La situación varía en función de cada país | En Reino Unido, investigadores destacan el potencial de crecimiento del sector plant-based con inversión pública
Las primeras alternativas vegetales a la carne que salieron al mercado se caracterizaban por su alto precio y por la dificultad de encontrarlas en tiendas comunes. Poco a poco, estos productos han ido ganando espacio en los estantes de los supermercados, si bien la alternativa proteica por excelencia, las legumbres, siempre han sido accesibles y baratas, aunque el precio puede ser más alto en los países que dependen de las importaciones. Por su parte, las leches vegetales también se acercan al precio de las de origen animal, y en algunos casos ya son más baratas.
Ahora un estudio de la Londres Green Alliance ha destacado cómo la paridad de precios de la proteína vegetal con la carne podría impulsar la sostenibilidad del sistema alimentario. El informe se centra en el caso británico, donde los precios de los productos de origen animal se han disparado, como sucede también en otros lugares, mientras ciertas proteínas vegetales han bajado su coste gracias al aumento de la demanda o la inversión.
El estudio destaca varios cambios clave en los precios de los alimentos proteicos durante el último año y formula una serie de recomendaciones para aliviar el aumento del coste de la vida y avanzar hacia un sistema alimentario más saludable y sostenible.
Inversión
El aumento del precio de la carne y el descenso o estabilización del de algunas proteínas vegetales supone, según el estudio, una oportunidad de inversión, dados los beneficios de los alimentos vegetales para la salud y la crisis climática, dos áreas que requieren una atención inmediata de los gobiernos.
El informe indica que los precios de la carne de vacuno están aumentando más rápido que los del resto de las carnes, con una media del 33%. Algunos productos plant-based, como ciertas hamburguesas o nuggets vegetales cuestan aproximadamente lo mismo que la carne por gramo. «Las alternativas vegetales están demostrando ser más resistentes a las subidas de precios», apunta Lydia Collas, desde la Green Alliance.
Además, el estudio destaca que el interés de la ciudadanía por las alternativas vegetales ya es elevado, y el 60% de la población está dispuesta a probarlas, mientras un 58% ya ha reducido el consumo de carne. Sin embargo, casi una de cada dos personas está preocupada por no poder permitirse la comida en el próximo año.
Los investigadores recomiendan a los Gobiernos que impulsen el crecimiento del sector plant-based a través de financiación y flexibilidad normativa. El estudio apunta también que cada libra de inversión pública en el sector estimula 1’92 libras (2’18 euros) de financiación privada, una tasa de rendimiento superior a la de sectores como el de la investigación en inteligencia artificial.
Cambiar la mentalidad
Otro estudio reciente ha señalado que el sistema alimentario necesita una transformación hacia una escala nunca vista desde la Segunda Guerra Mundial en Reino Unido, para proteger la salud, la economía y el medio ambiente.
La escasez del período de la Segunda Guerra Mundial provocó que los británicos cultivaran sus propios alimentos y redujeran el desperdicio alimentario. Los investigadores sostienen que para evitar futuras crisis ambientales, económicas o de salud pública, Reino Unido debe adoptar de nuevo esa mentalidad.
En el estudio, elaborado por la red Agri-Food Net Zero (AFN) Network+ a lo largo de tres años, han colaborado científicos que piden una transformación urgente en la agricultura, el uso de la tierra y la dieta.
Para ello, los expertos hacen hincapié en la necesidad de cultivar más frutas, verduras y cereales integrales en Reino Unido, al tiempo que se reforestan los bosques y se restauran ecosistemas degradados para lograr un sistema alimentario sostenible, nutritivo, asequible y accesible. Los investigadores advierten de que sin estos cambios, las crisis son inevitables.
A través de estas transformaciones, «podemos reducir la presión sobre el Sistema Nacional de Salud (NHS) y ayudar a las personas a llevar una vida más saludable y económicamente más activa», apunta Neil Ward, codirector de AFN Network+ y profesor de la Universidad de East Anglia. «La naturaleza florecerá, las emisiones disminuirán y la agricultura será más resistente y segura para las generaciones futuras«.
Las conclusiones son extrapolables a otros países, especialmente a los occidentales, donde los sistemas alimentarios son más insostenibles y perjudiciales para la salud y los animales. Ya en 2022, investigadores de la Universidad de Bonn señalaron que el consumo de carne debería reducirse al menos un 75% para que los países occidentales cumplan sus objetivos climáticos.
Para lograrlo, es esencial la colaboración de los Gobiernos, las empresas y y el sector agrícola.
«Las presiones del cambio climático, las crisis mundiales y las dietas deficientes hacen que sea inevitable un cambio significativo en nuestro sistema alimentario en los próximos 50 años», indica Ward. «Si actuamos ahora, todavía estamos a tiempo de moldear nuestro futuro y tener un impacto positivo en la seguridad nacional, la salud pública, el crecimiento económico y el cambio climático», añade.


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