Cómo los europeos llevaron a los koalas al borde de la extinción

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Los procesos de colonización y dominio de territorios se han caracterizado por el sometimiento de las poblaciones locales, no solo de seres humanos, sino también de otros animales y el conjunto de la naturaleza. La actitud histórica de los colonos es responsable de numerosas extinciones de animales o de la situación de vulnerabilidad para otros muchos. Es el caso de los koalas en Australia.

Se cree que la evolución de los koalas en Oceanía comenzó cuando el continente empezó a separarse de la Antártida, hace unos 45 millones de años. Se han hallado fósiles de individuos similares datados hace 25 millones de años. Los cambios en el clima y la vegetación habrían dado lugar a la aparición de los bosques de eucaliptos de los que dependen los koalas, que se alimentan de las hojas de estos árboles. Concretamente, necesitan un espacio de alrededor de un centenar de eucaliptos por animal, lo que ha ocasionado que algunas reintroducciones en islas en las últimas décadas no hayan dado los resultados esperados.

Los koalas aparecen en numerosos mitos y leyendas aborígenes, pueblos que llegaron a Australia hace unos 60000 años. Y sí, estos también cazaban koalas para alimentarse y algunas tribus utilizaban sus pieles, pero este factor no produjo grandes variaciones en sus poblaciones, a diferencia de lo que ocurrió tras la llegada de los colonos europeos, que destruyeron más de a mitad del área de distribución del koala en el este de Australia.

El comienzo del declive

Los británicos llegaron a Australia en 1788 y establecieron su primera colonia en Nueva Gales del Sur, lo que marcó el inicio del declive de la especie. El primer europeo que describió a los koalas se llamaba John Price, y lo hizo en 1798 en sus notas de viaje. Más tarde, serían descritos por otros exploradores, y cada uno se refería al koala con distintas denominaciones: cullewine, koolewong, colo, colah, koolah, kaola, karbor, boorabee o goribun fueron algunas de ellas, probablemente basadas en las nomenclaturas utilizadas en los idiomas aborígenes.

En la década de 1810, se atribuyó a los koalas el nombre científico phascolarctos cinerus, considerando que se trataba de una especie de oso, aunque posteriormente se descubrió que era un marsupial.

Ya en estos años, los koalas fueron descritos bajo concepciones negativas, considerados «torpes» e incluso ajenos al «plan de Dios», pero a principios del siglo XX se convirtieron en símbolos de Australia de cara al exterior, junto con los canguros y los emús.

Tras su llegada, los europeos empezaron a convertir los bosques en los que habitaban los koalas en tierras de cultivo o de pastoreo. Posteriormente, utilizaron terrenos para la obtención de madera o los urbanizaron. El hecho de que los eucaliptos sean la única fuente de alimento para los koalas los hacía muy vulnerables a estos destrozos.

En 1802, existen registros del intercambio entre un explorador francés y pobladores locales de lanzas y un trozo de costilla de ternera por dos piernas de koala, pero no fue hasta el año siguiente cuando los colonos capturaron a los primeros koalas enteros.

Ya en 1844, se llegó a relacionar una supuesta expansión de los koalas con la desaparición de las poblaciones aborígenes. La colonización no tenía nada que ver con eso, por supuesto. Eran los koalas.

El primer koala que llegó vivo a Gran Bretaña fue adquirido por la Sociedad Zoológica de Londres en 1881.

Pieles

Por si el daño causado hasta entonces fuera poco, los europeos empezaron a hacer negocio del comercio de pieles de koala, hasta el punto de exterminar a millones de individuos hasta 1930. El período comprendido entre finales del siglo XIX y las primeras décadas del XX fue el más letal. Entre 1888 y 1927, los cazadores mataron a al menos ocho millones de koalas cuyas pieles acabaron, principalmente, en Inglaterra, Estados Unidos o Canadá. Con ellas se confeccionaban forros de abrigos, sombreros, guantes o alfombras. Esta situación llevó a los koalas a la práctica desaparición en el sur de Australia.

Tres millones de pieles de koala salieron de Australia para su venta en el exterior a principios del siglo XX, disparándose hasta diez millones. Entre 1888 y 1918, más de cuatro millones de pieles pasaron por las casas de subastas londinenses, cifra que se estima aún mayor porque no incluye los registros comprendidos entre 1911 y 1914. Solo en 1901, se llevaron a Estados Unidos 400000 pieles de estos marsupiales. En 1919, la cifra alcanzó los dos millones y sería similar hasta 1924.

En los años 20, apenas quedaban unos cientos de individuos en Nueva Gales del Sur, y entre 500 y 1000 en Victoria. En Australia del Sur, se habían extinguido y la especie solo se salvaba en Queensland, hacia donde se desplazó la caza de koalas por su piel. Pese a la gravedad del asunto, en 1924 se estima que salieron de Australia más de dos millones de pieles de koala, cuando la especie ya había desaparecido de buena parte de su área de distribución histórica.

Ya entonces, algunos intelectuales animaban a la protección de los koalas y su posible extinción no pasaba desapercibida para la sociedad, tampoco para algunos gobiernos. Nueva Gales del Sur, Australia Meridional y Victoria dejaron de autorizar cacerías de koalas a comienzos del siglo XX, y tuvieron lugar algunas reubicaciones de pequeñas poblaciones en las islas French y Philip. Queensland fue la última región en prohibirlas, y también la que más se beneficiaba del negocio de las pieles por ser la que contaba con mayor número de koalas.

El caso de Queensland y el «Agosto Negro»

El Gobierno de Queensland autorizó cacerías masivas de koalas en 1915, 1917 y 1919, en las que cualquier método era válido, desde el uso de armas hasta las trampas y venenos. En 1919, las autoridades prolongaron la temporada de caza de estos marsupiales durante seis meses, período en que se asesinó al menos a un millón de estos animales. Después, los koalas vivieron libres de la presión de la caza hasta 1927.

La reapertura de la caza de koalas en 1927 fue justificada por el Gobierno regional por distintos motivos, como la sequía o una supuesta incontrolable población de koalas. La realidad era que el estado estaba pasando por una crisis económica con altas tasas de desempleo que habían generado un amplio descontento social. El Gobierno pretendía dar trabajo a 10000 personas en zonas rurales a las que otorgaría licencias para cazar koalas, y salvarse así en las elecciones.

La temporada de caza duró solo un mes, conocido como el «Agosto Negro«. Los medios de comunicación cifraron en 600000 los koalas asesinados, pero se estima que en total fueron unos 800000, contando a los bebés que quedaron huérfanos sin posibilidad de alimentarse o abatidos por los propios cazadores.

Lejos de contentar a la sociedad, la medida provocó una oleada de indignación ante imágenes que todavía pueden verse en las hemerotecas, como la de un camión cargado de miles de pieles de koalas muertos. Así, se organizaron varias protestas encabezadas por el arzobispo anglicano de Brisbane Gerald Sharp (1865-1933), a las que se unieron asociaciones, ayuntamientos u otras instituciones, grupos religiosos, colectivos de mujeres o de niñas y niños, científicos y soldados.

State Library of Queensland

El periódico Brisbane Courier lanzó una campaña llamada «Spare the Bear» y publicó cientos de textos de protesta de lectores indignados. Algunas aludían a la crueldad de los cazadores que dejaban a crías intentando mamar junto a sus madres muertas y despellejadas. Otras cargaban contra el Gobierno, e incluso una propuso cambiar la caza de koalas por la caza de ministros. Otras alegaban, en un tono un tanto antropocéntrico, que estos animales no suponían ninguna amenaza para los intereses humanos, a diferencia de otras especies a las que se acusaba de dañar los cultivos u otras interferencias con la actividad humana.

De hecho, los habitantes rurales de Queensland solían apreciar a los koalas, y no tanto a otros animales que eran cazados por su piel, como las zarigüeyas, por cuya defensa no se organizaron protestas. El Gobierno de Queensland culpó falsamente a los australianos de otras regiones de haber instigado las protestas, pero lo cierto es que estas estuvieron protagonizadas por los habitantes de Queensland.

El Gobierno de este estado, que había permitido la caza de koalas para salvarse en las elecciones, acabó perdiéndolas. No le valió haber prometido repoblaciones de animales autóctonos en su campaña. El daño ya estaba hecho.

En Estados Unidos, el secretario de Comercio y posterior presidente Herbert Hoover (1874-1964), firmó la prohibición de la importación de las pieles de koala en los años 20. Por su parte, la Commonwealth, que ya había introducido controles sobre el comercio de estas, lo acabó prohibiendo en 10 de noviembre de 1927, tras el «Agosto Negro».

Protección

Las protestas contra las matanzas de koalas se consideran el inicio del movimiento conservacionista en Australia, ya que motivaron la creación de asociaciones en defensa de la fauna salvaje, de parques naturales y de acciones por la educación de niños y niñas sobre la naturaleza. También entre las décadas de 1920 y 1930 se establecieron los primeros santuarios de koalas, como el Lone Pine Koala Sanctuary de Brisbane o el Koala Park Sanctuary de Sídney, cuyo fundador, Noel Burnet (1904-1953), fue el primero en reproducir individuos de esta especie en cautividad. Por su parte, algunos zoológicos también se atribuyeron una labor de conservación de los koalas, eso sí, con ánimo de lucro.

También en esta época se impulsaron los primeros programas de reintroducción o reubicación de koalas en sus áreas de distribución tradicionales, en los que han participado unos 25000 individuos desde 1923.

A finales de la década de 1930, los koalas al fin fueron declarados «especie protegida«, pero no se estableció ninguna ley que protegiera sus hábitats, lo que sigue siendo así casi un siglo después en muchos estados del país.

Amenazas

Con el fin de la caza, no terminaron las amenazas para los koalas. Tras la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), estos siguieron exportándose, ahora vivos, a zoológicos de otros países.

Desde mediados del siglo XX, se han producido grandes incendios que han hecho mella en las poblaciones. A estos se unen las talas, las sequías, el cambio climático o las emisiones de gases de efecto invernadero que disminuyen la ya baja calidad nutricional de las hojas de eucalipto.

En ocasiones, las decisiones de las autoridades han atentado contra la protección que se otorgó a la especie. En los años 60, se consideró a los koalas una amenaza por una supuesta «invasión de eucaliptos» que propiciaban las poblaciones de estos animales. En las décadas de 1970 y 1980 se establecieron regulaciones de protección más estrictas, pero en los 90, se trató de limitar el crecimiento de la especie con unos controvertidos «sacrificios controlados». Esta vez se culpaba a los koalas de causar daños en la flora y la fauna que también dependía de los bosques de eucaliptos y a los que los marsupiales supuestamente dejaban sin alimento.

Además, organizaciones conservacionistas han criticado algunas reintroducciones en zonas dispersas donde la especie no puede prosperar, y piden más esfuerzos. En 2022, el Gobierno australiano declaró a los koalas «en peligro de extinción«. Su estatus de conservación varía en función de la zona geográfica, pero se estima que quedan menos de 100000 individuos.

Australia sigue siendo uno de los países que encabeza las listas de deforestación, letal para los koalas en zonas rurales amenazados por la agricultura y la industria maderera, mientras que los más cercanos a las zonas costeras se enfrentan al crecimiento de las ciudades. Las cada vez más frecuentes sequías están obligando a los koalas a invertir más energía y tiempo de sueño en buscar agua, exponiéndose a un mayor riesgo de depredación y atropellos. También están expuestos a enfermedades. Efectivamente, todavía no se ha atacado la raíz del problema.

FUENTES Y ARTÍCULOS RELACIONADOS

Campbelltown (s.f.). European history of koalas.

Department of Environment and Natural Resources (s.f.). Koalas – past and present.

Ekkel, R. (2024). We once killed 600,000 koalas in a year. Now they’re Australia’s ‘teddy bears’. What changed? ABC.

National Geographic (s.f.). Koala, un icono dormilón.

Price, J. (2014). Koala timeline. Discover Wildlife. BBC Wildlife Magazine.

Save the koala (s.f.). La historia del koala.

Weekly Times (2015). Koala hunt shame revealed.

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