El factor social en el veganismo

Ser vegana es la mejor decisión que he tomado en mi vida, la más consciente y la que me ha hecho descubrir muchísimas cosas positivas. Sin embargo, no todo ha sido bonito en este camino, y en algunos aspectos, no siempre ha sido la posición más cómoda. Me refiero, sobre todo, a esos momentos en los que tengo que lidiar con el resto de la sociedad, o al menos, con algunas personas que están muy lejos de comprender el veganismo. Sin duda, el factor social ha sido lo que más me ha costado, y me sigue costando a día de hoy.

Cuando decidí hacerme vegana, lo que más miedo me daba era encontrar los alimentos suficientes para seguir comiendo bien, aunque tampoco es que temiese demasiado a esto porque ya sabía que no era un problema y, como ya era vegetariana, había reducido hace tiempo diferentes alimentos de origen animal. Y efectivamente, esto no fue para nada difícil, aunque me pasaba horas en el supermercado mirando los ingredientes de todos y cada uno de los productos que podría comprar, por si contenían algo de origen animal, lo que sigo haciendo en la actualidad. También es cierto que, a la hora de comprar productos procesados, me costaba un poco más, porque la mayoría llevaban huevos o lácteos y no había tanta variedad veggie.

Más allá de eso, lo que no me esperaba era la forma como mi cambio hacia el veganismo iba a «molestar» o ser rechazado por tantas personas de mi entorno. Mis amigas de siempre me decían que es muy restrictivo y radical, que me iban a faltar vitaminas, proteínas u omega 3 y debía ir al médico urgentemente para que me hicieran analíticas (como si esto fuera algo que solo tienen que hacer los veganos), que comer carne y tomar leche es necesario (pero solo para las personas veganas, porque para quienes no lo hacen porque no les gusta o por motivos religiosos no es necesario), que estoy delgada por mi alimentación vegana (como si antes de eso no lo estuviera), que hay que comer de todo, y un sinfín de argumentos más que me ocuparían un post entero. Mis padres, por suerte, nunca han rechazado que sea vegana y no le dan demasiada importancia, aunque algún que otro comentario sí me han hecho. En cualquier caso, a día de hoy creo que mi madre sigue sin saber lo que significa ser vegana.

Con el resto de la sociedad, casi siempre he procurado no sacar el tema del veganismo, precisamente para evitar comentarios como los anteriores, aunque ha veces no ha sido posible y otras veces han sido otras personas quienes lo han mencionado. Cuando he estado con gente vegana o vegetariana, entonces sí he comentado que yo también lo soy, porque en estos casos sabía que no se me iba a juzgar, aunque en una ocasión una chica vegetariana me dijo que no se hacía vegana porque era deportista y le iban a faltar proteínas. Por aquel entonces, no tenía los argumentos suficientes como para explicarle que no iba a ser así, al igual que tampoco tenía argumentos para rebatir otras cuestiones.

Dos mundos

Me hice vegana antes de comenzar mi segundo año en la universidad, y tengo que reconocer que en ese ambiente estudiantil me he sentido más arropada en el tema del veganismo que en mi entorno de siempre. Dos mundos que, para mí, chocaban. Por eso, donde peor lo he pasado, en cuanto al factor social, ha sido en mi pueblo, en el que muchas personas aún tienen una mentalidad muy tradicional (no solo en la alimentación), y también hay bastantes ganaderos y cazadores, y aunque soy contraria a esas prácticas nunca he tenido discusiones con ninguno de ellos por este tema.

Sin embargo, en una ocasión, un ganadero me dijo que, si no como carne, me van a faltar nutrientes, a lo que respondí que todos los animales que son utilizados para consumo son herbívoros y obtienen esos nutrientes de vegetales o de piensos fortificados. Su respuesta fue: no me convences. Es evidente que se quedó sin argumentos y no supo contestar algo más elaborado, pero esa respuesta de «no me convences» indica que hay personas que, por muchos estudios científicos y datos contrastados y verídicos que tengan, nunca van a dejar de comer animales ni de utilizarlos porque prefieren la comodidad de no cambiar sus creencias, a pesar de que estas sean falsas. Pero en mi caso, la persona que me dijo esto es bastante cercana y he tenido que compartir varios cafés o cenas con ella, momentos en los que siempre aprovecha para sacar el tema del veganismo, aunque últimamente ya no suelo contestar, sobre todo si lo que dice son tonterías. Y es por este tipo de gente que, a veces, puedo parecer bastante antisocial.

Con la familia de mi pareja tampoco ha sido fácil, porque comen carne o pescado prácticamente todos los días. Y aunque en mi casa esto también sucede, mis padres se toman el veganismo de otra manera. Por eso, cuando visito a la familia de mi pareja, que vive bastante lejos, tengo que quedarme en su casa y a veces preferiría no hacerlo, porque no puedo ser tan independiente en la cocina, porque si intento mostrarles algo vegano ponen malas caras o les hace gracia, y porque allí se repiten nuevamente frases como «te van a faltar vitaminas» (sin saber que los vegetales están repletos de vitaminas y que la carne y el pescado no son, precisamente, las mejores fuentes de estas), «te vas a poner enferma», «tienes que engordar», etc. Además, cuando salimos a comer fuera, son incapaces de acudir a un establecimiento que no sea de comida rápida, lugares en los que no me encuentro nada cómoda, tanto por el tipo de alimentos como por el modelo de negocio.

De hecho, salir a comer fuera es algo que también me cuesta mucho, porque no conozco personas veganas más allá del mundo virtual, y aquellas con las que salgo prefieren acudir a locales como los mencionados o a restaurantes con cero opciones veganas.

Al menos, tengo la esperanza de que cada vez más gente se sume al movimiento. Go Vegan.

7 comentarios sobre “El factor social en el veganismo

  1. El otro día vi un vídeo de Earthling Ed relacionado con lo que se dice aquí. Nuestros padres y las generaciones anteriores han sido educados y nos han dado la mejor alimentación que han sabido por eso es una especie de traición que ahora se vengan con el no comer animales ni productos derivados de ellos. Aitor Sánchez también lo dice es muy cómodo decir estoy en contra de los toros porque las personas que dicen eso no sacrifican nada pero claro admitir estoy en contra de la violencia hacia los animales y dejar de consumir sus cuerpos y productos derivados pues se les hace muy complicado. Tanto que entran en negación. Ellos se ven como meros comedores hasta como se dice aquí entra esa persona vegana o vegetariana entonces ya no son meros comedores y les incomodamos al hacerles repensar sus acciones. No tengo respuesta para ellos sino que se vayan acostumbrando y la comida es sólo la punta del iceberg de lo que comprende el veganismo.
    Otros puntos que no se han tocado aquí son los niños veganos y las mujeres embarazadas veganas. Todavía hay profesionales de la salud que llegan a decirte que vas a matar al bebé que llevas en tu vientre por llevar este tipo de alimentación.
    Mucha gente sigue considerando que la alimentación vegana es maltrato para los niños. A la negación de menú vegano en el colegio o la guardería se suma la presión que se ejerce sobre estos niños. Padres de amiguitos de niños veganos que dicen sobre los niños veganos pues se va a morir o poner enfermo porque es necesario comer carne, pescado, etc. La inclusión es para las personas con piel de otro color, otra religión y etc pero para los niños veganos es inexistente en muchos casos.
    Veremos cómo evoluciona el tema. Siempre pienso que somos las semillas que están floreciendo en una tierra árida y tenemos tanta energía por dentro que el cambio es imparable.

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    1. Sí, hay personas tan acostumbradas a una forma de vida concreta que ya no la van a cambiar, y solo el paso del tiempo y las nuevas generaciones, cada vez más conscientes, darán pie a un nuevo modelo de alimentación y de consumo en general. Nosotros/as, en la actualidad, podemos poner nuestro aporte para que cada vez más gente deje de ver el veganismo como algo negativo.
      El tema del desconocimiento sobre veganismo en los profesionales de la salud es algo que tengo pendiente para otro post, aunque yo por suerte, no me he encontrado con médicos demasiado reticentes en ese sentido.
      Y por supuesto, los niños veganos merecen disponer de opciones adaptadas a ellos en colegios, porque es una opción igual de respetable que la de quien no come animales por creencias religiosas. Es necesario que haya más información al respecto en estos centros para que ni profesores ni cocineros/as lo aprecien como algo peligroso para los más pequeños, y mostrar que una alimentación basada en plantas no significa que vayan a tener carencias.
      ¡¡Gracias por tu comentario!!

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