Alberto Magno fue un fraile dominico, obispo, teólogo, filósofo y pionero en el estudio científico, hoy considerado el patrón de las ciencias. Nacido alrededor del año 1200 en Suabia (Alemania) y fallecido en 1280, no fue hecho santo hasta 1931. Es reconocido por ser el descubridor del arsénico, por sus estudios de la naturaleza y la alquimia o por ser el maestro de Santo Tomás de Aquino (1225-1274).
Alberto Magno nació en el seno de una familia noble, vasalla del emperador Federico II (1194-1250), con el que compartía su interés por el estudio de los animales. A una edad temprana conoció diferentes universidades en las que tuvo contacto con la doctrina aristotélica, lo que podría explicar, junto a su contexto histórico y su condición de católico, la posición de superioridad desde la que investigó sobre otros animales.
Sin embargo, las aportaciones de Alberto Magno siempre han sido vistas como un halo de luz en la oscuridad de la Edad Media, cuando el pensamiento científico era castigado si se salía de la doctrina cristiana. Aportaciones que, además, fueron hechas desde dentro de la Iglesia Católica. Poco se ha hablado de cómo Magno interactuaba con los animales a los que investigaba, especialmente con los insectos, en los que el método científico que promovía, basado en la observación, se convirtió en experimentación.
La doctrina cristiana había presentado a los animales desde distintos prismas, aunque tradicionalmente se han considerado inferiores: creaciones de Dios al servicio del ser humano, sin alma o espíritu, como símbolos de conceptos abstractos, del bien o del mal, o como ejemplos moralizantes en las Escrituras. Pero no se había promovido desde esta esfera el estudio de los otros animales desde un punto de vista biológico, anatómico o médico, si bien desde antes de la Edad Media ya se practicaban experimentos en animales con fines de investigación.

Mitos VS. Ciencia
Influido por Aristóteles, pero también por otras corrientes, Alberto Magno comenzó a estudiar la naturaleza como objeto científico, sin intención teológica, y a alejarse de la antigua mitología, pero sin desvincular completamente su pensamiento de la tradición cristiana, si bien ya empezaba a vislumbrarse una separación entre la filosofía o la ciencia y la teología. Así, el fraile estudió tanto las plantas como a los animales, y escribió varias obras al respecto de estos últimos, como De animalibus, la más conocida, que data de la segunda mitad del sigo XIII; Quaestiones super De animalibus, In II Sententiarum, De motibus animalium.
En el siglo XIII, Alberto Magno desmintió numerosísimos mitos populares entonces, como que algunas aves como el avestruz o la cigüeña comían hierro (él mismo le ofreció hierro a un avestruz que lo ignoró, lo que le llevó a plantear que esta creencia era falsa), que los cocodrilos movían solo la mandíbula superior (afirmó haber observado cómo movían también la inferior), que la menta fecundaba a los gatos, que algunos gansos crecían en los árboles como frutas y después caían al agua, que las garzas lloraban lágrimas de sangre, que los gallos ancianos ponían un huevo del que salía una serpiente o que existían águilas acuáticas con garras en la pata izquierda y una aleta en su parte derecha.
Uno de los ámbitos que más interesó a Alberto Magno fue el de la reproducción de los animales, tanto los no humanos como los humanos. En este sentido, clasificó varios tipos de especies: vivíparos, ovíparos que producen huevos perfectos, ovíparos que ponen huevos imperfectos, los que producen larvas, los que producen un humor viscoso y los que nacen por generación espontánea.

Anatómicamente, estableció categorías como los animales voladores, los nadadores (acuáticos), los caminadores y los reptantes (reptiles), si bien estaba de acuerdo en que muchos animales compartían varias de estas características aunque estaban principalmente definidos por alguno de los cinco elementos.
Entre los animales nadadores o acuáticos, diferenció distintos géneros: cefalópodos, cangrejos, mariscos, erizos de mar, anémonas, estrellas de mar, poliquetos, medusas y esponjas.
En cuanto a los caminadores, clasificó tres géneros en una concepción basada en la dominación humana sobre otros animales: las bestias, que serían los animales salvajes o los depredadores; los animales o bestias de carga, utilizados al servicio del ser humano; y el rebaño, domesticados en base a otros intereses humanos, como la alimentación o la vestimenta.
El ser humano formaría también parte del grupo de los caminadores, aunque Alberto Magno no lo encuadró en ninguno de los tres géneros que estableció, basándose en su alma racional por medio de la que ejerce sus actividades vitales pero también las intelectuales, a diferencia de otros animales cuya alma es sensitiva, los capacita para el movimiento, los instintos y la sensibilidad. Este tipo de alma es inferior a la humana, pero superior a la vegetativa de las plantas por la que estas están incapacitadas para el movimiento y los sentidos.
También clasificó a diferentes especies y grupos de animales e investigó la relación de los animales con su medio, la dieta de estos, su biología y enfermedades y curas. Por esto último es también destacado como precursor en la ciencia veterinaria.
Experimentos
Alberto Magno pudo comprobar que los cocodrilos podían mover tanto la mandíbula inferior como la superior a través de la observación, pero no toda su investigación se basó en este método. También era un experimentador, y bastante cruel con los insectos.
En su obra De Animalibus, además de profundas descripciones sobre las hormigas, relata cómo concluyó que las hormigas tenían los ojos en las antenas (lo cual no es cierto) porque al amputárselas a una de ellas comenzaba a «vagar sin saber dónde se dirige, y entonces se une cualquier otra hormiga amiga, agarrándose fuertemente, para poder volver a casa, y en tal manera quedan sujetas, que difícilmente pueden separarse».
También diseccionó grillos para estudiar su anatomía, sumergió a un escorpión en aceite de oliva para después encerrarlo en un recipiente de vidrio durante 22 días (los que tardó en morir) y colocó a una araña sobre una rejilla caliente y a otra sobre la llama de una vela para concluir que eran insensibles al calor e impenetrables al fuego.

Alberto Magno también estudió a algunos animales vertebrados. Fue el primero en describir a las ratas, las comadrejas y los osos polares. También se interesó por los gatos domésticos y las ardillas y fue el primero en nombrar a algunas especies en alemán.
Pero sus descripciones fueron más allá de los animales en sí mismos. Por si quedaban dudas sobre la posición de dominación de sus investigaciones, Magno también describió detalladamente algunos métodos de caza, como el uso de arpones para cazar ballenas, las redes para atrapar faisanes, trampas para peces o los halcones entrenados para la caza de los que hacía uso la aristocracia.
FUENTES CONSULTADAS Y ARTÍCULOS RELACIONADOS
Callabed, J. (2023). Alberto Magno, el santo de la ciencia. La Vanguardia.
De Asúa, M. (1994). El De animalibus de Alberto Magno y la organización del discurso sobre los animales en el siglo XIII. Patristica et Mediævalia, 15, pp. 3-26.
La Zona Veggie (2022). Historia: el estudio de los animales.
Mirmiberica (s.f.). San Alberto Magno.
Paz, J. (2009). La doctrina zoológica en la obra de San Alberto Magno. STVDIVM. Revista de Humanidades, 15, pp. 29-51.


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