Ser vegano/a no es ser extremista

Algunas personas piensan que el veganismo es una «dieta extrema y restrictiva» o un modo de pensar demasiado extremista. Lo hemos escuchado muchas veces y es un comentario habitual de personas omnívoras a personas veganas. Pero… ¿Ser sensible hacia el sufrimiento de los animales es eso, o realmente lo extremista es utilizarlos constantemente como un producto?

Lo cierto es que, por la educación que hemos recibido, por nuestra cultura o por nuestras tradiciones, nuestra mente a veces no es capaz de asociar un plato de carne, un bolso de piel o un espectáculo del circo con un animal que quería ser libre y pasó su vida encerrado y maltratado hasta su asesinato. Y no todos tienen la ocasión de averiguarlo ni el interés por comprender el antiespecismo, por lo que algunas personas nunca llegarán a entender qué es lo verdaderamente extremista. Tengo la esperanza de que estos sean una minoría en los próximos años.

En la actualidad, tengo claro que quien dice que ser vegano o vegana es extremista, o no sabe nada sobre la industria ganadera o no conoce el significado de la palabra «extremista». Porque… ¿no es extremo asesinar millones de animales en mataderos? ¿No es extremo seleccionar determinados individuos de una especie o razas concretas para que sean más productivas? ¿No es extremo desvincular un filete de carne del maltrato animal? ¿No es extremo utilizar animales, en contra de su voluntad, como entretenimiento? ¿No es extremo cazar y pescar por diversión? ¿No es extremo, en definitiva, creernos superiores? Porque si esa superioridad procede de un cerebro más desarrollado, no entiendo cómo no lo utilizamos para cuidar el planeta y las especies que lo habitan, y por el contrario, sí usamos la razón para dañar a estas.

Ganadería

Por conciencia ecológica o por sensibilidad hacia los animales, el consumo de carne se está reduciendo en los hogares españoles. Sin embargo, aumenta el número de macrogranjas, lo cual evidencia que a los empresarios cárnicos, lácteos o de la industria del huevo lo único que les importa es el negocio y el dinero, y no el bienestar animal (que no existe en ninguna granja). Estas ganaderías enormes, por una parte, son enormemente destructivas para la economía local en los municipios donde se encuentran y, por otra parte, son capaces de albergar muchísimos animales en condiciones pésimas de higiene y de hacinamiento. Por no hablar de la contaminación que provocan en los entornos en que se localizan.

Para quienes se preocupan por el bienestar animal, estos deben saber que la mayoría de la carne del supermercado procede de granjas de este tipo, pues pueden producir más que las ganaderías pequeñas o extensivas, a pesar de que en la clásica imagen en una pantalla de todas las carnicerías aparezca un cerdo o una vaca feliz comiendo pasto. Según la organización Igualdad Animal, en 2018, se asesinó a 910 millones de animales en los mataderos españoles. Un exterminio legal y aceptado por la sociedad. ¿Aun piensas que ser vegano/a es extremista?

Photo by Diego F. Parra on Pexels.com

Selección

La historia reciente de la producción de alimentos de origen animal está marcada por la selección de determinados individuos de ciertas especies para ser más productivos. Las «gallinas ponedoras», las «vacas lecheras», las «vacas de carne» o los «toros bravos» son fruto de esta selección y no existen como tal en la naturaleza, ya que no son una raza diferente.

En el caso de las gallinas, estas, de forma natural, producirían alrededor de unos diez huevos anuales, con el fin de reproducirse; mientras que las denominadas «gallinas ponedoras» pueden poner aproximadamente 300 huevos al año. En mi pueblo, he convivido con gallinas de este tipo, y también con gallinas de diferentes razas, y he podido apreciar por mí misma que las primeras pueden poner un huevo al día, mientras que las segundas tienen una época donde la puesta es mayor y en otras etapas del año no ponen ningún huevo. Las «ponedoras», además, mueren mucho antes que el resto de las gallinas, por norma general, y también enferman más a menudo. En las granjas, si llegan vivas a los dos años, son enviadas al matadero porque ya no producen tantos huevos, y son sustituidas por otras de pocos meses de edad que siguen la misma trayectoria.

Los pollos utilizados para carne, por su parte, denominados broilers, son una variedad de esta especie seleccionada para producir más carne que un pollo de otro tipo. Por ello, estos crecen muy rápido, y en pocos meses alcanzan un peso muy superior al que les correspondería por edad. En las granjas, no llegan a desarrollar enfermedades porque son enviados al matadero, pero en los santuarios donde han sido rescatados, tienen problemas de movilidad, sobrepeso y enfermedades relacionadas con esta selección.

Las vacas «lecheras» también han sufrido esta práctica. Estas vacas, como todas, solo producen leche si tienen un ternero, por lo que son inseminadas una o dos veces al año, obligadas a tener un bebé que les es arrebatado para que no tome la lactancia que le corresponde. Es este bebé es una hembra, sufrirá el mismo destino que su madre. Si es un macho, irá al matadero para que sea convertido en carne. Lo mismo ocurre con ovejas y cabras utilizadas, casi siempre, para la producción de quesos. Lo que hace la selección, en estos casos, es que estos animales segreguen más leche para sacar el máximo rendimiento de ellas una vez han dado a luz. Y así, durante años, hasta que la vaca, cabra u oveja deja de ser productiva y su fin es el de siempre en la ganadería: nuevamente, el matadero.

Los llamados «toros bravos», por otro lado, son animales seleccionados por unas determinadas características de peso o fuerza. Pero en nada se diferencian con otros toros. Ni siquiera son más fieros, más agresivos o más bravíos, como pretenden hacer ver los defensores de la tauromaquia, ya que los rumiantes son animales tranquilos por naturaleza, sin el más mínimo instinto de violencia.

Photo by Jahoo Clouseau on Pexels.com

Ocio

El entretenimiento debería ser un asunto totalmente desligado de los animales. No puede ser que por divertirnos tengamos que permitir y aceptar el maltrato, ya sea a elefantes o leones en circos, a osos en zoológicos, a toros en corridas y encierros o a caballos en carreras. Tampoco la caza y la pesca deberían ser actos de ocio, pues quienes los practican lo hacen por diversión aunque traten de justificarse con argumentos infundados (reflexiono sobre esto aquí).

Bajo mi punto de vista, lo extremista es capturar a un elefante, un primate, un tigre o una serpiente para llevarlas a una vida de encierro y maltrato para que aprendan a tocar la trompeta, hacer malabares o pasar alrededor de un aro de fuego. Y sí, aunque estos animales hayan sido criados en cautividad y nunca hayan vivido en la naturaleza, también me parece extremista obligarles a realizar ese tipo de actividades, pues también son vidas, seres sintientes que no quieren ser maltratados en circos y tampoco quieren ser expuestos como obras de arte en un zoológico (sobre esto también reflexiono aquí). Por supuesto, también es extremista asesinar a un toro que muere por asfixia y de forma agónica en una plaza, así como es extremista, a la par que absurdo y falto de gusto, matar a un ciervo para colgar su cabeza en el salón de casa.

Para colmo, las instituciones extremistas apoyan la ganadería, la caza y los espectáculos taurinos, a la vez que no aceptan subvencionar a centros de rescate que respetan a los animales. Desde luego, algo no va bien en esta sociedad.

En cualquier caso, si sigues pensando que ser vegana y luchar porque los animales sean respetados y tratados como iguales es extremista, efectivamente lo soy.

4 comentarios sobre “Ser vegano/a no es ser extremista

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