Mi experiencia con las carnes vegetales

Hacerme vegana ha sido la mejor forma de aprender a comer y de distinguir lo que necesito y lo que no, lo que es saludable y lo que no lo es, así como todo tipo de combinaciones de ingredientes, nuevas recetas y un afloramiento de la creatividad en la cocina que jamás habría experimentado si no llevase una alimentación basada en plantas.

En mis comienzos como vegana, me sirvieron de mucha ayuda las escasas alternativas vegetales a la carne que por aquel entonces eran fáciles de localizar, aunque ya empezaban a ocupar un pequeño hueco en las estanterías de supermercados. Sin embargo, la mayor parte de estos productos los compraba en herbolarios o tiendas físicas veganas donde descubrí muchas marcas que antes desconocía.

Así, probé hamburguesas, salchichas o croquetas, filetes de seitán, embutidos veganos tipo jamón york o soja texturizada. Posteriormente, he probado nuggets vegetales, varitas de «pescado», chorizo vegano, «jamón» o «pollo» sin ningún ingrediente de origen animal. Lo cierto es que desde que soy vegana, he probado todo tipo de alternativas, y lo sigo haciendo, pero cada vez tengo más claro que no son necesarias.

Y no es que no me gusten este tipo de productos. Muchos de ellos me encantan, me parece que el sabor de ciertas alternativas es inmejorable y siempre hay alguno en mi nevera o congelador, pero cada vez son menos habituales en mi alimentación, aunque realmente, nunca han llegado a ser muy frecuentes.

Etapas

Creo que las personas veganas tenemos bastante asumido que la base de nuestra dieta deben ser las frutas, verduras, legumbres, cereales, semillas y frutos secos, y que las alternativas veganas a hamburguesas, salchichas o nuggets son de consumo ocasional. Y seguramente no todos lo lleven a la práctica, porque el veganismo no es una dieta, sino que abarca mucho más, y dentro de lo que es la alimentación, hay muchas formas de llevarlo a cabo.

En mi caso personal, he pasado por etapas de querer probar todas y cada una de las hamburguesas del mercado y otras en las que este tipo de productos me resultaban totalmente inapetentes. En muchos casos, he probado productos que después de comérmelos me he arrepentido de comprar, o sobre los que mis expectativas eran mucho más altas de lo que después fue.

Y volviendo al principio, precisamente porque el veganismo me ha enseñado a comer, no tengo ningún problema (y además, me apetece y lo hago con gusto) en cenar un plato de lentejas en lugar de una pizza, en hacerme una ensalada cuando llega el calor en lugar de meter la lechuga, el tomate y el aguacate dentro de una hamburguesa de tofu; o en hacerme yo misma la hamburguesa en lugar de comprarla. Eso sí, no está mal acompañar las lentejas con chorizo vegano de vez en cuando, comprar una pizza vegana del supermercado cuando no hay tiempo para cocinar otra cosa, ni comprar una hamburguesa de soja que sabe exactamente igual que una de ternera.

Quizá ya no me apetezcan tanto como antes, pese a que paradójicamente, estos productos cada vez son de mejor calidad, y quizá ni siquiera sean importantes en la alimentación, pero seguiré probando alternativas de este tipo, porque seguirán saliendo al mercado y siempre me resultan atractivos (reconozco que no puedo resistir la tentación de probar nuevos productos), y a pesar de que no sea la más asidua compradora de estos alimentos, considero que son muy necesarios para demostrar que otra forma de consumir es posible y que la carne sí es reemplazable.

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