Rodeos

Un toro durante un rodeo

Aunque tal vez nos resulten ajenos, los hemos visto en muchas películas y su existencia es ampliamente conocida. Hablamos de los rodeos, una especie de espectáculo taurino (a veces con toros, otras veces con vacas, becerros o caballos) igual de vergonzoso que los encierros o las propias corridas españolas. En este punto, habrá quienes mencionen el clásico comentario: «pero no muere ningún animal«, lo cual no siempre es cierto, y aunque lo fuera, los rodeos no dejan de ser otro ejemplo más de maltrato animal y de esa necesidad absurda de mostrar una superioridad humana (o mejor dicho, del hombre, pues casi siempre son hombres los vaqueros protagonistas de los rodeos). Una supuesta superioridad que queda en entredicho en el momento en el que se nos ocurre celebrar espectáculos de tales características.

Existen diferentes tipos o modalidades de rodeos, con distintas normas. Estos se practican, sobre todo, en Estados Unidos y otros países del continente americano, como México, Venezuela o Chile; y consisten en montar a un animal supuestamente salvaje y permanecer durante un período de tiempo determinado sobre este sin caerse. A veces, la finalidad es derribarlo para atarle una cuerda al cuello, perseguirlo a caballo para derribarlo y amarrarle las piernas. Mientras los jinetes están sobre el animal, pueden golpearlos o pincharlos para que parezcan más fieros.

Porque como en los espectáculos taurinos españoles, estos animales no son «bravos», no son salvajes y no son agresivos, pero los humanos se encargan de que aparenten serlo. Si vemos imágenes de rodeos, es probable que pensemos que los animales son violentos por su comportamiento, pues harán lo posible por derribar al jinete, pero no por hacerle daño a esa persona, sino porque es ella quien lo está dañando y su objetivo es librarse del dolor.

Un dolor que no solo se da en el propio rodeo. A veces, los animales pasan horas en camiones sin comer ni beber antes del espectáculo. También reciben descargas eléctricas y golpes con diferentes utensilios para irritarlos previamente. Además, se les amarra el abdomen con cinchas y se les pinchan los genitales o se les propinan latigazos. Y todo para que un ser pacífico por naturaleza parezca violento. Y todo para que un hombre demuestre su virilidad, aunque sea a base de trampas. Porque en el mundo de los espectáculos con animales, todo es aparentar.

Puede que los rodeos no tengan como finalidad la muerte del animal, pero la mayoría de las veces, esta se acaba produciendo como consecuencia del espectáculo. Muchas veces, los animales mueren por los golpes y el maltrato recibido. Otras veces, su destino tras el rodeo es el matadero.

Los rodeos han suscitado las críticas de los activistas por los derechos de los animales durante años, pero siguen considerándose un deporte en países como Estados Unidos, donde también es una tradición y existen campeonatos y competiciones que no solo atraen a personas de dentro de ese mundo, sino también a turistas que tal vez ignoran lo que realmente es un rodeo.

Sobre este tema, no podemos dejar de mencionar las webs de Turismo responsable con los animales, AnimaNaturalis y Peta Latino, que aportan más información al respecto y que nos ayudan a entender cómo funcionan este tipo de espectáculos desde la lejanía, aunque en países como España, tenemos con qué compararlos.

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