Peste porcina africana: la solución no la traen las escopetas

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España vive en un estado de alerta máxima por el regreso de la peste porcina africana detectada en jabalís en Cataluña, décadas después del último brote. Así lo constatan los medios de comunicación. El enfoque mayoritario, sin embargo, sigue siendo la defensa de la raíz del problema: la ganadería. Preocupan los intereses económicos del sector porcino, que por desgracia mueve demasiado dinero. No los animales.

A la industria porcina española le aterra la peste porcina africana porque afecta directamente al bolsillo de los empresarios ganaderos. Por eso, están dispuestos a sacrificar a miles de cerdos sanos que pronto serán sustituidos por otros. Y apoyan la caza de cientos de jabalís para prevenir la transmisión de la enfermedad, mientras los cazadores (otra vez) se autodefinen como los salvadores del mundo. Las administraciones, por su parte, defienden los intereses ganaderos y cinegéticos.

Sigue sin cuestionarse, bajo ningún concepto, el modelo ganadero. En concreto, si atendemos al sector porcino, Cataluña y Aragón son las comunidades autónomas con más cerdos, la mayoría en macrogranjas. Estas instalaciones se caracterizan por la insalubridad, el hacinamiento, el confinamiento y el estrés de miles de animales, el caldo de cultivo perfecto para la transmisión de enfermedades. Pero los culpables son los jabalís, los cerdos salvajes libres de la explotación ganadera, pero no de las escopetas de los cazadores. Estos, por cierto, están criando jabalís en granjas cinegéticas mientras afirman que hay sobrepoblación de la especie y culpan a este supuesto de la peste porcina.

Solo unos pocos medios de comunicación han puesto el foco en este modelo de producción. Un modelo que, por supuesto, no va a tocarse. Decretarán matanzas masivas y cacerías sangrientas, pero seguirán autorizándose macrogranjas sin límite que criarán cerdos por millones susceptibles de contagiarse por la peste porcina y otras enfermedades. ¿Qué forma es esta de controlar la transmisión de un virus? Es sencillo. Es la forma menos dolorosa económicamente para el sector porcino, pero terriblemente dañina para los animales, los ecosistemas y la salud pública. Tres aspectos que, con seguridad, no preocupan absolutamente nada al sistema ganadero, y en última instancia, al capitalismo salvaje que se lleva todo por delante si de enriquecer a unas élites se trata.

Por qué preocupa la peste porcina

La peste porcina africana no afecta a la especie humana. Entonces… ¿Por qué tanta preocupación por esta enfermedad en un sistema especista que considera a los animales números? Precisamente por eso, porque los cerdos son vistos como números. A la industria ganadera no le interesa que un virus altamente contagioso entre en las granjas, donde se propagaría sin control, no solo por las propias características del patógeno, sino también por las condiciones en que se mantiene a los animales. Las condiciones idóneas para que esos números no fallen.

Con la peste porcina en las granjas, las pérdidas económicas son seguras: se frenan las exportaciones y las ventas en general. La industria habría criado miles de animales que no les traerían ningún beneficio económico, sino solo pérdidas.

El sector, además, depende ampliamente de las exportaciones, sobre todo a China, donde estas han crecido exponencialmente en los últimos años. Desde hace tiempo, de hecho, la industria porcina mira con preocupación que el gigante asiático donde tradicionalmente la dieta se ha basado en vegetales haya construido sus propias macrogranjas.

«Y el jamón que no falte»

Pero el sistema ganadero vive el momento. No le importan las consecuencias de la actividad más destructiva para el planeta, sino los beneficios económicos que esta trae y que esperan alargar lo máximo posible. Y por ahora, las exportaciones a China siguen siendo la principal garantía para las macrogranjas porcinas en España, mientras en territorio nacional el mensaje se reduce a una idean tan trivial como «el jamón que no falte«.

La industria ganadera nunca va a transmitir que no pasa nada porque no haya jamón en la mesa. Bueno, en realidad, sí pasa. Se salvarían millones de cerdos, se prevendría la expansión de enfermedades como la peste porcina y el planeta nos lo agradecería.

Pero en lugar de salvar, la estrategia contra la peste porcina africana se centra en matar, misma decisión que han tomado países en los que ya han vivido esta crisis en los últimos años, como Alemania e Italia.

En el caso italiano, el afán por favorecer los intereses industria ganadera fue un paso más allá en barbarie. El santuario de animales Cuori Liberi vio entrar a las autoridades a la fuerza en sus instalaciones para matar a todos sus cerdos un fatídico 20 de septiembre de 2023. La fecha ha quedado grabada en el corazón de las personas veganas y antiespecistas. No importó que estos cerdos eran animales respetados como individuos sintientes, ni que jamás fueran a pasar a la cadena alimentaria. Por supuesto, si las administraciones son capaces de decretar matanzas masivas de cerdos sanos y jabalís salvajes, ¿por qué les iban a importar los animales de un santuario que son el vivo reflejo de todo lo que está mal en el sistema ganadero?

2 respuestas a «Peste porcina africana: la solución no la traen las escopetas»

  1. […] El sector de la caza alude, desde hace años, a una supuesta sobrepoblación de jabalís por la que justifican su caza. Este discurso se ha visto respaldado por decenas de imágenes y vídeos de jabalís buscando comida en contenedores o cruzando las calles en municipios, especialmente en zonas como Cataluña, donde en 2023 fueron víctimas de la caza 70000 de estos animales. En esta y otras regiones, la especie se ha visto afectada, en los últimos meses, por la intensificación de las cacerías, esta vez con otra excusa: la peste porcina africana. […]

  2. […] Generalitat ha establecido medidas como la matanza masiva de jabalíes tras detectarse un brote de peste porcina africana en el área de Collserola. El objetivo: evitar la propagación del virus en granjas de cerdos, que […]

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