Lizzie, una elefanta en la Gran Guerra

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El ejército británico utilizó cerca de 1’2 millones de equinos durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918), de los cuales se sabe que 484000 murieron a causa de la contienda. Muchos de estos caballos no pertenecían al ejército, sino que fueron comprados o requisados a personas que los utilizaban como animales de carga o transporte, ya fuera en el campo u otras actividades. Así, quienes se dedicaban a estas otras labores fuera del terreno de batalla, tuvieron que buscar alternativas, otros animales, en ocasiones exóticos como elefantes o camellos.

En este contexto de guerra, Sheffield (Inglaterra), conocida como «la ciudad del acero» por su desarrollada industria siderúrgica, desempeñó un papel fundamental en el esfuerzo bélico británico, así como lo haría posteriormente, en la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Esta industria también se nutría de la esclavitud de los animales.

No es extraño que en una ciudad cuya principal actividad es la metalurgia, hubiera alrededor chatarrerías que alimentaban las fundiciones. Aquí entra en juego Thomas Ward, un chatarrero que en 1916 también necesitaba animales considerados de carga, pero los caballos estaban en el frente, y muchos de ellos incluso fuera de las fronteras británicas. Así fue como Ward dio con Lizzie, una elefanta asiática probablemente procedente de India, por aquel entonces colonia británica, que era utilizada en una casa de fieras (lo que hoy conocemos como zoológico) itinerante, si bien algunas fuentes señalan que se trataba de un circo ambulante. Sea como fuera, Thomas Ward terminó alquilando a la elefanta para utilizarla en el transporte de chatarra, maquinaria y municiones.

En 1916, un diario daba a conocer a Lizzie para dar cuenta de que «la escasez de recursos para transportar carretas en Sheffield» había llevado a utilizar a esta elefanta. También destacaba la «facilidad» con la que el animal transportaba las cargas de metal.

La presencia de Lizzie en las calles de Sheffield se hizo habitual durante estos trabajos, ya que realizaba numerosos viajes diarios con toneladas de peso a sus espaldas. La elefanta podía cargar un peso similar al que podían llevar tres caballos.

Entre la ficción y la realidad

Lizzie debía estar acostumbrada a la presencia humana, debido a su pasado en la casa de fieras, y al menos en los primeros momentos, debió causar impresión entre la población local. De ella han trascendido historias en las que no podemos discernir a ficción de la realidad. Se cuenta que tenía un apetito insaciable que la llevó a robar comida en varias ocasiones, incluso colando su trompa por una ventana abierta o en el bolsillo de un muchacho; que un hombre le dio patatas y cuando se las comió seguía siendo tal su hambre que terminó comiéndose el sombrero de otro joven; o que las personas solían darle golosinas. Puede que tras estas leyendas lo que encontremos sea un animal explotado y esclavizado a quien su responsable no proporcionaba una alimentación adecuada, pero ninguna de las biografías de Lizzie existentes hablará de esto (de hecho muchas resaltan su «rica dieta» a base de maíz) ni la presentará como una esclava, sí como una «heroína de guerra», como si los animales tuvieran algo que ver en los conflictos bélicos entre humanos.

Más allá de su apetito, se ha dicho que la elefanta asustó a un grupo de caballos que nunca habían visto un paquidermo; que jugaba con la maquinaria que transportaba o que logró desatascar una locomotora bloqueada por la nieve, por obligación, por supuesto, ya que un elefante no tiene ningún interés en desatascar locomotoras ni es propio de su especie caminar por la nieve. Tampoco sus biografías aluden a estas cuestiones.

Lo que también destacan las publicaciones sobre Lizzie, además de su «rica dieta» a base de maíz, es la protección que se le pusieron a sus piernas, a las que llaman «patas», a través de una especie de botas, que además procedían del uso de otros animales, ya que eran de piel. Con ello, se evitaba que la elefanta se hiciera daño al caminar entre el metal acumulado. Es muy probable que personas de la época dijeran entonces lo que hoy dicen quienes justifican el uso de otros animales: que estaba bien cuidada porque tenía unas botas y comía maíz todos los días. Pensar que Thomas Ward no quería a una elefanta con lesiones en las piernas porque perdería dinero y no porque le importara el bienestar del animal es profundizar demasiado. Relacionar a Lizzie con los esclavos humanos de otras épocas a los que se les proporcionaba comida a diario o elementos de protección para los trabajos que realizaban es también profundizar demasiado.

¿Qué fue de Lizzie?

Sobre el destino de Lizzie después de la Gran Guerra, poco se sabe. Algunas fuentes señalan que continuó con Thomas Ward, pero este la había alquilado y no comprado, por lo que es difícil que esto ocurriera. Otras indican que regresó a la casa de fieras a la que pertenecía, aunque tampoco sabemos a ciencia cierta qué sucedió con esta. También se ha dicho que pasó a ser utilizada como animal de trabajo en una granja, con cargas menos pesadas para su maltrecho cuerpo explotado, pero igualmente como esclava. En Sheffield, perdura la expresión «como un elefante de Thomas Ward», para referirse a alguien que transporta algo muy pesado.

Hoy Lizzie cuenta con una placa colocada en el Edificio Hancock and Lang de Lady’s Bridge, donde solía estar Lizzie en sus paradas o cuando no se encontraba realizando ningún trayecto con carga pesada. Pero hubo otros animales exóticos utilizados en Reino Unido para distintas actividades durante la Primera Guerra Mundial. También había camellos en Sheffield. En Surrey, los elefantes de un circo ocuparon el lugar de los caballos que habían sido trasladados al frente y existen imágenes en que se les puede ver labrando campos o transportando heno. No por ello dejaron de ser utilizados en espectáculos circenses. Ahora eran doblemente explotados. De hecho, ver elefantes paseando por las calles de una localidad era todo un reclamo publicitario para los circos.

Eso sí, en general, los caballos siguieron siendo el principal medio de transporte y para cargas de todo tipo o levantamiento de objetos pesados. Aunque ya existían camiones, estos eran caros, difíciles de arreglar cuando se averiaban y a veces difíciles de manejar para quienes estaban acostumbrados a utilizar animales. Los elefantes fueron usados como una herramienta más, pero no la habitual. No existían entonces organizaciones que se preocuparan por los animales salvajes, así como la Cruz Azul, creada en 1915, ya se dedicaba a recaudar fondos para la atención a los caballos en el frente.

FUENTES CONSULTADAS Y ARTÍCULOS RELACIONADOS

Cumber, R. (2023). Lizzie the Elephant: Remarkable story of circus animal whose wartime heroics made her a celebrity. The Yorkshire Post.

De Graaf. J. (2019). Lizzie the Elephant, Sheffield’s WWI Industrial Mascot. The Fact Site.

Elephant Database (s.f.). Lizzie.

La Zona Veggie (2022). Historia: los animales como instrumentos.

Steers, H. (2015). Lizzie the Elephant’s War Work. Railway Museum.

Tarver, N. (2013). La elefante Lizzie que ayudó a ganar la Gran Guerra. BBC.

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