El lobo cumple un papel fundamental en el ecosistema. La ganadería no

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En septiembre de 2021, quedó totalmente prohibida la caza de lobos en España, tras ser incluidos en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (LESPRE). Más de dos años después, siguen apareciendo lobos abatidos por cazadores y las cabezas de estos animales en lugares públicos.

También siguen apareciendo ganaderos quejándose de ataques de lobos, casi siempre a ovejas, como las de Aras de los Olmos (Valencia), que recientemente se ha descubierto que fueron atacadas por perros de rehalas (pertenecientes a cazadores muy interesados en matar lobos) tras haber señalado al lobo como responsable. Esto no es un caso aislado, y no son pocos los casos de perros, y no necesariamente de rehalas, sino también los de los propios ganaderos carentes de atención y cuidados, que atacan a las ovejas que supuestamente deben defender. Otras veces el ganadero directamente simula un ataque para cobrar una indemnización.

Sin embargo, el discurso de que el lobo es el malo del cuento sigue calando, hasta el punto de que la Comisión Europea plantea rebajar su protección. Y es que el debate sobre el lobo no solo está presente en España, y también traspasa las fronteras europeas.

Así, en Estados Unidos la industria ganadera se opuso, sin éxito, a la reintroducción del lobo en Colorado. Estos cánidos no tuvieron la misma suerte en Idaho, donde en 2021 se aprobó la caza del 90% de los 1500 lobos del estado, sin que pudiera demostrarse que el millar de lobos abatidos tuviera algo que ver con los ataques a animales considerados de granja reportados.

Por supuesto que este tipo de medidas tan extremas evitan ataques de lobos a ovejas y otros animales, sencillamente porque prácticamente consisten en el exterminio de una especie en una zona concreta. Lo que ocurre es que los lobos, además de tener valor como individuos, cumplen un papel esencial en el ecosistema. Y la ganadería no. Al contrario, la ganadería no aporta nada, más bien destruye.

El ejemplo al que siempre suele aludirse es la introducción de los lobos en el Parque de Yellowstone en 1995, tras lo cual se estabilizó el ecosistema, y entre otras cosas, se evitó que siguiera creciendo la población de alces de los que también se quejan los agricultores y ganaderos porque «dañan los cultivos».

De hecho, algunos estudios incluso sostienen que la matanza de lobos resulta contraproducente para la propia ganadería, y relacionan la caza de estos animales con un mayor número de ataques.

En Eslovaquia, otra investigación descubrió que no existía relación entre el número de lobos abatidos y las pérdidas de animales considerados de granja entre los años 2014 y 2019. De nuevo en Estados Unidos, un análisis publicado en 2022 sostiene que los animales muertos por ataques de lobos no superaron el 0’21% en el caso de las ovejas y el 0’05% en vacas entre 2015 y 2020, mientras que las pérdidas asociadas a otros factores como enfermedades o el clima fueron mucho mayores: 10% para ovejas y 3% para vacas.

Los científicos sostienen que a la mayoría de los lobos no les interesan los animales considerados de granja, y que suelen preferir animales salvajes de su hábitat como presas, según otro estudio publicado en Dinamarca, donde sus presas habituales son ciervos y alces. También suelen preferir hábitats con masas forestales, y no pastos, lo que sugiere que cuando los lobos se acercan a explotaciones ganaderas lo hacen por necesidad: no encuentran herbívoros salvajes de los que alimentarse, tal vez porque los han matado o ahuyentado los cazadores.

Ni siquiera las investigaciones solicitadas por la Comisión Europea apuntan a la caza como eficaz para solucionar los supuestos ataques de lobos a animales considerados de granja, como el análisis publicado en diciembre que sostiene que la caza no parece reducir las depredaciones de lobos sobre estos, a menos que se lleve a cabo con mucha intensidad. El informe señala que «siete de cada ocho individuos abatidos por este motivo son el individuo equivocado».

Pero la Comisión Europea cree que las poblaciones de lobos han aumentado lo suficiente como para justiciar un cambio en su estatus de protección. También alude a consecuencias económicas para los ganaderos ante los supuestos ataques, pero no explica por qué opta por la caza y no otras soluciones.

Soluciones como repoblar las tierras de pastoreo para proporcionar hábitat a los lobos y otras especies salvajes, vallados de protección o una mayor presencia y vigilancia de los ganaderos en sus explotaciones.

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