Federico II Hohenstaufen (1194-1250) fue un emperador del Sacro Imperio Romano Germánico que no solo ha pasado a la historia por este motivo, sino también por ser una especie de pionero en el estudio de los animales, particularmente de las aves. Sin embargo, sus escritos y su propia actitud hacia los otros animales no escapaban a esa visión de dominación propia de cualquier emperador.
Federico era hijo del también emperador Enrique VI (1165-1197) y Constanza I de Sicilia (1154-1198), quien a su vez era hija del rey normando Roger II de Sicilia. Tanto Enrique como Constanza murieron muy tempranamente, cuando el futuro emperador apenas era un niño, por lo que el papa Inocencio III (1160-1216) actuó como su tutor hasta que cumplió la mayoría de edad. El papado quería evitar la unión de las dinastías germana y normanda en un solo emperador, pues esto podía desafiar el poder de la Iglesia. Sin embargo, Federico II acabó siendo muy molesto para la institución eclesiástica, hasta el punto de que llegó a ser excomulgado por distintos papas.
En plena época de las cruzadas, Federico II se mostró muy tolerante hacia todas las religiones, la cristiana, la judía y la musulmana. Por esta última sentía un interés especial, ya que su arte y su cultura llamaban poderosamente su atención. Eso no significa que su reinado estuviera exento de guerras y batallas. El emperador, que como otros basaba su poder en su ejército, es reconocido por haber puesto fin a la sexta cruzada negociando, eso sí, de forma que la cristiandad recuperara Jerusalén y Belén, entre otras ciudades. Federico II aprovechó para coronarse en Tierra Santa, lo que desató la ira de la Iglesia, recelosa del poder de la casa Hohenstaufen. La muerte de Federico II supuso el comienzo del declive de esta dinastía.
Cultura y animales
El emperador mantuvo su residencia en Sicilia durante la mayor parte de su reinado, en lugar de trasladarse a Alemania, donde habían vivido sus antecesores, pero donde también su poder era cuestionado. En Sicilia, Federico estableció una corte muy rica culturalmente y en 1224, fundó la Universidad de Nápoles. Su reinado ha llegado a considerarse como un precedente del Renacimiento italiano, y no solo en lo que respecta a su amor por la cultura, sino también en su relación con los animales. Como los Médici, Federico II fue un coleccionista de individuos de otras especies.
Desde luego, su relación con los animales no partía del respeto. Al fin y al cabo, era un emperador medieval, que por cierto es recordado como «el primer ornitólogo moderno» y sus escritos han sido considerados antecedentes de ciencias como la zoología, la biología o la veterinaria.
A día de hoy los cazadores siguen afirmando que son quienes más saben sobre animales, y puede que realmente sepan sobre animales, pero su conocimiento se basa en su interés en someterlos. Puede que algo así es lo que le ocurriera a Federico II, que por cierto, también era aficionado a la caza, como tantos y tantos reyes a lo largo de la historia. La diferencia es que Federico escribió sobre animales.
En este ámbito, su tratado sobre cetrería De Arte Venandi cun Avibus (que traducido sería algo así como «El arte de la caza con aves») se considera relevante tanto desde el punto de vista científico como cinegético y es destacado por sus amplias ilustraciones de aves y otros animales, naturaleza y utensilios de caza, aunque estas varían según la edición. En definitiva, un libro sobre caza que aportaba conocimientos sobre los animales para la propia actividad cinegética que influyó en el conocimiento científico. ¿Cómo vamos a esperar que surgiera una ciencia libre de antropocentrismo?
El tratado es un compendio de décadas de acumulación de información de Federico II, quien se vio influido por los conocimientos que llegaban desde Oriente y por sus propias observaciones de la forma de alimentarse de los animales, su comportamiento, sus migraciones o su morfología. En concreto, el emperador estaba obsesionado con los halcones y llegó a traer a Europa cetreros desde Siria para que le enseñaran cetrería y descubrir si los halcones eran capaces de detectar comida con los ojos tapados sirviéndose de su olfato.
Ligado con esto, Federico II puede catalogarse como un experimentador con animales, y más concretamente con aves, no solo por sus ensayos de cetrería, sino porque también los analizó anatómicamente (no sabemos en qué condiciones, aunque podemos intuir que lo hacía tras cazarlos). También experimentó con la incubación artificial de huevos, e incluso intentó comprobar si estos podían eclosionar con el sol como única fuente de calor.
Coleccionista
Puede que su interés por las cultura oriental llevara también a Federico II a ser coleccionista de animales exóticos. Se cuenta que en sus viajes llevaba consigo camellos o que cuando viajó a la ciudad alemana de Worms para casarse trasladó allí varios animales salvajes como adorno para la ceremonia, algunos de los cuales ofreció como regalo a su cuñado.
Pero el emperador también había recibido algunos de estos animales como regalo. Es el caso de la jirafa con la que le obsequió el sultán al-Malik al-Kamil (1117-1238), la primera vista en Europa al menos desde tiempos de los romanos. También le fueron regalados desde Oriente un oso blanco y un pavo real que se sumaban a su colección de halcones y otras aves, felinos como guepardos o linces, hienas, primates y un elefante que utilizaba para las recepciones de sus invitados de honor.
Federico II no mantenía siempre consigo a todos estos animales, sino que poseía una especie de «cadena de zoológicos«, conocidos entonces como casas de fieras o menageries, con tres exhibiciones permanentes en las ciudades italianas de Palermo, Meifi y Lucera. Más allá del interés de conocimiento que estos animales pudieran generarle al emperador, su posesión era una muestra de su poder y del alcance de su imperio, tal como lo fueron otros individuos de estas mismas especies para los emperadores romanos.
Federico II fue apodado stupor mundi (asombro del mundo) y definido como un hombre adelantado a su tiempo. Y así pudo serlo en cuanto a su interés por la cultura y su tolerancia hacia otras religiones, pero no en su trato hacia los animales, algo en lo que nunca dejó de ser un emperador de la Edad Media.
FUENTES CONSULTADAS Y ARTÍCULOS RELACIONADOS
Álvarez, J. (2023). ‘Stupor Mundi’, el monarca medieval excomulgado cuatro veces, experto en filosofía, astronomía, medicina, y ciencias naturales. La Brújula Verde.
Cabanelas, D. (1955). Federico II de Sicilia e Ibn Sab’in de Murcia. Las Cuestiones Sicilianas. Universidad de Granada.
Corral, A. M. (2018). El inicio de la ornitología moderna. ¡Cuánta Ciencia!
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History of the Germans Podcast (2022). The Court of Frederick II.
Santamarina, M. A. (2023). Federico II de Hohenstaufen, el «Anticristo». Zenda.


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