Caza de trofeos: ni conservación, ni progreso

Caza de trofeos, ni conservación ni progreso

La caza de trofeos o trophy hunting es un tipo de caza que consiste en abatir animales salvajes para obtener una parte de su cuerpo a la que los cazadores llaman trofeo, como puede ser un colmillo, unos cuernos o una cabeza. Se practica en diferentes partes del mundo, sobre todo en países de África, Asia o América.

Esta modalidad de caza fue popularizada por los colonos europeos entre los siglos XIX y XX, cuando acabó dando lugar a todo un negocio en el que, desde entonces, han participado algunos de los personajes más reconocidos de la política europea, y en España tenemos uno de los más claros ejemplos.

A día de hoy, no todos los países permiten la caza de trofeos. Es el caso de Kenia o Malawi, pero en otros, como Sudáfrica, genera millones de dólares que, a diferencia de lo que oficialmente se dice, no van a parar a la población local. Prueba de ello es la firme oposición que existe en este país a este tipo de caza. Otros grandes exportadores de trofeos de caza son Namibia, Argentina, Rusia o Canadá.

Detrás de todo esto, hay mucho dinero. Los cazadores pueden pagar miles de dólares por participar en una de estas cacerías, y la actividad suele quedar relegada a quienes pueden permitirse tales cantidades. Estas personas, además, no suelen ser cazadores locales, sino ciudadanos extranjeros que, en muchas ocasiones, acuden a África con la única finalidad de cazar. Desde Europa, se organizan viajes de caza con el objetivo de abatir a los animales más magníficos, no solo en países africanos, sino también dentro de las propias fronteras europeas.

A pesar de que la caza de trofeos es legal en muchos países, no por ello deja de suponer un peligro para especies ya amenazadas por la actividad cinegética o el furtivismo, como los elefantes o los rinocerontes. También la sufren los leones, los leopardos o os búfalos, entre otras especies. En Europa o en Norteamérica, una de las víctimas son los osos.

Sus trofeos, o mejor dicho, las partes de sus cuerpos, tienen en Europa uno de sus principales destinos. Aquí, la importación de trofeos de caza es legal en muchos estados cuando hayan sido obtenidos en cumplimiento de la normativa, y las naciones que más piezas de este tipo reciben son Alemania, España, Austria y Dinamarca, aunque el principal importador sigue siendo Estados Unidos. En algunos países, como Francia, en los últimos años se han puesto restricciones al respecto. A pesar de todo, entre 2014 y 2018, llegaron a Europa 14912 trofeos de caza de 73 mamíferos diferentes, según recoge en un informe la Humane Society International.

¿Y cómo se justifica esto? Es difícil, lo sabemos. Y es que la caza de trofeos, como cualquier otra caza que se practique por ocio, no tiene justificación. Sin embargo, con un simple repaso por webs de caza o echando un vistazo a la información existente sobre trophy hunting, veremos por todas partes la palabra «conservación«. Una vez más, los cazadores se escudan en una supuesta conservación para matar por placer, porque eso es lo único que quieren, en realidad no les interesa conservar ningún ecosistema.

De hecho, los cazadores siempre prefieren abatir a los machos más grandes, es decir, aquellos que más posibilidades tendrán de conservar su especie. Ese fue el caso de Cecil, que indignó al mundo en el 2015, o el de su hijo Xanda, un año después; o el de otros 40 leones que formaban parte del proyecto de investigación de estos.

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