Gatos y aves… ¿Incompatibles?

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Los gatos y las aves no son incompatibles. Ambos forman parte de los entornos urbanos. Ambos merecen respeto. Y ambos sufren las consecuencias de la actividad y el comportamiento humano.

Sobre los gatos se ha vertido demasiado odio en los últimos años. Buena parte de estos ataques proceden de una irreflexiva idea de que los felinos matan a las aves, y no precisamente para comer, sino para jugar. Toda persona animalista sabe que cuando hable de los problemas que afectan a las aves, ya sea la caza, el silvestrismo, la contaminación, la eliminación de nidos, las colisiones con pistas de pádel o los desbroces, entre muchos otros, va a encontrarse con un cuñado que le va a recordar a los gatos. Porque cómo se nos ocurre atrevernos a denunciar el impacto de la acción humana en las aves… ¡Si los culpables de todo son los gatos! Pero no pasa nada, estamos acostumbradas a este tipo de antropocentrismo de manual.

Lo peor de todo es que este «cuñadismo» antropocentrista a veces procede del movimiento ecologista. Una lucha que saca años de experiencia a la animalista, y que tal vez por eso en ciertos asuntos sigue anclada en ideas de los años 80. Una parte del ecologismo todavía no ha entendido que hoy el movimiento se queda cojo sin el enfoque animalista. Y viceversa, por supuesto, porque debemos construir nexos de unión.

Sí, los gatos son depredadores

Es cierto que los gatos son depredadores natos. Matan aves, reptiles, insectos, pequeños mamíferos y otros animales porque forma parte de su instinto.

Cabe aclarar que aquí no distinguimos entre especies porque unas gocen de mayor protección que otras. La vida de un petirrojo, de una abubilla o de un lagarto canario es tan valiosa como la de una paloma, una cotorra argentina o un ratón. Cualquiera de estos animales puede ser depredado por un gato. Todos son individuos con necesidades e intereses propios, y cualquier gestora de una colonia felina con un mínimo de conciencia animalista evitaría, si estuviera en su mano, su depredación. Pero no podemos hacerlo siempre. Y hay que encontrar el equilibrio entre proteger a los gatos y proteger al resto de las especies que habitan en nuestras ciudades y pueblos, entendiendo a los felinos como un depredador natural más.

Pero este depredador no es como cualquier otro. Tiene la particularidad de ser un animal doméstico que no debería estar en las calles por mil razones, más allá de sus instintos de caza. Esto, por supuesto, no implica que tengamos que sacarlos de los entornos urbanos a toda costa. Si ya están ahí, la única acción responsable por nuestra parte es tratarlos con respeto.

CER siempre

Propuestas como sacrificios masivos o reubicaciones forzosas no llevan a ninguna parte. Solo son falsas soluciones tan rápidas como ineficaces. Se ha demostrado que cuando los gatos se eliminan de un espacio, rápido son sustituidos por otros gatos. Es lo que se llama el «efecto vacío«, cuando el territorio queda disponible para el establecimiento de nuevos felinos no esterilizados que acaban formando colonias.

Por eso, la solución es bien conocida y se llama método CER. Eso, y mucha concienciación. Concienciación para evitar el abandono de gatos en colonias felinas, algunos de ellos recogidos de bebés en la misma calle que dejan de gustar cuando son adultos, y el acceso al exterior sin vigilancia de gatos con hogar.

El CER es la única forma de controlar las colonias felinas: impedir su reproducción y prestarles alimento y cuidados en la medida de lo posible, dentro de la hostilidad que supone para los gatos la vida en las calles. El objetivo final es el mismo que el de quienes proponen reubicaciones forzosas y sacrificios masivos: la desaparición de las colonias felinas, solo que a través de un método ético.

Por supuesto, la opción preferible al retorno es siempre la adopción, sobre todo para los gatos sociables que forman parte de esas colonias. Pero lamentablemente, no hay suficientes personas dispuestas a darles un hogar. Tal vez habría más si quienes consideran a los gatos enemigos de la naturaleza los adoptaran. Así también dejarían atrás los prejuicios sobre estos maravillosos animales. Es una pena que haya demasiada gente lamentando el instinto depredador de los felinos, y a la vez tantos gatos cariñosos y sociables «buscándose la vida» en la calle.

Acciones para dejar de hacer daño

La acción humana ha hecho mucho daño a los otros animales. Rechazar la presencia de gatos en un espacio es seguir haciéndoles daño, pero podemos cambiar esta perspectiva, y no es necesario ser un perfecto conservacionista para revertir ese daño a través de nuestras propias acciones, desde adoptar a un gato de la calle hasta dejar de podar árboles en época de cría de aves o ayudar a una paloma que no puede volar.

Que en toda colonia felina hay riesgo de depredación de otros animales por parte de los gatos es un hecho. Que es irresponsable abandonar a un gato en un lugar con presencia de aves (y en cualquier otro sitio) o dejarle acceder al exterior sin vigilancia, también lo es. Pero que todo esto sea una excusa para declarar al gato el enemigo número uno deja mucho que decir sobre nuestra inteligencia.

Desde luego, si hay algo poco inteligente y muy absurdo que se ha dicho últimamente sobre el gato doméstico es que es una especie exótica invasora. Un animal que acompaña al ser humano desde el Neolítico. ¿Entonces qué son los ocho millones de cerdos que se crían en granjas solo en Cataluña? Cerdos que no salen en toda su vida de las naves industriales en las que viven hacinados, pero que tienen un impacto ambiental y sobre las especies salvajes mucho mayor al que puede tener cualquier colonia felina. Sin ser ellos culpables, por supuesto (no caigamos en el infantilismo de quienes tachan a los gatos de invasores).

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