El pasado mes de marzo, se anunció el nacimiento de tres lechones en Japón, en el marco de un proyecto para la obtención de órganos que se puedan trasplantar a personas. En 2023, dos humanos recibieron en Estados Unidos órganos de animales, y ninguno superó los tres meses de vida tras la operación.
Los xenotrasplantes son aquellos trasplantes de órganos o tejidos de unas especies a otras, fundamentalmente de animales no humanos a humanos, ya que la investigación al respecto se centra, como siempre, en el beneficio de nuestra especie en detrimento de otros individuos. Sin embargo, en el ámbito de la medicina, la ciencia, y sobre todo, de la ética, este método no acaba de convencer, no solo por ser cuestionable a nivel moral, sino por la desconfianza sobre su eficacia y seguridad.
Al igual que sucede con todos los experimentos en los que se usan animales en investigación, los defensores de los xenotrasplantes aluden a la cantidad de vidas que podrían salvarse de pacientes en largas listas de espera para los que no hay donantes humanos. Desde el antiespecismo, no podemos justificar el uso de otros animales para nuestros intereses, por muy real que llegue a ser la ahora inexistente eficacia de los xenotrasplantes en un futuro. Puede que haya una posibilidad de que este método ayude a las personas, pero no es válido si ello implica la explotación y muerte de individuos de otras especies.
El desarrollo de los xenotrasplantes no solo supondría la cría de incontables animales sometidos a una vida de sufrimiento, sino también la aparición, con ello, de un potente negocio, otro más basado en el lucro a costa de otros animales, algo similar a lo que ya sucede con el suministro de primates, perros beagle, conejos o ratones para experimentación en laboratorios.
Hasta ahora, la investigación en xenotrasplantes ha tenido como sujetos principales a cerdos modificados genéticamente que pretenden utilizarse para trasplantar sus órganos a humanos. Estados Unidos lidera, junto a Japón, estos experimentos en los que animales sociales, inteligentes y sintientes son tratados como objetos para beneficio humano, privados de su libertad, de su naturaleza y de interacciones con otros individuos.
Estos experimentos están quitando recursos y financiación a otros que sí son éticos, que probablemente sean más seguros y eficaces y que podrían ayudar a las personas sin necesidad de utilizar a otros animales. Japón justifica la inversión en xenotrasplantes por las bajas tasas de donación de órganos en el país, pero lo cierto es que dicha financiación podría derivarse a investigaciones sobre otras alternativas, al fomento de la donación altruista o a la mejora de la calidad de vida de los pacientes trasplantados.
Aunque no se conoce el dato exacto, se estima que millones de animales ya han muerto en el desarrollo de xenotrasplantes. En 2025, Estados Unidos pretende realizar el primer trasplante de riñón de un cerdo modificado genéticamente a un humano, porque para eso sí somos lo suficientemente parecidos a los cerdos. En otros contextos nos interesa diferenciarnos más.
Someter a animales a crueles experimentos o traerlos a este mundo únicamente para ello no es ningún avance. Avance es dejar de explotarlos y usarlos, no ampliar la explotación que ya sufren a nuevos ámbitos.


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