¿Animales u objetos? La paradoja victoriana

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El siglo XIX marcó un punto de inflexión en relación con nuestro trato hacia los otros animales. Suele situarse Reino Unido como el lugar donde esta transición empezó a fraguarse, de la mano de los cambios sociales vinculados a la industrialización y el desarrollo económico, urbano y político. Este contexto está marcado por el reinado de Victoria I (1819-1901), que se alargó desde 1837 hasta la muerte de la monarca.

Lo cierto es que desde antes ya se venía allanando el camino para los cambios que estaban por venir. En ocasiones, se ha afirmado que animales como los perros y gatos pasaron de ser herramientas a ser «mascotas» en el siglo XIX. Pero es imposible pensar que nadie en épocas pasadas hubiera considerado a algún animal como un compañero. Prueba de ello la han dejado testimonios escritos.

En la Edad Media, la tenencia de animales podía constituir un símbolo de estatus asociado a personas de clase acomodada, nobles, aristócratas o clérigos. En el caso de los perros, los utilizaban, además, para la caza, pero también está documentada la tenencia de gatos, primates, loros e individuos de otras especies. La llegada de los europeos a América trajo consigo el regreso de estos con animales nunca antes vistos en Europa, que pasaron a simbolizar el poder colonialista de las potencias de la época.

Ya en el siglo XVIII, Jeremy Bentham (1748-1832) se interesó por el sufrimiento animal. En la misma época, tuvo lugar el auge de los primeros zoológicos, también conocidos como casas de fieras, que albergaban animales de muy diversas especies como muestra de ese poder imperialista.

Londres, 1824: primera Sociedad Protectora de Animales

En 1824, surgiría en Londres la primera Sociedad Protectora de Animales del mundo, que años después pasaría a adquirir el título de «Real» por el apoyo que recibió de la reina Victoria. Más tarde, este impulso se trasladaría a otras ciudades y países que crearon sus propias sociedades protectoras de animales, todavía muy lejos de considerar a las especies salvajes cautivas en zoológicos o víctimas de la caza.

Pero también fueron surgiendo leyes de protección animal relacionadas con el trato que recibían los animales criados en ganadería. Las normas pioneras de este tipo datan del siglo XVII, pero no sería hasta el XIX cuando surgiría la primera ley parlamentaria moderna de protección animal. Se trata de la Ley Martin, ampliada en 1835 para incluir a perros y gatos.

Estas leyes y parte del pensamiento animalista de la época no estaban exentos de clasismo al considerar a las clases bajas como las más crueles con los animales, cuyo trato hacia estos merecía ser castigado, sin tener en cuenta las condiciones materiales de este sector mayoritario de la población y sin valorar cómo mejorarlas para mejorar también el bienestar animal. Como curiosidad, consideraban también que los pueblos mediterráneos eran más crueles con los animales por estar al margen de la civilización.

La era victoriana

En 1837, dio comienzo el reinado de Victoria I, que coincidió con el alejamiento de la población del campo y el desarrollo urbano. En este contexto, se produjeron cambios en la convivencia con perros, gatos y otros animales, cada vez más presentes en los hogares. A veces, se ha situado a Victoria I como una reina influyente en este sentido.

Mujer de estética victoriana junto a dos perros en un parque
Pexels

Se dice que la reina Victoria llegó a tener alrededor de 90 perros a lo largo de su vida. El primero conocido fue Dash, un Cavalier King Charles Spaniel que falleció en 1840. Tras su muerte, la monarca pidió que lo enterraran en el parque del castillo de Windsor con una inscripción en su honor.

Otro de los perros de la monarquía inglesa de la época fue el galgo Eos, que llegó junto al príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo y Gotha (1818-1861) tras contraer matrimonio con la reina Victoria.

En 1845, un teckel llamado Deckel llegó también a la realeza británica. Fue el primero de los perros de esta raza que tuvo Victoria I. Otro de los más conocidos fue Waldman VI, el favorito de la reina, llegado desde Alemania. Waldman VI también cuenta con un memorial en Windsor.

A partir de 1860, la reina se decantó por otra raza, el collie de pelo corto. Uno de ellos fue Sharp, conocido por aparecer en numerosas fotografías. En estos años, también llegó a la vida de la reina un pekinés llamado Looty, que recibió como obsequio.

La configuración de las razas

Entre los perros de la reina Victoria figuraron también otras razas como pomeranias, fox terriers o spitz. Y esto no fue casualidad, porque el siglo XIX es el momento del auge de la selección genética para la conformación de numerosas razas de perros y gatos que hoy conocemos. Atrás quedó la selección para la caza o el pastoreo. Ahora empezaba a primar la estética, surgieron los pedigríes, las exposiciones caninas y los concursos de belleza, que muchas veces se entremezclaban con ferias agrícolas o ganaderas. Con ello, se potenció también la endogamia y buena parte de los problemas de salud asociados a las características físicas que se potenciaban para considerar que una raza era «pura».

En 1859, se publicó la polémica obra de Charles Darwin (1809-1882) El origen de las especies. En ella, el naturalista detallaba cómo el ser humano podía moldear la anatomía de los animales en pocas generaciones. Y la incipiente industria de la cría se lo tomó muy en serio, no solo en la creación de las razas de perros, sino también en las de gatos. La propia reina Victoria tuvo dos persas azules. Estos felinos empezaban a despojarse del título de «caza-ratones» para pasar a convertirse en miembros de la familia, pero también, como los perros y otros animales, en bienes de consumo.

Si antes los animales ya se compraban y vendían como objetos o como esclavos, ahora pasaron a formar parte de la cultura de consumo victoriana de distintas formas y muy especialmente en el ámbito de la burguesía. Se criaban o se capturaban, se exhibían, se fotografiaban, se coleccionaban y seguían comprándose y vendiéndose tanto perros y gatos como aves, conejos, primates y otros animales, así como sus representaciones fotográficas o pictóricas. Destacan las ilustraciones de Louis Wain (1860-1939), que pintó gatos desde 1886 hasta su muerte, a menudo en actitudes humanas vinculadas a las costumbres victorianas.

Con ello, fueron surgiendo servicios y productos específicos para animales, pero también se inició la veterinaria moderna.

Gato duerme en un sillón vintage
Pexels

Animales en la burguesía

Postales, imágenes y textos de la época reflejan una relación especial entre la mujer burguesa y los animales, porque si las mujeres se relegaban al ámbito doméstico, los animales habían pasado también a formar parte de este.

Para la burguesía, un animal podía ser un símbolo de posición social, pero también se reconocía su capacidad para proporcionar placer o compañía. Era también la burguesía la que frecuentaba exposiciones y concursos, y la que contribuyó a conformar clubes como el Kennel Club (1873), que registraba la genealogía de los perros para catalogar cuáles eran «de raza pura». Con ello, se describieron las características que debía tener cada raza y empezó a establecerse una diferencia social entre quien tenía un mestizo y quien tenía un perro con pedigrí.

En cuanto a los gatos, fue en 1887 cuando surgió el National Cat Club, el primer club encargado de registrar los árboles genealógicos de estos felinos para determinar pedigríes y regular la cría y los concursos.

Esta especie de moda convirtió a perros y gatos en productos de diseño de los que ya no se esperaba ningún valor productivo, sino unas características físicas, estatus o compañía. Para las clases trabajadoras, era imposible reproducir el modelo burgués de «mascota», pero eso no implica que no establecieran vínculos emocionales con animales no humanos.

Las razas y otros asuntos pendientes

La configuración de las razas de perros y gatos no es el único «pero» de este momento histórico. La época victoriana coincidió también con el auge de la vivisección, las pieles seguían simbolizando poder económico y la caza seguía siendo un pasatiempo entre las élites. Esta es también la era de oro de la taxidermia, tanto de animales de familia fallecidos como de trofeos de caza para exponer en el hogar o en museos. Los zoológicos seguían siendo el reflejo del poder imperial y la llegada de animales a estos centros de cautividad se hizo más sencilla con el ferrocarril o el barco de vapor. Con ello, los circos y las colecciones de animales itinerantes estaban a la orden del día.

La presencia de animales desatendidos en las calles tampoco era una rareza, aunque fue en esta época cuando surgieron los primeros refugios para su acogida. Uno de ellos fue el Battersea Dogs & Cat Home, fundado en 1860 por Mary Tealby (1801-1865), una mujer como tantas otras que fueron ridiculizadas por preocuparse por los animales, y más concretamente, por abrir un refugio para estos «cuando había personas sin hogar en Londres». ¿A alguien le suena de algo?

Nos suena, como nos suena que siguen existiendo personas que mantiene animales como productos de diseño, como complementos o como objetos de colección. Que los compra, los vende o los regala. Que solo busca razas. En definitiva, personas que los consideran «mascotas» o, como mucho, animales de compañía. Porque al fin y al cabo, seguimos pensando que los animales están para servirnos, y aunque no los utilicemos para guardar la casa, para acompañar a un rebaño o para cazar, creemos que el fin de su existencia es hacernos compañía.

La época victoriana no inventó a los «animales de compañía», pero sí popularizó esta idea. El siguiente paso es pasar a hablar de animales de familia. Algunas ya lo hacemos.

FUENTES CONSULTADAS Y ARTÍCULOS RELACIONADOS

ABC Color (2026). Perros modernos, ideas antiguas: cómo la era victoriana moldeó las razas caninas.

Amato, S. (2015). Beastly Possessions. Animals in Victorian Consumer Culture. University of Toronto Press.

La Casa Victoriana (2015). Happy «Catloween»: Los gatos victorianos de Whittier y Wain.

Gutiérrez, J. M. (2020). Francesc Darder y el inicio de la veterinaria de pequeños animales y especies exóticas en Barcelona a finales del siglo XIX. Dynamis, 40(1), pp. 147-168.

La Zona Veggie (2024). 1847: la primera asociación vegetariana de la historia.

La Zona Veggie (2022). Historia: otros apuntes animalistas del siglo XIX.

López, M. M. (2025). La pasión desconocida de la reina Victoria: hasta 88 perros a los que construyó un refugio de lujo. 20 Minutos.

Morgado, A., y Rodríguez, J. J. (eds.). Los animales en la historia y en la cultura. Universidad de Cádiz.

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