¿La caza genera riqueza?

,

¿La caza genera riqueza o es el conjunto de la ciudadanía, con una mayoría en contra de la actividad cinegética, quien la sostiene sin saberlo? Más bien, lo segundo. Un estudio reciente de la Fundación BBVA ha mostrado que un 84% de los españoles se posiciona en contra de la caza, mientras que en el conjunto de la Unión Europea solo un 12% del mundo rural está a favor de esta actividad. Pero no es fácil luchar contra un sector que cuenta entre sus filas con personas pertenecientes a las familias que conforman las grandes fortunas de nuestro país, con políticos, alcaldes e individuos que portan armas, sin olvidar a los medios de comunicación locales que les dan voz y sitúan esta actividad como esencial en el mundo rural.

Un mundo rural en el que quienes no practicamos ni defendemos la caza nos hemos de resignar a quedarnos en casa un domingo soleado junto a nuestros perros por si nos alcanza algún disparo. Sí, quienes nos dicen que sus perros son más felices cazando que los nuestros en pisos son los mismos que nos obligan a no llevar a nuestros perros al campo para protegerlos, e incluso a veces ni siquiera en casa estamos seguros. También desde casa, por cierto, podemos escuchar los aullidos y ladridos incesantes y desgarradores de esos perros de cazadores que malviven en fincas o en casetas en las que permanecen la mayor parte del tiempo. «¡Que alguien los rescate!», pensamos, mientras otros piensan: «Solo son perros» o «es normal». Y quién va a hacer algo por ellos, si en los pueblos sus lamentos ya son sonidos comunes, tanto que muchas personas ni siquiera los escuchan. Es triste que el abandono acabe siendo la salvación para algunos de esos perros. Para otros el abandono solo es la antesala de la muerte.

Pero hay otro tipo de maltrato animal que solo ven los cazadores, escondido a ojos de la sociedad, aunque podamos intuirlo. No demos detalles sobre cómo rematan a jabalíes con cuchillos, sobre cómo separan familias o sobre la agonía de los animales a los que persiguen, que empieza mucho antes de ser abatidos.

Todo esto es lo que se esconde tras la palabra «caza», que suelen utilizar como un término casi abstracto que justifican, entre otros motivos, porque genera riqueza, especialmente en los pueblos. En el concepto de «riqueza», engloban desde el café que se toman los cazadores en el bar del pueblo antes o después de la jornada hasta la subasta de trofeos como cornamentas de ciervos.

La realidad es que las federaciones de caza las pagamos todas las personas, incluidas las que rechazamos la caza. Así, la Federación Española de Caza ha recibido en los últimos años medio millón de euros en subvenciones, si bien es superada por las federaciones gallega, balear, valenciana, madrileña, riojana, extremeña y catalana. Esta última supera el millón de euros en subvenciones, y si se cuentan todas las ayudas recibidas por el sector, incluidas las acciones de «control cinegético» o las destinadas a actividades de fomento de la actividad, como ferias u otros eventos, se superan los 13 millones. Son cifras de un estudio publicado por PACMA que recoge datos de entre 2018 y 2024.

Cabe destacar que la cuantía recibida desde 2018 no ha dejado de aumentar, a la par que caían las licencias, que han disminuido un 45% en los últimos 20 años, a pesar de que en comunidades como Castilla y León son gratuitas como medida para revertir la caída. En otras, están bonificadas, y todo esto genera un gasto que no está siendo recompensado con beneficios. Menos del 2% de la población practica la caza (legalmente). El resto está pagando lo que PACMA ha denominado «el chiringuito de la caza».

La caza no va a venir a salvar la economía de los pueblos. Cuando esta actividad tiene lugar, automáticamente se impide cualquier otra en la naturaleza, como el turismo ligado a esta, el senderismo u otros deportes, o la propia observación respetuosa de la fauna salvaje. Además, la contaminación causada por la munición de los cazadores convierte los montes en espacios nada deseables para practicar estas actividades alternativas, cuyos interesados, por cierto, también dejarían sus dos euros en el bar del pueblo. Tal vez sea ese el objetivo final. Que nadie más que quienes matan por ocio pisen el campo.

Deja un comentario

Entrada anterior:
Entrada siguiente:
contenido relacionado

Descubre más desde La Zona Veggie

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo