¿Puede una persona dejar de consumir carne y pescado, pero no otros productos de origen animal, por motivos éticos? ¿Una persona vegetariana financia la industria ganadera de la misma manera que una persona omnívora? ¿Es el vegetarianismo un paso lógico al veganismo?
No, sí y no. Serían las respuestas que daría una persona vegana narcisista. Pero no es tan sencillo. Transmitir rechazo al vegetarianismo desde el veganismo es un error que no conduce a ninguna parte y que solo sirve para alimentar el ego de esa persona narcisista.
Y es que efectivamente, el vegetarianismo puede ser un paso al veganismo. De hecho, lo es en muchísimos casos. Buena parte de las personas que hoy son veganas han sido vegetarianas en algún momento de su pasado. Y lo eran por motivos éticos.
Sí, se puede dejar de consumir carne y pescado por motivos éticos, mientras se siguen consumiendo huevos, lácteos, miel, prendas de lana o marcas de cosméticos que testan en animales. También se puede adoptar una alimentación vegetariana y seguir participando de distintas formas de explotación animal por otras razones ajenas a la ética, desde el seguimiento de una dieta hasta el gusto personal o la preferencia por lo que se consideran alimentos «naturales» (que luego no lo son tanto, pero ese es otro tema).
Es bastante habitual entre las personas vegetarianas haber dado este paso tras ser conscientes de que matar animales para comer no es ético. En estos casos, hablamos de algo que va más allá de una simple elección dietética. La clave está en poder avanzar.
Entre quienes se han hecho vegetarianos por motivos éticos pueden darse distintas situaciones: esa persona que se estanca en el vegetarianismo por comodidad, la que no se hace vegana por prejuicios a los que a veces contribuimos desde dentro del veganismo o la que será vegana en un futuro más o menos cercano. No siempre les falta la información acerca de las implicaciones de la industria del huevo, la láctea u otras formas de explotación animal. O puede que sí. Pero en ningún caso es buena idea transmitir una actitud hostil hacia estas personas.
El veganismo no es una dieta, pero el vegetarianismo a veces tampoco
Si nos empeñamos en señalar que el veganismo no es una dieta, deberíamos también dejar de ver el vegetarianismo como una mera elección dietética. Es innegable que el consumo de productos de origen animal que no proceden de mataderos contribuye a financiar la industria ganadera, al igual que el consumo de carne. Pero también lo es que la palabra «vegetariano» no gusta nada a esta industria. El sector cárnico difícilmente subsistiría en un país donde la mayoría de la población es vegetariana. ¿Podría subsistir el lácteo o del del huevo, sin poder convertir en carne a los animales que no les son rentables?
Así que, respondiendo a la segunda pregunta: no. Una persona vegetariana no financia la ganadería de la misma forma que quienes consumen carne todos los días de la semana.
El vegetarianismo ético no es el punto de llegada que propone el veganismo, pero tampoco es un enemigo. Pese a seguir vinculado a la explotación animal, para muchas personas representa una ruptura con la idea de que los animales existen para nuestro aprovechamiento.
Quien abandona la carne o el pescado ya ha dado un paso que la mayoría de la sociedad ni siquiera se plantea. A partir de ahí, hay quienes permanecerán en el vegetarianismo, o incluso quienes lo abandonarán, y quienes terminarán abrazando el veganismo. Pero lo verdaderamente útil es tender puentes en lugar de levantar barreras.


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