Que las proteínas son nutrientes necesarios es algo que sabemos bien las personas veganas. Que la carne no es necesaria para obtenerlas… También lo sabemos. Y por supuesto, sabemos que la producción de carne no es ni de lejos la mejor forma de respetar a los animales ni al medio ambiente.
De todas las fuentes de proteínas, la carne es la más insostenible. Su producción requiere la cría de millones de animales, mamíferos o aves, que consumen infinidad de recursos y las granjas donde se albergan, casi siempre en condiciones lamentables, son una terrible fuente de contaminación.
Por suerte, existen las legumbres, grandes olvidadas en muchos hogares, pero que son una alternativa sostenible y respetuosa con los animales a la carne. Otros alimentos vegetales de distintos grupos también son altos en proteínas, como la quinoa o el trigo sarraceno. También la contienen el arroz o los frutos secos, aunque habitualmente se dice que son «proteínas incompletas», ya que no contienen todos los aminoácidos esenciales. Sin embargo, combinados con otros productos (y no necesariamente en la misma comida) sí podemos obtener lo que se denomina «proteína completa».
Carne
La producción de proteína de origen animal no solo tiene un impacto en la propia cría de los animales, sino también en los cultivos con los que se fabrica el alimento que se les da. Grandes extensiones de terreno con sus respectivos fertilizantes, regadío y deforestación, a lo que se añade el impacto del transporte y el metano que emiten las granjas. Por ello, ningún alimento de origen vegetal puede llegar a ser menos respetuoso con el entorno que la carne, por mucha agua que requiera o emisiones a las que se asocie. Lo mismo sucede si comparamos leches vegetales y leche de origen animal.
En particular, la carne de vacuno es la de mayor huella medioambiental, ya que emite unos 50 kilos de CO2 por cada 100 gramos de proteína. Por su parte, la carne de cordero o cabrito emite unos 20 kilos por cada 100 gramos.
Los productos de piscifactorías no están exentos de impacto. Por ejemplo, la producción de langostinos emite unos 18 kilos de CO2 por cada 100 gramos de proteína, aunque en general las emisiones derivadas de la producción de la piscicultura son más bajas que las de la carne. Eso sí, no por ello está exenta de contaminación, riesgo para la biodiversidad y maltrato animal, algo no muy diferente a la pesca comercial.
Si hablamos de carne de cerdo, la cifra es de más de 7,5 kilos de CO2 por cada 100 gramos de producto; y en el caso de los pollos, son unos seis kilos de CO2. Para los huevos, las emisiones son de unos cuatro kilos de CO2 por cada 100 gramos, menos que cualquier carne, pero más que cualquier planta.
¿Y la carne de laboratorio? Aunque su consumo todavía no está extendido y sigue en fase experimental, con la tecnología actual su impacto es de unos 5’6 kilos de CO2 por cada 100 gramos. Probablemente, la cifra disminuirá a medida que avance su desarrollo.
Soja
100 gramos de tofu solo producen algo menos de dos kilos de CO2. La soja es, sin duda, una de las más importantes fuentes de proteína para personas veganas no alérgicas a esta, y aunque algunos odien el tofu, existen otros muchos productos derivados de la soja que no faltan en nuestras despensas o neveras.
Y no, la soja que consumimos las personas veganas no deforesta el Amazonas. Los cultivos de soja en esta selva que han talado hectáreas y hectáreas de árboles se destinan para alimentar a los animales en granjas. A nivel global, solo el 7% de la soja producida es para alimentación humana, y este pequeño porcentaje no suele proceder de Brasil. Entre el 77% y el 90% acaba como alimento en las granjas.
Lentejas
La mayoría de los expertos coinciden en determinar la huella de carbono de un alimento por las emisiones de gases de efecto invernadero que produce, independientemente de la cantidad que requieran de tierra o agua.
En este sentido, para quienes buscan fuentes sostenibles de proteínas, una buena opción son las lentejas, que solo producen 0’84 kilos de CO2 por cada 100 gramos de proteína. Las plantas de lentejas absorben dióxido de carbono y nitrógeno, por lo que pueden crecer sin fertilizantes y no requieren grandes cantidades de agua.

Guisantes
Otra buena opción son los guisantes, que habitualmente se consumen como verduras y no como legumbres. Sus emisiones son tan solo de 0’4 kilos de CO2 por cada 100 gramos de proteína, casi 100 veces menos que la carne de vacuno. Su huella hídrica es también menor a la de otras legumbres y frutos secos.
Judías o alubias
A nivel general, las judías o alubias en sus diferentes variedades y formas se asocian con la emisión de 0’37 kilos de CO2 por cada 100 gramos. Sin duda, una de las fuentes de proteína más respetuosas con el medio ambiente.
Frutos secos
Los frutos secos solo producen aproximadamente 0’25 kilos de CO2 por cada 100 gramos de proteína. Cuando los árboles se plantan en pastos abandonados, pueden ser muy beneficiosos para la absorción de carbono.
Sin embargo, algunos requieren grandes cantidades de agua, como los almendros, que dependiendo de las técnicas y formas de cultivo, tampoco son siempre respetuosos con los animales. Fundamentalmente, el cultivo de almendros en California es enormemente negativo para las abejas.
En definitiva, las fuentes de proteína vegetal más consumidas no superan los dos gramos de CO2 por cada 100 gramos, y esto es algo también aplicable a otros alimentos que no hemos mencionado, como garbanzos, cacahuetes, quinoa o algunas semillas que también son altas en proteína. Ninguna de ellas requiere la explotación de animales hacinados en granjas de las que solo salen para ser enviados al matadero.

Fuente: Sentient Media.


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