de compañía», como peces. Por primera vez después de muchas catástrofes y tragedias, los medios de comunicación han prestado algo de atención a las víctimas no humanas, tal vez porque hablamos de perros y gatos, ya que cuando se producen incendios en granjas que acaban con la vida de cientos de animales, lo que más suele preocupar a los medios son las pérdidas económicas.
Pero esta atención a los animales no humanos que hemos visto estos días en algunos medios de comunicación no se daba en las primeras informaciones sobre el incendio, en las que sobre todo preocupaban los humanos (fallecidos y afectados) y las pérdidas materiales, puede que incluyendo a los animales en esta categoría, como si «tener un perro» fuera lo mismo que «tener un mueble».
Y es que como ha sucedido en otras ocasiones, las redes sociales tomaron la delantera. Desde que se produjo el incendio comenzaron a lanzarse mensajes de preocupación por los animales, no sin sus respectivos ataques y calificativos de «malas personas» hacia quienes se mostraron sensibles con estos.
Que si nos preocupan más los animales que las personas, que si damos más importancia a la vida animal que a las vidas humanas, que cómo podemos pensar en los perros y gatos habiendo víctimas de nuestra especie… Son solo algunos de los comentarios que más se repitieron, junto con otros que incluso cuestionaban la labor de los bomberos al haber sacado con vida a un gato del edificio días después del incendio mientras habían muerto diez personas. Como si a los bomberos no les importaran en absoluto esas diez personas a las que no pudieron salvar o como si este triste hecho fuera motivo para no hacer nada por ayudar al animal a volver con su familia.
Sí, familia. Eso son para muchas personas los animales con los que convivimos y por los que cualquiera de nosotras arriesgaría incluso su vida para salvarlos ante una situación así. Porque perder a nuestra familia de esta manera es, y no tendría que ser necesario decirlo, mucho más doloroso que perder el dinero, la ropa, los muebles o la televisión.
Esos animales que han perdido la vida en el incendio de Valencia eran importantes para los humanos con los que convivían, y solo por eso es bastante lamentable que se cuestione la preocupación hacia estos.
Sencillamente, las personas nos relacionamos con nuestro entorno, y es muy probable que nos sintamos peor por nuestro perro o gato que por humanos a los que no conocemos, con los que no tenemos nada en común, con los que nunca hemos hablado o con los que nos llevamos mal, por mucho que sean de nuestra especie. Mostrar preocupación por otros animales no nos convierte en malas personas, y no es necesario que mencionemos a las víctimas humanas cada vez que queremos hablar de las no humanas para que desconocidos no invaliden nuestras opiniones a través de las redes sociales. Desconocidos que, además, están invalidando los sentimientos de quienes han perdido a sus perros o gatos.
Y no, no es más importante nuestra vida que la de ellos. No somos mejores ni superiores por ser humanos, pero lo que sí somos es demasiado antropocéntricos, lo cual solo significa que nos creemos el centro del universo, pero no que lo seamos.


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