Sin el campo, la ciudad sí puede comer: ¿Qué hay detrás de las tractoradas? 

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En los últimos días, las imágenes de tractoradas en distintas ciudades europeas han ocupado las portadas de los principales medios de comunicación. En ellas, los agricultores aluden a reivindicaciones históricas del colectivo, como los bajos precios que reciben sus productos en comparación con el coste de venta al consumidor, pero también contra la competencia de productos importados desde países como Marruecos, o incluso contra algunos de los requisitos de la PAC, gracias a la cual se mantiene el sector. Otro de sus focos de atención es el Pacto Verde Europeo, puesto que aseguran que les genera demasiados gastos y complicaciones para hacer sus explotaciones más «sostenibles», mientras piden que la Unión Europea dé marcha atrás en sus planes de reducir al 50% el uso de pesticidas, algo a lo que ya ha cedido Ursula von der Leyen. Además, reclaman que los seguros cubran los problemas derivados del cambio climático contra el que parece que se niegan a luchar.

Muchas de las protestas han sido convocadas a través de grupos de WhatsApp, sin informar a ninguna entidad oficial. En estos grupos, según han publicado algunos medios de comunicación y tal como ciertos manifestantes muestran en sus pancartas, tildan de «radicales» las políticas medioambientales, a pesar de que el sector hace ya tiempo que reconoce que el cambio climático es un riesgo real. Sin embargo, los agricultores no parecen interesados en combatirlo, sino más bien en obtener dinero para que las consecuencias les perjudiquen un poco menos. «Somos los más interesados en cuidar el campo«, señalan. Lo cierto es que son los más interesados en explotar el campo. Cuidarlo es otra cosa, y por cierto, nada tiene que ver con fitosanitarios ni pesticidas.

También resulta curioso cómo los manifestantes españoles se quejan de la nueva Ley de Bienestar Animal, porque supuestamente hace «inviables» las explotaciones ganaderas, lo que demuestra que algunos no saben por qué están protestando ni se han leído la ley. Ni siquiera hace falta que la lean entera, pues en cuanto comiencen se darán cuenta de que los animales considerados de producción y los perros considerados de trabajo quedan fuera, o lo que es lo mismo, no les afecta. Pero para nadie es un secreto que la extrema derecha se ha apropiado de las reivindicaciones del sector, por lo que cualquier excusa es buena para criticar lo que ha hecho el Gobierno.

Otra de las reivindicaciones que hemos escuchado estos días es que se saque al lobo del LESPRE por los supuestos daños de esta especie a la ganadería. Lo de siempre. «Cuidar el campo», dicen… Cabría preguntarles quién hace menos daño a las ovejas, ¿el lobo o el ganadero que lleva a una de ellas atada en un tractor a una manifestación?

Por desgracia, el sistema agrícola actual no se entiende sin la ganadería. La mayoría de los cultivos del mundo se destinan a la alimentación de los animales considerados de granja. Agricultura y ganadería son una desde hace décadas y la gran mayoría de los manifestantes de las tractoradas son ganaderos o agricultores cuya producción se destina a la ganadería. Los grandes campos cultivados de cereal que vemos cuando viajamos a lo largo y ancho de nuestro país no producen lo que después compramos en los supermercados, así que no tratéis de engañar a la gente diciendo que «sin el campo, la ciudad no come», porque lo cierto es que actualmente, sin eso que entendéis por «el campo» se os viene abajo el negocio de la explotación animal, justo lo que el medio ambiente necesita.

Al campo no le hace falta la ganadería ni las grandes extensiones de terreno cultivadas que restan espacio a los animales salvajes, a los que se les acusa de provocar daños en los cultivos. El sistema agrícola-ganadero en su conjunto es uno de los principales responsables de las emisiones de gases de efecto invernadero, algo a lo que también contribuye la ganadería extensiva, también denominada de «bienestar animal«, un término que también se ha colado en las tractoradas para quejarse de él. Los habitantes de muchos pueblos, esos que decís defender, no pueden beber agua potable por culpa de la ganadería y están constantemente expuestos a componentes tóxicos. Tampoco pueden disfrutar del campo por si algún cazador o ganadero y cazador está al acecho de algún animal salvaje al que acusa de dañar su negocio.

El sistema agrícola-ganadero es insostenible tal como está concebido, y esa es una verdad que ninguna tractorada puede ocultar. No podemos seguir criando animales por millones a los que alimentamos con toneladas de pienso procedente de grandes hectáreas de plantaciones, muchas veces cultivadas en países como Brasil, contra cuyas importaciones no se quejan mientras hablan de los tomates de Marruecos. Y la Unión Europea no puede seguir financiando este sistema a través de la PAC.

Si no consumiéramos animales, habría espacio suficiente para cultivar los alimentos que comemos, incluso sin necesidad de importarlos desde Marruecos, lo que tanto enfado les genera. Pero los agricultores no quieren eso. Prefieren seguir disfrutando de ayudas, cuanto más accesibles mejor, para seguir explotando cuanto más campo mejor, sin políticas medioambientales ni nada que se le parezca, porque como ellos «nos dan de comer«, cualquier práctica está justificada.

Todavía nadie les ha dicho que no es cierto eso de que «sin el campo, la ciudad no come» o que su fin será nuestra hambre. Nadie les ha hablado de conceptos como el de las ciudades autosuficientes, mucho más esperanzador para el futuro que el planteamiento de seguir criando animales lo más alejados posible de las urbes para que solo unos pocos se quejen por los malos olores y la contaminación. Nadie les ha dicho que sin el campo, la ciudad sí puede comer. Que no son indispensables, o mejor dicho, que su modelo no es indispensable, y ni siquiera es beneficioso para ellos mismos como habitantes de este planeta. Mientras tanto, no seguirán llamando «urbanitas» a modo despectivo a quienes les rebatimos, incluso a las que somos de pueblo.

P.D. Este artículo no va contra los agricultores que sí quieren formar parte del cambio hacia un sistema alimentario más sostenible y que entienden que el tipo de consumo al que estamos acostumbrados es dañino para los animales y el medio ambiente. Por supuesto que se pueden cambiar las cosas y que es necesario que ellos también luchen por los precios que consideren justos, pero no podemos «meter en el mismo saco» a esta parte del sector que a quienes defienden el uso de pesticidas y la explotación animal, que por cierto, son la mayoría de los que acuden a estas manifestaciones.

7 responses to “Sin el campo, la ciudad sí puede comer: ¿Qué hay detrás de las tractoradas? ”

  1. […] modificaciones de última hora se producen tras las protestas de los agricultores que se han desarrollado por toda Europa. «Los responsables políticos están respondiendo al […]

  2. […] que «sin el campo, la ciudad sí puede comer» en referencia a las tractoradas que tuvieron lugar en ciudades de toda Europa supuso hace algo […]

  3. […] reforma de la PAC es una respuesta a las manifestaciones con tractores que tuvieron lugar en las principales ciudades europeas. Sin embargo, la Unión […]

  4. […] ante la suavización de las políticas agrícolas en la Unión Europea, en respuesta a las protestas de los agricultores y ganaderos, que han llevado a desechar o posponer políticas con objetivos de […]

  5. […] de aguacates y almendras o equiparan el impacto de la agricultura para consumo humano con el de la agricultura para uso ganadero, porque todos sabemos que es igual de sostenible y eficiente alimentar con pienso […]

  6. […] de este tipo han estado presentes en los debates más recientes sobre la PAC, y a menudo generan protestas por parte de agricultores y ganaderos cuya presión es más fuerte que las advertencias de los […]

  7. […] política climática y ambiental en Europa no se puede explicar únicamente por la presión de las protestas de los agricultores observadas en los últimos meses. De hecho, años de construcción de una narrativa estratégica […]

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