En 2025, el Miami Seaquarium cumplirá 70 años, si no cierra antes. El acuario ha sido noticia este 2024 después de que las autoridades ordenaran su desalojo. Este debió haberse producido antes del 21 de abril, pero el parque marino sigue abierto en medio de una batalla legal cuyo desenlace parece que va a alargarse. The Dolphin Company, empresa gestora del acuario desde 2022, no está dispuesta a dejar de seguir haciendo negocio a costa de los animales salvajes a los que mantiene en cautividad sin la oportunidad de ser libres.
El Miami Seaquarium comenzó a construirse en 1954, por iniciativa de un millonario de Ohio llamado Fred D. Coppock, que invirtió dos millones de dólares en el proyecto. El centro abrió sus puertas al público en 1955 y pronto se convirtió en una de las atracciones familiares más populares de Florida y en una parada fija para los turistas. En sus inicios, el parque constaba de tres piscinas, pero las instalaciones fueron ampliándose en los años sucesivos.
Su primera víctima fue una joven manatí cuya cautividad, definida por el Miami Seaquarium como «rescate», ha sido justificada por tratarse de un animal huérfano. Lo cierto es que su uso como reclamo para el público ya estaba en las mentes de los promotores del centro, que la mantuvieron desde antes de su apertura con este fin. Este animal sería el primero de muchos capturados en libertad para entretener a los visitantes. Años después, este y otros acuarios han querido lavar su imagen participando en rescates reales o rehabilitaciones de animales para su reintroducción en la naturaleza mientras se aplaudían a sí mismos y esperaban los aplausos del resto de las personas.
Desde sus inicios, el Miami Seaquarium ha tomado parte en los intercambios (comerciales casi siempre) de animales con otros acuarios. Ya en 1960, el parque envió a Italia una marsopa llamada Palooza con fines reproductivos, pero en 1962 ya contaba con otra marsopa, esta vez albina, que al parecer pensaron que llamaría más la atención.
En 1963, el acuario de Miami se convirtió en el plató de rodaje de la serie Flipper, protagonizada por un delfín, aunque en realidad fueron siete los que se utilizaron durante las grabaciones. La serie se emitió hasta 1967, pero no fue la única que se rodó, al menos en parte, en el Miami Seaquarium. También fue el caso de la primera película de Salty (1967), cuyo protagonista era un león marino; Smokey and the Bandit 3 (1983), e incluso Striptease (1996).
Hugo y Lolita
En 1968, el centro adquirió a la primera orca que mantuvo cautiva, Hugo, y dos años después llegó Lolita, que fue vendida por dos de los hombres que participaron en su captura, Ted Griffin y Don Goldsberry. Lolita se hizo famosa en todo el mundo por vivir en el tanque más pequeño del mundo, y motivó incontables protestas que durante años pidieron su liberación, e incluso acciones legales.
Lolita fue capturada mientras nadaba junto a su familia en 1970, cuando tenía unos cuatro años de edad. La orca pasó más de medio siglo en el Miami Seaquarium, hasta su muerte en 2023, cuando ya se había trazado un plan para su liberación y ocho años después de ser incluida en la lista federal de especies en peligro de extinción por la que las organizaciones animalistas esperaban que dejara de ser utilizada, lo cual no sucedió hasta 2022. Casi siempre vivió obligada a nadar con otros animales con los que era incompatible.
Uno de esos compañeros que se le asignaron fue Hugo, protagonista de uno de los mayores escándalos del Miami Seaquarium. En 1980, Hugo murió a causa de un aneurisma cerebral tras golpear repetidamente su cabeza contra las paredes del tanque, una prueba del daño y el estrés que puede causar la cautividad en estos animales. Previamente, un comportamiento similar de la orca había terminado con la rotura de un vidrio que le produjo un corte.
Cría y nuevas víctimas
En 1975, nació el primer manatí en cautividad del Miami Seaquarium, todo un logro, a ojos del centro, que podía explotar animales sin necesidad de capturarlos en su hábitat y manteniendo una imagen positiva porque «contribuía a la conservación de las especies«. El acuario cuida tanto su imagen que ni siquiera reconoce que ha criado animales en cautividad. En lugar de eso, señala haber traído al mundo animales «bajo cuidado humano«.

En 1992, el Miami Seaquarium permaneció cerrado durante cuatro meses tras los daños que provocó el huracán Andrew en las instalaciones. Los hechos se repitieron de nuevo en 2017, esta vez con el huracán Irma, ante cuya llegada el personal salió del acuario dejando a los animales abandonados a su suerte. El centro permaneció cerrado un mes. Un delfín murió a causa de Irma, y otro cuatro días después del paso del huracán.
Orcas, delfines, manatíes o marsopas no eran suficientes para el acuario estadounidense, y en 2000 optó por traer a sus instalaciones una especie nueva: el cocodrilo, pero no uno solo, sino nada menos que 26.
Al año siguiente, el Miami Seaquarium volvía a aplaudirse a sí mismo y a buscar el aplauso de los demás por haber rehabilitado y liberado a un manatí que se había enredado en un hilo de pesca y cuya aleta tuvo que ser amputada. Tal vez el centro consideró que el animal no iba a ser lo suficientemente estético para sus visitantes o que no iba a poder entrenarlo para hacer piruetas. Además de quedar bien ante la sociedad por rescatar al manatí, acciones de este tipo han servido al acuario durante años para presentarse como innovador en la atención veterinaria a animales salvajes o líder en investigaciones sobre esta cuestión. De hecho, en 1999, practicó la primera neurocirugía realizada a un manatí que había chocado contra un barco, pero el animal murió un mes después de la operación.
Pero no nos dejemos engañar, porque el centro no ha dejado de inaugurar nuevos espacios para confinar animales en estos años, ni de idear nuevas atracciones a costa de estos o adquirir nuevas especies. En 2002, el acuario criaba el primer delfín de flancos blancos del Pacífico nacido en cautividad.
La última década
En la última década se han sucedido las sanciones y llamadas de atención al parque marino de Miami por continuas infracciones. En 2014, fue multado porque los entrenadores trabajaban con orcas sin protección.
Entre 2019 y 2020, el Miami Seaquarium contabilizó seis delfines muertos, tres de ellos por traumatismos, incluyendo agresiones entre los animales, y uno tras quedar su hocico atrapado en una cerca que separaba dos piscinas. Su necropsia reveló que también había sufrido lesiones al ser atacado por delfines incompatibles con los que era obligado a convivir.

En 2021, una inspección concluyó que el centro infringía normas sobre el manejo de los animales, el mantenimiento de las instalaciones y la calidad del agua. Además, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos publicó un informe en el que revelaba una serie de violaciones a la normativa de bienestar animal, que incluso habían propiciado la muerte de animales. En 2022, otra inspección alertó de la disminución de la dieta de varios delfines en un 60%, que según PETA también afectó a Lolita en contra de la recomendación de los veterinarios e incluso a un manatí que murió de inanición; o de agresiones de cetáceos contra visitantes y entrenadores, entre otros asuntos.
Con las redes sociales, hemos visto en los últimos años vídeos que tampoco dejan muy buena imagen del centro, como cuando se viralizó el ataque de un delfín a un entrenador que tuvo que ser enviado al hospital. Al parecer, el cetáceo había golpeado a otro entrenador anteriormente. El centro justificó el suceso como «un accidente». Un accidente demasiado común en parques marinos, debido a la frustración de unos animales que no quieren estar ahí. La presión contra el acuario ha sido tal que durante mucho tiempo ha tenido los comentarios bloqueados en su Instagram.
Como es habitual en los zoológicos, el Miami Seaquarium se vende como protector de las especies en peligro de extinción y del medio ambiente. ¿Y cómo las protege? Obligando a animales de naturaleza salvaje a vivir en cautividad sin cumplir absolutamente ninguna función en su medio natural, pero según su web, esto no es un problema porque «están en un lugar seguro».
Resulta curioso cómo el parque enaltece las contadas rehabilitaciones y rescates de animales salvajes para su liberación en los que ha participado, casos en los que el acuario no tiene ningún reparo en aportar todos los detalles de lo que les sucedía. A su vez, también es capaz de mencionar uno por uno los animales que han pasado por sus instalaciones desde 1955, pero obviando cómo fueron capturados, de dónde procedían o cómo murieron. De igual manera, resalta su actividad investigadora e innovadora en cuanto a la ciencia veterinaria en animales salvajes, mientras las citadas inspecciones han revelado las carencias de atención que padecen los individuos a su cargo.
Según PETA, al menos 120 cetáceos han muerto en el Miami Seaquarium. La falta de transparencia y lavado de imagen hacia el exterior hace difícil cuantificar la cifra de víctimas a las que ha sometido.
Imagen de cabecera: State Archives of Florida.
FUENTES CONSULTADAS
Dolphin Project (s.f.). Miami Seaquarium.
Ferrer, L. (2024). From Flipper to Lolita: 7 key moments in Miami Seaquarium’s turbulent history. NBC Miami.
Miami Seaquarium (s.f.). About Miami Seaquarium.
PETA Latino (2022). Así es Como el Miami Seaquarium Les Ha Fallado a los Animales.


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