Un movimiento unido por el lobo

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El domingo, 22 de junio de 2025 quedará grabado en la historia del movimiento por los derechos de los animales y el ecologismo. Miles de personas aullaron en Madrid contra la caza del lobo, llegadas desde distintos lugares de toda la geografía española. Un día histórico que, sin embargo, habríamos deseado no presenciar, ya que el lobo ibérico jamás debió salir del LESPRE, y mucho menos a través de una enmienda a la ley sobre el desperdicio alimentario y contra toda evidencia científica. Porque la ciencia dice que no hay poblaciones de lobos suficientes para considerar que la especie está fuera de peligro. Pero quienes mandan son los lobbies cinegético y ganadero, que frecuentemente actúan como uno solo.

El domingo, dos movimientos se unieron por una sola causa: la defensa del lobo. Y demostraron que el animalismo y el ecologismo son más fuertes unidos. Porque los lobos importan por su valor ecológico como depredadores, pero también por su valor como individuos sintientes. No hay argumento que pueda rebatir una realidad de tal envergadura, y por supuesto, no pueden hacerlo ni los intereses económicos de los ganaderos ni la sed de sangre de los cazadores, que tan bien representó este 22 de junio esa gran marea roja que recorrió Madrid.

Muchas de las personas que formaron esa marea roja llegaron en autobuses procedentes de distintos lugares de España. Autobuses llenos de personas que viven en el mundo rural. Siguen dando vergüenza ajena algunos comentarios en las noticias publicadas en medios digitales acerca de la manifestación: «Urbanitas», «no han visto un lobo en su vida», «no tienen ganado» (término especista donde los haya) o «que los metan en su casa» son los más repetidos. No merecen más respuesta que ser ignorados. Los pueblos no quieren escopeteros, aunque haya a quienes les cueste reconocerlo.

Manifestación por el lobo en Madrid
Manifestación por el lobo en Madrid

Cuatro años después de ese hito que fue la protección del lobo a través de su inclusión en el LESPRE, esa marea roja volvió a gritar: «Lobo vivo, lobo protegido». No importó el calor, ni esas gotas de lluvia que cayeron a mitad del recorrido. Solo importó, y sigue importando, el lobo. Porque no dejaremos de aullar hasta que esta majestuosa especie vuelva a estar protegida de la ganadería y la caza, que no solo dañan al depredador ibérico por excelencia, sino al conjunto de la biodiversidad.

Por desgracia, ni siquiera en estos cuatro años de máxima protección legal del lobo ibérico este ha estado libre de la persecución de los cazadores. El furtivismo no solo no ha cesado, sino que no ha sido condenado ni investigado con la contundencia que el asunto merece. El lobo no diferencia entre cazadores y furtivos. El animalismo tampoco.

Afirman quienes odian al lobo que sus poblaciones se han multiplicado. Ojalá hubiera sido así, porque eso solo podría ser una buena noticia para nuestros ecosistemas. Por el contrario, lo que se multiplica es la cría de animales para consumo. Eso sí, las licencias de caza disminuyen porque las generaciones más jóvenes no quieren matar en su tiempo de ocio. Por supuesto, aunque los lobos camparan a sus anchas por el monte español, eso no justificaría abatirlos a escopetazos.

Lo cierto es que en España hay menos lobos que linces, según fuentes oficiales. Solo hay que preguntarse por qué el lince sí goza de protección y el lobo no para comprender la arbitrariedad de la exclusión de este último del LESPRE. Hace no demasiados años, ambos depredadores se consideraban «alimañas» porque su presencia molestaba a ganaderos y cazadores. Hemos avanzado en las últimas décadas. Por favor, no demos pasos atrás.

Manifestación por el lobo en Madrid

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