La industria del cuero

Chaquetas, zapatos, bolsos, maletas, asientos de automóviles y hasta recubrimientos para libros o monederos. El cuero está presente en más objetos de los que imaginamos. Y eso significa que ha habido tortura y muerte. Mucho antes de hacerme vegana -incluso antes de hacerme vegetariana– tuve claro que la peletería es una crueldad, y cada vez que veía a la típica señora con el abrigo de visón para parecer más elegante sentía una enorme pena por los animales. Sin embargo, el cuero me parecía estético, hasta que me enteré de cómo se produce.

Generalmente, a pesar de que el cuero puede proceder de diferentes especies, las vacas son los animales que más sufren el egoísmo humano de vestir con prendas de cuero y la sed de dinero de las empresas que las fabrican. Estas vacas proceden, sobre todo, de La India, país donde supuestamente se consideran sagradas y se evita comer su carne, pero hay todo un negocio dedicado al cuero. Esto se explica muy bien en el documental Earthlings, concretamente en el apartado sobre las pieles; y libros como Diario de un activista (vegano), de Óscar L. Sánchez, también lo explican muy bien.

En alguna ocasión, he oído a defensores de la peletería decir que «utilizamos a los animales por su carne, y ya de paso, una vez muertos, aprovechamos su piel«. Pero esto es totalmente falso en nuestro tiempo, no así en el pasado. La industria peletera es independiente de la cárnica y tiene granjas dedicadas exclusivamente a la producción de piel. En cualquier caso, aunque la ropa de piel procediese de la industria cárnica, no sería ético utilizar este tipo de prendas, ya que igualmente se da el asesinato.

De hecho, incluso la forma de matar a un animal por su carne difiere de la manera como se mata a los animales por su piel, pues en este último caso, se recurre, en muchos casos, a la asfixia para evitar daños en la piel que influyan negativamente en su posterior venta. Estos animales pueden tardar aproximadamente una agonizante media hora en morir, y aunque son aturdidos, son conscientes cuando son despellejados.

El cuero tampoco genera ningún beneficio medioambiental, sino todo lo contrario, es altamente perjudicial para la naturaleza o para recursos tan esenciales como el agua. Este tejido, tal como lo define la RAE es, en primer lugar «el pellejo que cubre la carne de los animales», y en su segunda acepción, el «pellejo de los animales después de curtido y preparado para los diferentes usos a que se aplica en la industria». Este curtido es el tratamiento que recibe la piel después de que se ha matado al animal. Un tratamiento que, además, es tremendamente contaminante debido a los productos químicos tóxicos que se utilizan.

Por tanto, el cuero no es ético ni sostenible (a esto volveré más adelante). Quizá fuera útil y necesario usar pieles para protegerse del frío en la Prehistoria, pero ahora no vale la excusa de «siempre ha sido así», porque en la actualidad no necesitamos piel animal para abrigarnos, y ni la moda ni la estética justifican su uso.

Una experiencia personal

Cuando me hice vegana, dediqué un día a comprobar que no hubiera en mi armario ropa de piel o tejidos de origen animal, y encontré alguna que otra prenda de lana, y también una chaqueta de cuero que me habían regalado. Siempre había pensado que esa chaqueta era sintética, pues asociaba las prendas de piel a niveles económicos bastante más altos que el mío o el de cualquier persona de mi entorno. Pero cuando miré la etiqueta de esa chaqueta, descubrí que tenía un porcentaje de piel de cordero. Jamás volví a usarla, y eso que me gustaba.

Photo by Kat Smith on Pexels.com

Bajo mi punto de vista y en base a mi experiencia, la piel animal es uno de los aspectos de los que es más difícil desprenderse a la hora de hacerse vegano, pues no solo se trata de sacar del armario todo lo que tenías de cuero, sino también de comprobar que tu coche no tenga este tejido en ninguno de sus componentes, o que sencillamente este no esté presente en ninguno de tus objetos cotidianos. En mi caso, jamás he vuelto a usar nada de cuero para vestirme, pero tengo la sospecha de que ciertos tejidos de los asientos de mi coche son de este material, aunque realmente nunca sabré si son sintéticos o no. Pero desde luego tengo claro que me informaré de esto si alguna vez vuelvo a comprar un coche.

Para evitar el uso de prendas de cuero, puedes sustituirlas por ropa sintética, ya sea una chaqueta, unos zapatos o un cinturón. En una simple búsqueda en Internet encontrarás empresas que están innovando en este aspecto y ofrecen ropa de calidad sin sufrimiento, aunque en cualquier tienda donde compres podrás informarte de los materiales que contienen las prendas. Quizá con los zapatos es algo más complicado, pues no solo se trata del tejido en sí, sino también del pegamento que se utiliza, que muchas veces no es vegano.

Pero al igual que en estos años han surgido empresas comprometidas que ofrecen alternativas al cuero, también hay quienes se empeñan en tratar de «reinventarse» dentro de la propia industria. Últimamente, he visto algún que otro proyecto de empresas que se dedican a trabajar el cuero ecológico, normalmente entidades pequeñas que pretenden quizá dar una solución a los problemas medioambientales causados por la industria textil, o que han visto que este negocio es posible gracias a la mayor preocupación de la población acerca de dichos problemas. Sin embargo, yo cada vez estoy más convencida de que la palabra «ecológico» unida a cualquier producto de origen animal, ya sea un tejido, un alimento o un cosmético, da lugar a una expresión contradictoria. Porque la cría de animales destinados a algún tipo de consumo nunca puede ser ecológica ni sostenible, independientemente de que estos animales procedan de La India o de la granja de al lado de mi casa. Y no nos olvidemos de lo más importante: ningún animal nace para ser asesinado y convertido en una chaqueta. La industria del cuero, lleve el apellido que lleve, es maltrato animal.

3 comentarios sobre “La industria del cuero

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