Historia: cómo surgió la experimentación en animales

Los experimentos en animales, desgraciadamente, han estado presentes en la historia de la humanidad desde el mundo antiguo. Así, la primera referencia escrita acerca de la vivisección data del siglo II d.C. En la antigüedad, este tipo de prácticas no solo se aplicaban a animales, sino que también se permitía en algunos seres humanos. Por ejemplo, los persas tenían permitido experimentar con hombres condenados a muerte. Si bien pasarían siglos hasta que el testeo en animales se convirtiera en algo frecuente entre los científicos, desde siempre se ha recurrido a teorías de personajes influyentes, e incluso de religiones, por las que se han justificado estas prácticas. De esta forma, llegada la Edad Media, en el siglo XIII, Santo Tomás de Aquino (1224/5-1274) consideró que los animales no tienen razón ni derechos y, por ello, el ser humano no tiene que hacerse responsable de estos. Pero no todos los pensadores han dado la espalda al resto de seres sintientes.

Más tarde, Leonardo da Vinci (1452-1519), uno de los más conocidos defensores de los animales en la historia, predijo que prácticas como la experimentación animal serían consideradas crímenes en el futuro y juzgadas. Sin embargo, en el siglo XVII, René Descartes (1596-1650) comparó a los animales con máquinas, diciendo que no tienen alma y, por tanto, no son capaces de sentir dolor. Para Descartes, los animales responden a estímulos dolorosos por reflejos, y son como autómatas irracionales e inconscientes. Todo ello después sirvió para justificar la experimentación, sobre todo en el siglo XIX, y otros actos de maltrato animal.

Vivisección y feminismo

Más adelante, las mujeres fueron uno de los principales colectivos que se opusieron a la experimentación en animales. Se cuenta que algunas féminas que asistían a los famosos experimentos con pájaros de Robert Boyle (1627-1691) le obligaban a paralizar las prácticas que realizaba. Motivos como este sirvieron a los científicos para justificar que las mujeres no debían formar parte de la ciencia porque, para ellos, eran superadas por los sentimientos.

A partir del siglo XVII, médicos como el holandés Regnier de Graaf (1641-1673), el inglés William Harvey (1578-1657), los italianos Marcello Malpigui (1628-1694) y Gaspare Aselli (1581-1626) y el suizo Albrecht von Haller (1708-1777) realizaron diferentes descubrimientos a base de experimentar en animales, en una época en la que ni siquiera existía la anestesia. Los científicos justificaban dicha práctica porque contribuía al avance del conocimiento y porque, para ellos, los animales no sentían, puesto que consideraban que no tenían alma, amparándose en la concepción cristiana de alma.

Otros personajes de la historia también experimentaron en animales vivos, como François Magendie (1788-1855) y Claude Bernard (1813-1878), cuya esposa, Marie Françoise Bernard (1819-1901) siempre manifestó su oposición a las prácticas de su marido. Con el apoyo de sus hijas, Marie Françoise Bernard realizaba campañas contra la vivisección, lucha para la cual llegó a crear una asociación, mientras su esposo, sin el apoyo de parte de su familia, realizaba estas prácticas.

Muchas sufragistas del siglo XIX, momento en que se popularizó la experimentación animal, rechazaron rotundamente la vivisección, al considerar que los animales también son víctimas de la violencia patriarcal. Frances Power Cobbe (1822-1904) fue una de estas mujeres, quien creó la primera liga para la abolición de la vivisección (1875). Las sufragistas también se posicionaron contra la experimentación animal en la controversia del Brown Dog Affair, o el «caso del perro marrón», cuando un can fue sometido a la vivisección durante una clase de medicina en 1903, lo que llevó a enfrentamientos entre sufragistas y estudiantes. Estas mujeres, además, solían acudir a eventos en los que se promocionaba o se practicaba la vivisección para boicotearlos. Esta parte del feminismo ha sido olvidada y no ha sido hasta ahora cuando se ha rescatado y empieza a investigarse.

Monumento al perro marrón en Battersea (1906), destruido en 1910

A finales del siglo XIX y principios del XX, comenzó a plantearse si el ser humano tiene derecho a someter a otros seres sintientes a experimentos y procedimientos muchas veces dolorosos en nombre de la ciencia. Entre las voces discordantes, también destaca el alemán Arthur Schopenhauer (1788-1860), que consideraba que los animales sufren como los humanos, también tienen conciencia y sienten dolor, en contra de la teoría de Descartes. También Jeremy Bentham (1748-1832), en Gran Bretaña, se opuso a las ideas cartesianas y afirmó que los animales pueden sufrir, más allá de si son capaces o no de razonar, y por tanto, es cuestionable que sean sometidos a experimentos. En aquel siglo XIX, se fundó, en dicho país, la Real Sociedad para la Prevención de la Crueldad hacia los Animales, y más tarde, en 1876, se aprobó una ley que trató de regular esto.

Louis Pasteur (1822-1895), Joseph Lister (1827-1912), Robert Koch (1843-1910), y más tarde, Jonas Salk (1914-1995) son otros científicos contemporáneos que han defendido la experimentación en animales por los adelantos logrados. Pero también encontraron posiciones enfrentadas, como la de la feminista francesa Marie Huot (1846-1930) que contradijo a Pasteur mientras era presidenta de la Ligue Populaire contre la Vivisection.

Marie Huot

La experimentación en animales, a debate

El el siglo XX, continuaron surgiendo movimientos, asociaciones y normativas que trataron el tema de la experimentación animal. Este asunto comenzó a estar presente en congresos y debates, a medida que se iban haciendo descubrimientos sobre las capacidades cognitivas y de sufrimiento de los animales, mientras que algunas personas vinculadas al mundo científico y a la industria farmacéutica han seguido defendiendo utilizar a estos con fines experimentales.

En este siglo, no han dejado de surgir voces opuestas a la experimentación en animales. Por ejemplo, Peter Singer (1946-) compara esta práctica con la experimentación en humanos con el mismo desarrollo mental, o con los experimentos realizados por los nazis. De hecho, para el escritor judío y Premio Nobel de Literatura Isaac Bashevis Singer (1902-1991), todos los seres humanos son nazis en lo que se refiere a su comportamiento con los animales.

En 1959, se publica The Principles of Human Experimental Technique, en el cual Russell y Burch propusieron la técnica de las 3Rs (reemplazar, es decir, utilizar alternativas que sustituyan a los animales en la experimentación científica; reducir, lo que significa disminuir la cantidad de animales que se utilizan en investigación; y refinar, esto es, minimizar el sufrimiento causado). Y en los últimos años, las asociaciones y activistas contra la crueldad en laboratorios luchan por poner en marcha métodos alternativos, no solo porque los animales sienten, sino porque también se ha demostrado que los experimentos en estos no son tan eficaces para el progreso como se pensaba.

FUENTES CONSULTADAS

Callabed, J. (2014). Claude Bernard (1813-1878). Fundador de la medicina experimental. Andalán.

De Aluja, A. S. (2002). Animales de laboratorio y la norma oficial mexicana. Gaceta Médica de México(132), 3, pp. 295-298.

Nextews. La vivisección – ¿qué es?

Puleo, A. H. (2017). Perspectivas ecofeministas de la ciencia y el conocimiento. La crítica al sesgo andro-antropocéntrico. Daimon. Revista Internacional de Filosofía, 6, pp. 41-54.

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