Historia: la visión de los animales a lo largo del tiempo

Desde el comienzo de los tiempos, los seres humanos han considerado a los animales de diferentes maneras: como alimento, como producto, como medio para conseguir un fin, como método de trabajo, como compañía o como seres sintientes. Entre los propios animales, el ser humano también ha hecho distinciones, por ejemplo, unos tradicionalmente han servido como comida, mientras que otros eran considerados «mascotas».

Aunque en cada época hay una visión dominante hacia los animales, hay que mencionar que no todos los y las pensadoras han considerado a estos de la misma manera, y en todos los momentos históricos ha habido posturas opuestas, más o menos adaptadas al pensamiento común de la sociedad de cada etapa. Desde que el ser humano aprendió a cazar, la práctica de comer animales ha sido común, aunque no en todas las civilizaciones ni de la forma como se hace en nuestros días. También se ha utilizado a los animales, desde hace miles de años, como utensilios de trabajo, por ejemplo en las labores del campo, hasta que pudieron ser sustituidos por máquinas. Sin embargo, los avances tecnológicos no han posibilitado el fin de la explotación animal y en nuestros días todavía hay mucho por mejorar.

Antigüedad

En la antigüedad clásica, encontramos diferentes posturas con respecto a los animales no humanos. Uno de los primeros autores que se cuestionó el consumo de carne y el maltrato animal fue Pitágoras (569 a.C.-475 a.C.), en cuya escuela este alimento estaba prohibido. Otra norma para los discípulos de este famoso filósofo y matemático era la abstención de realizar sacrificios sangrientos, en una época en la que conocemos que los griegos, al igual que los romanos y otras civilizaciones, mataban animales como modo de ofrenda a los dioses en los que creían. Es interesante cómo las religiones, a lo largo de la historia, han sido la justificación para el buen o mal trato de humanos hacia animales, pero de esto trataremos otro día.

Más adelante, nos encontramos con una posición contraria a la pitagórica, la de Aristóteles (384 a.C.-322 a.C.), quien consideraba que los hombres son superiores a las mujeres, y también a los animales. Este filósofo llegó a decir, incluso, que la prohibición de la carne en la época de Pitágoras era referente únicamente a ciertas partes de los animales, algo difícilmente comprobable. Aristóteles justificaba la superioridad de los hombres porque, para él, los animales no tienen racionalidad y, por tanto, no pueden adquirir la categoría de seres con moral. Así, los únicos seres racionales serían los humanos, mientras que el resto de animales son considerados seres irracionales. Este pensamiento imperó prácticamente hasta el Renacimiento, al igual que otras cuestiones de la filosofía aristotélica, muy influente, por ejemplo, en el cristianismo.

Retrato de Aristóteles

Más adelante, y ya después de la etapa de esplendor de la cultura griega, autores como Plutarco (45 d.C.-120 d.C.) o Porfirio (232-304) cuestionaron, nuevamente, el asesinato de animales para obtener carne como alimento y el maltrato hacia estos.

Edad Media y Renacimiento

En la Edad Media, casi no hay testimonios o reflexiones de los pensadores más conocidos acerca del trato hacia los animales. Sin embargo, debemos tener en cuenta que la visión imperante en esta época era la del cristianismo, que considera al hombre (nuevamente se sigue excluyendo a las mujeres en esta etapa) superior al resto de especies, aunque aún estamos muy lejos del momento en que se empezó a hablar de especismo. Uno de los pocos escritos sobre esto es de San Francisco de Asís (1181-1226), quien abogaba por no maltratar animales «de manera innecesaria», frase que deja entrever que el autor sí justificaba el maltrato en algunas ocasiones.

En general, la filosofía escolástica medieval distingue entre hombres y animales, sin considerar a las mujeres ni hacer distinciones más amplias que estas dos categorías.

En el siglo XVII, el considerado como padre de la filosofía moderna, René Descartes (1596-1650) afianzó la idea de que los animales son inferiores porque no tienen capacidad de comunicarse y están al servicio del humano, como las máquinas. De la misma manera, John Locke (1632-1704), padre del liberalismo, consideraba a los animales inferiores porque, según él, no son capaces de tener pensamientos abstractos como el ser humano.

Retrato de René Descartes

Ilustración y contemporaneidad

A partir del siglo XVIII, se evidencia una mayor preocupación por los animales en los escritos filosóficos. La religión había dejado de ser el centro de todo y el pensamiento era más independiente en esta época. Sin embargo, seguimos encontrándonos con reflexiones que consideraban a los animales como seres inferiores, como las del influyente Immanuel Kant (1724-1804), que justificaba dicha inferioridad porque, para él, dichos animales no tienen autoconciencia.

El denominado Siglo de las Luces, por el predominio de la razón, también nos dejó a pensadores como Voltaire (1694-1778), quien equiparó a los animales con las rocas y las plantas. Según Voltaire, los animales pueden sentir dolor, pero no tienen conocimiento de la existencia del mal, como tampoco lo tienen dichas rocas y plantas. Esta visión ha quedado rebatida con posterioridad, pues no se puede poner a los animales en la misma categoría que plantas y rocas, así como tampoco se puede equiparar a las rocas con las plantas, por las diferencias abismales en cada una de estas partes. Por ejemplo, los animales pueden sentir y las plantas no, al carecer de sistema nervioso.

En este momento, ya aparecen algunos tratados que versan exclusivamente sobre la cuestión animal. En 1776, Humphrey Primatt (1734-1776), figura destacada en la lucha por los derechos de los animales, escribió la Dissertation on the Duty of Mercy and Sin of Cruelty to Brute Animals. Este autor, sin embargo, justificaba el uso de animales como alimento.

Por su parte, Jeremy Bentham (1748-1832) vuelve a Descartes para contradecirlo, e indica que lo importante no es tanto si los animales son racionales, o si poseen la capacidad del lenguaje, sino si son capaces de sufrir. Para Bentham, las visiones anteriores consideran a los animales como cosas y han justificado el maltrato a lo largo de toda la historia. Su obra Introduction to the Principles of Morals and Legislation ,de 1780, dedica un capítulo completo a los animales como sujetos de derecho.

También suele nombrarse como referente el escrito Vindication of the Rights of Brutes (1792), atribuido a Thomas Taylor. Sin embargo, esta obra es más bien un panfleto que trata de ridiculizar la Vindication of the Rights of Women de Mary Wollstonecraft (1759-1797), escritora feminista que defendió, en ese texto, la igualdad entre hombres y mujeres ese mismo año. Cabe destacar que esta autora, además de precursora del feminismo, fue una de las defensoras olvidadas en el movimiento de un trato más ético hacia los animales.

Retrato de Mary Wollstonecraft

Otros pensadores como Arthur Schopenhauer (1788-1860) o Leon Tolstoi (1823-1910) defendieron también la necesidad de un trato más respetuoso con los animales. Pero fue Henry Salt (1780-1827) quien publicó la primera obra sobre la defensa de los animales en su totalidad, en 1892, titulada Animal’s Right: Considered in Relation to Social Progress, en la que aboga por no quedarnos en el bienestarismo y avanzar hacia la libertad de los animales, ya sean domésticos o salvajes, y critica el asesinato de estos para convertirlos en carne, así como la experimentación, habitual en esta época; el uso de pieles o la caza.

En este siglo XIX, entre las mujeres que protagonizaron el movimiento sufragista, localizamos también a algunas activistas en defensa de los animales, que sobre todo se posicionaron en contra de la vivisección. Es el caso de Frances Power Cobbe (1822-1904) y Caroline Earle White (1833-1916). Estas mujeres pusieron el foco en la experimentación animal porque fue en este siglo cuando se popularizó, aunque anteriormente también se habían utilizado animales para fines similares.

Pero hay que avanzar hasta 1970 para oír hablar del término «especismo«, acuñado por el psicólogo y activista Richard Ryder (1940-), en una publicación con ese mismo título. En 1975, Peter Singer (1946-) definió más ampliamente esta palabra, en su conocida obra Liberación Animal, que muestra al mundo, por primera vez lo que se oculta en las granjas, mataderos y laboratorios. Más adelante, en 1983, Tom Reagan (1938-2017) rebate lo que siglos antes expuso Kant y dice que los animales sí tienen autoconciencia, más allá de la capacidad de sentir, en su obra The Case for Animal Rights.

Ya en la década de 1990, Gary Francione (1954-) señala, en Property and the Law (1995) la necesidad de abolir la consideración de propiedad para con los animales para terminar con el especismo. Este autor critica también las medidas bienestaristas, que bajo la legalidad, permiten que el maltrato animal quede impune y justifican la explotación. Y al fin, una mujer, Evelyn Pluhar señala, en Beyond Prejudice: the Moral Significance of Human and Nonhuman Animals, el mismo año, que los animales no humanos deben ser respetados y, para ello, desmonta los argumentos especistas más tradicionales. Otra mujer, Joan Dunayer, en 2004, redefine el especismo en su obra Speciesim, donde también critica a autores como Singer o Regan por perpetuar, de alguna manera, esta discriminación en sus reflexiones.

FUENTES CONSULTADAS

Balza. I. (2018). Una biopolítica feminista de la carne: la gestación subrogada como ejemplo de los vínculos de opresión entre las mujeres y los animales no humanos. Asparkía, 33, pp. 27-44.

González, P. M. (2001). Pitágoras. El filósofo del número, Madrid, Nivola.

Llopis, E. (2015). Feminismo y animalismo, dos luchas en común. Rebelion.

Leyton, F. (2010). Literatura básica en torno al especismo y los derechos animales. Revista de Bioética y Derecho: publicación del Máster en bioética y derecho, 19 (2010), pp. 14-16.

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