No fue hasta que las mujeres irrumpieron en la zoología con enfoques renovados cuando dejó de primar la posesión sobre la observación. En el Renacimiento, la ciencia todavía estaba lejos de ese planteamiento. En este contexto, encontramos al que se ha definido como uno de los padres de las ciencias naturales, Ulisse Aldrovandi (1522-1605). Él mismo creía que la mente masculina era superior a la femenina, a pesar de que su esposa, Francesca Fontana, colaboró activamente en sus investigaciones, editó sus escritos y se encargó de preservar su colección tras su muerte.
Pero volvamos al contexto. El Renacimiento fue la época en la que el derecho y la teología dejaron paso a disciplinas más científicas en las universidades, como la medicina, la aritmética y la astronomía. También surgieron nuevos enfoques en la comprensión de la naturaleza, hasta entonces basada en las obras de autores de la Antigüedad clásica como Aristóteles (384 a.C.-322 a.C.) a las que se sumaba el sesgo de la religión. Aunque Aldrovandi y sus contemporáneos trajeron aires renovadores, lo cierto es que no abandonaron por completo la mentalidad medieval.
En el Renacimiento, era común que monarcas y personas adineradas tuvieran sus propias colecciones de piezas de la naturaleza, a veces también de animales, y en muchas ocasiones, vivos. Concepto que después daría lugar a los zoológicos. Con un planteamiento similar surgieron los primeros jardines botánicos, vinculados a la enseñanza de medicina, dada la importancia de las plantas como principal vía de obtención de tratamientos para enfermedades.
Ulisse Aldrovandi
Nacido en Bolonia, Ulisse Aldrovandi se decantó en su primera etapa en la Universidad por el derecho. Pero después cambió radicalmente su área de estudio para centrarse en la filosofía y las matemáticas, materia de la que se graduó en la Universidad de Padua en 1553. Lo hizo tras una etapa en prisión acusado de anabaptista, movimiento cristiano protestante que rechaza el bautismo en la infancia y que se consideraba una herejía.
Su interés por el estudio de la naturaleza, la botánica y la zoología le llegó gracias a su contacto con otros estudiosos, como el botánico Luca Ghini (1490-1556) o el naturalista Guillaume Rondelet (1507-1566). De ahí partieron sus expediciones botánicas, en las que recogía plantas para coleccionar. Pero también coleccionaba animales vivos, muertos o partes de sus cuerpos.
En el año 1561, Aldrovandi se convirtió en el primer profesor universitario de historia natural, área de la que fue nombrado catedrático. En 1568, por petición suya se creó el Jardín Botánico de la ciudad, que dirigió hasta su muerte, durante 37 años.
El naturalista fue suspendido de sus actividades públicas en 1575, tras una disputa con farmacéuticos relacionada con un medicamento. Gracias a su relación con el papa Gregorio XIII (1502-1585), se le restituyó y recibió financiación para editar sus obras.
Obra
De todas ellas destaca su Historia Naturalis, toda una enciclopedia que recopila todos los conocimientos sobre la naturaleza hasta la época, desde los autores clásicos, con amplias descripciones e ilustraciones de animales, vegetales y minerales, algunas de ellas al más puro estilo de los bestiarios medievales. Sin embargo, la mayoría de los volúmenes se publicaron póstumamente, a excepción de los tres primeros sobre aves y uno sobre insectos. Las ediciones póstumas contienen añadidos y cambios.

La obra entremezcla el conocimiento científico con la superstición, las leyendas y las creencias sobre los animales propias de la Edad Media. De hecho, jerarquiza a los animales desde los considerados superiores hasta los inferiores en función del planteamiento de la época. De estos describe todo tipo de especies, incluso animales mitológicos, sus razas, anatomía, hábitat, origen, alimentación, reproducción, enemigos y usos en gastronomía y medicina. Incluso detalla diferentes modalidades de caza y adiestramiento. Todo ello junto con interpretaciones simbólicas o la representación de los animales en jeroglíficos, emblemas o presagios.
Aldrovandi, además, toma de Aristóteles la descripción de los animales que este último definió como «sin sangre», fundamentalmente cefalópodos, moluscos y crustáceos. De hecho, las conchas solían ser parte de colecciones como las del boloñés, y a menudo se pintaban en bodegones.
Ilustraciones
Para Aldrovandi, las ilustraciones eran una parte esencial en cualquier tratado de historia natural, aunque a menudo no se correspondían al cien por cien con la realidad de los animales. El autor reunió miles de dibujos, los supervisaba, e incluso pintó algunos. Pero también empleó a numerosos ilustradores específicamente para su obra.
En estas ilustraciones también se representan seres imaginarios, criaturas mitológicas y monstruos, en una especie de bestiario moderno.

Estas imágenes muestran que pese a la importancia que el boloñés daba al estudio empírico de la naturaleza, sin condicionamientos religiosos, se sitúa a medio camino entre las nuevas ideas de observación directa y los métodos de descripción tradicionales. Tal vez por ello coleccionó tan ingente cantidad de animales, partes de animales y plantas.
La colección
Además de sus propias expediciones, la colección de Aldrovandi se componía de piezas procedentes de distintas partes del mundo, en buena medida gracias a intercambios con su amplio círculo de amigos en el extranjero. Toda una red de naturalistas de cuya conexión tenemos constancia gracias a la infinidad de cartas que también intercambiaron. En ellas, además de «piezas de colección», pinturas o semillas, se comunicaban información relativa a novedades científicas.
Uno de estos amigos influyentes para Aldrovandi fue Guillaume Rondelet, quien le inspiró a coleccionar peces y plantas. Su objetivo: investigar, observar, comparar, comunicar y utilizar su colección para prácticas de estudiantes y enseñanza universitaria.
Dentro de la colección de animales de Aldrovandi, la mayoría eran cuerpos muertos en los que estudiaba la anatomía y a los que utilizaba para sus clasificaciones y comparaciones. Algunos estaban disecados y procedían de pescadores, cazadores, comerciantes u otros naturalistas de los que también incorporó ideas en sus escritos. En otros solo conservaba huesos, esqueletos, pieles o fósiles. Pero también trabajaba con animales vivos para observar su comportamiento, movimientos o alimentación. No podemos afirmar con seguridad que el boloñés no fuera un vivisector, pero sí era un disector.
Su ingente colección se trasladó entre diferentes instituciones en los siglos XVI y XVII. En el siglo XIX, la colección se dispersó, pero en 1907 se intentó reunificar. Solo se logró reunir una parte, que es la que hoy se expone en el Palazzo Poggi de Bolonia. Su herbario, además, se conserva en el Jardín Botánico de la ciudad.
Lo que también se reunió tras la muerte de Aldrovandi fue su obra. Buena parte de sus escritos se publicaron de forma póstuma, de la mano de autores que a veces no respetaron los textos originales. Por ello, las investigaciones sobre Aldrovandi a menudo toman sus cartas como fuente en lugar de sus obras publicadas.
A Aldrovandi lo hizo famoso en Europa su colección, cuando pocas personas, y sobre todo pocos científicos hombres se preocupaban por el uso de animales en investigación. Tal era su prestigio que se dio su nombre a una planta acuática carnívora, la Aldrovanda vesiculosa.
FUENTES CONSULTADAS Y ARTÍCULOS RELACIONADOS
Espores (2014). Ulisse Aldrovandi, los hermanos Ambrosini y el Jardín Botánico de Bolonia. Espores. La veu del Botànic. Revista de divulgación científica del Jardí Botànic de la Universitat de València.
Gabinete del Grabado (s.f.). Ulisse Aldronvadi (1522-1605).
Linda Hall Library (2018). Scientist of the Day – Ulisse Aldrovandi.
Pardo, J. (2020). Ulisse Aldrovandi, coleccionista. Sabers en acció.
Pérez, S. (2014). El gabinete de curiosidades de Ulisse Aldrovandi. Taxidermidades.
Rodríguez, M. (2020). La zoología de Aldrovandi. Folio Complutense.
Worcester Cathedral Library (2022). On the Remains of Bloodless Animals.


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