Odiar a unos, amar a otros

Una de las tantas muestras del especismo presente en nuestra sociedad es el amor que demostramos a ciertos animales como perros o gatos, mientras odiamos a otros. Me estoy refiriendo, concretamente, a algunos roedores, como ratas y ratones, si bien esta realidad se repite también con otras especies, como las palomas.

Es cierto que hay personas que conviven con roedores como animales de compañía (el ejemplo más común es el hámster), pero es innegable que existe un rechazo bastante generalizado hacia los que habitan nuestras ciudades, pueblos o campos.

Desde pequeña, he escuchado hablar de trampas o veneno para ratones. La gente las utiliza para «quitarse del medio» a esos roedores que quizá se han colado en alguna finca de su propiedad, en algún garaje o en algún gallinero. Mis abuelos siempre recurrieron a esas técnicas para acabar con los ratones. También mi padre lo ha hecho en alguna ocasión. A mí siempre me produjo pena por los animales, sobre todo desde que me enteré de cómo funcionan esas trampas y venenos que incluso los propios ayuntamientos utilizan cuando aumenta la población de ratas o ratones en algunos barrios o edificios de los que nadie se hace cargo.

Lo peor de todo es que los habitantes de esos barrios no dejan de reclamar que se actúe de esa manera, y se hace bastante complicada la labor de concienciación en estos casos. En este sentido, me gustaría destacar el proyecto de la asociación Ratas en Adopción, así como el trabajo de algunos centros como el Santuario Vegan.

Jamás he convivido con roedores ni he tenido la oportunidad de observarlos detenidamente. Siempre que alguno se ha cruzado en mi camino, se ha esfumado en pocos segundos sin que me diera tiempo a apreciarlo. Desgraciadamente, ya muertos he visto unos cuantos. Quizá por todo ello tengo más empatía hacia otros animales, como gatos, perros o gallinas, con los que sí he convivido. Soy bastante ignorante en o que respecta al comportamiento de las ratas y ratones y a todo tipo de datos acerca de estos. Pero eso no me impide ver que los roedores no son inferiores a un perro, que también sienten, y por ello, me es imposible ser insensible a su sufrimiento.

Es difícil que alguien que los ve como una plaga sienta algo de compasión hacia ratas o ratones, pues para él o ella son invasores y destructores. Pero los animales no entienden de propiedades, ni tienen menos derecho que nosotros a cruzar la calle o a habitar en este mundo. Esto es básico. A partir de ahí, cualquier problema ocasionado por una especie debería ser solucionado de manera ética y responsable. Si es que realmente es un problema, porque la mayoría de las veces, el problema es la humanidad. Somos nosotros los verdaderos invasores y destructores, y por supuesto, no mandamos sobre otros animales.

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