¿Qué tiene de malo ir al zoo?

¿Qué tiene de malo ir al zoo? Esta es la pregunta que se hacen muchas personas cuando un vegano o vegana comenta que está en contra de los zoológicos. Personas que quizá entienden que no coman animales porque claramente se produce un asesinato, pero que les cuesta asimilar que en otros contextos también existe maltrato. Además, acudir a un centro de este tipo es una excursión tradicional desde que somos pequeños, pues a los niños les asombra ver desde cerca animales como leones, osos o jirafas. De hecho, es muy recurrente la frase «voy al zoo porque me gustan los animales». Pero no, si realmente eres amante de los animales y vas a este tipo de lugares, es porque no sabes lo que hay detrás.

Soy consciente de que existen zoológicos con un modelo diferente al que conocemos, que funcionan como centros de recuperación o de rescate de especies. Pero no tengo la información suficiente como para apoyar o rechazar estos centros, y por eso en este caso me voy a centrar en los zoos habituales.

Cautiverio

La primera razón por la que el veganismo rechaza los zoos es que estos suponen tener a los animales en cautividad. Animales salvajes que pasan el resto de sus vidas encerrados en estos centros, o que son criados allí directamente y nunca conocen la libertad. En este último caso, estos seres sintientes no pueden ser devueltos a la naturaleza porque no podrían sobrevivir, pero esto no justifica tenerlos encerrados por el beneficio económico del dueño del zoológico. Porque otra cuestión es esta: si estos centros se mantienen abiertos es porque generan demanda, porque hay personas que compran sus entradas y, con ello, se genera un negocio en el que los animales son expuestos como si de un museo se tratara.

Respecto a la captura de animales salvajes para ser trasladados a zoológicos, el ejemplo más claro y conocido es el de Copito de Nieve, el único gorila albino que se ha visto hasta nuestros días. Este primate fue encontrado en Guinea Ecuatorial por un agricultor que mató a toda su familia excepto a él, y que posteriormente lo vendió para ser trasladado al zoo de Barcelona, donde se convirtió en un atractivo turístico para la ciudad, hasta su fallecimiento en 2003. Ser blanco pudo salvarlo de ser asesinado, pero no se salvó de pasar el resto de su vida encerrado y alejado de su naturaleza. Afortunadamente, Copito de Nieve no tuvo, entre sus hijos, ninguno albino, lo cual no dejó de intentarse durante toda su vida. Si esto hubiera sido así, actualmente veríamos otro u otros gorilas blancos expuestos como objetos.

Historias como esta nos demuestran que la mejor manera de contemplar a los animales es en la naturaleza, no en centros de cautiverio que son como cárceles para ellos.

Normalizar la cosificación

En nuestra sociedad, estamos acostumbrados a asistir a zoológicos desde pequeños, con el colegio o en familia, como una actividad para pasar tiempo con los niños haciendo algo que les gusta: ver animales de diferentes especies que les van a sorprender, desde simios hasta serpientes, pasando por osos o cebras. Esta típica excursión se justifica porque, supuestamente, estos centros educan y enseñan a los más pequeños acerca de los animales. Pero nada más lejos de la realidad. Lo único que se consigue llevándonos desde niños a zoos es normalizar la cosificación y el cautiverio.

Como alternativa, podríamos mostrar a los niños lo que hacen en santuarios de animales donde rescatan cerdos, vacas o gallinas consideradas de granja; u otros centros de recuperación que, asimismo, rescatan especies salvajes de zoos, circos u otro tipo de espectáculos. También tenemos a nuestra disposición libros y documentales que nos transmiten cómo se comportan los animales de una forma mucho más respetuosa con ellos, así como una gran cantidad de información en la gran biblioteca que es Internet.

El encierro al que se somete a los animales, en ocasiones, les provoca traumas de por vida. Esto no solo sucede en zoos, sino también en espacios similares como acuarios. No asistir a este tipo de lugares es la mejor manera de mostrar nuestro rechazo. Por el contrario, tenemos la oportunidad de buscar y conocer asociaciones que realmente trabajan por el bienestar de animales de todas las especies. ¿Qué prefieres?

25 comentarios sobre “¿Qué tiene de malo ir al zoo?

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