Historia: cuando un toro se convirtió en el mejor amigo de una niña

Fue en 1936. Pocos días antes del estallido de la Guerra Civil Española, un toro llamado Civilón ocupó los titulares de diferentes medios de comunicación de la época. El motivo: el animal, que se había convertido en el mejor amigo de niños y adultos en la ganadería salmantina donde vivía, iba a ser cruelmente torturado en la plaza de toros de Barcelona. Hay quienes afirman que Civilón inspiró el cuento Ferdinando el toro, escrito por Munro Leaf, que a su vez inspiró un cortometraje de Disney de 1938 y, más recientemente, una nueva película de animación del 2017. Esta es su historia.

De Salamanca a Barcelona

Civilón se crió en Salamanca, concretamente en la dehesa de un ganadero llamado Juan Cobaleda, cuya hija, Carmelina, no tardó en ganarse la confianza del toro, así como sus hermanos y también algunos adultos, desde que un día la pequeña lo llamó por su nombre y este acudió a ella para dejarse acariciar. Todos ellos jugaban con el animal, algo que debió resultar muy extraño para una ganadería, así que el suceso no tardó en publicarse en la prensa de la época, de manera que el toro llegó a ser conocido en todo el país.

Sin embargo, el ganadero, como hacía con el resto de toros de la dehesa, vendió a Civilón para ser lidiado en la Monumental de Barcelona, lo cual también acaparó las páginas de periódicos y revistas de aquel momento. El 27 de junio de 1936, podemos ver en la portada de la revista Estampa, cómo la pequeña Carmelina, su compañera de juegos, lloraba mientras despedía a su amigo Civilón, al que trasladaban a Barcelona en un largo viaje. Gracias a la Hemeroteca Digital, hoy podemos ver de nuevo aquella portada y otros reportajes sobre el tema.

Portada de Estampa del 27 de junio de 1936. Extraída de: Hemeroteca Digital

Aprovechándose de la fama de Civilón, los empresarios taurinos quisieron obtener toda la rentabilidad posible de aquella corrida en Barcelona, mientras la población local, que sabía de la presencia del animal en la ciudad, acudía a visitarlo para comprobar su buen carácter. Mucha gente llegó a pedir el indulto del animal incluso antes del evento.

El 28 de junio, la Monumental se llenó después de la gran difusión de aquella corrida. Nuevamente, se dejaron ver en la plaza pancartas contra el asesinato de Civilón, e incluso algunas asistentes insultaron a los toreros. Cuando un picador hirió al dócil toro, el griterío y la presión del público lograron que el presidente suspendiera la lidia e indultara a Civilón. En ese momento, se cuenta que el ganadero que lo había criado lo llamó y el toro acudió hacia él para entrar después a los corrales, aunque realmente no sabemos si esto forma parte de la leyenda o de la realidad.

Durante los días sucesivos, hubo quienes se ofendieron porque el toro no había sido lidiado y pedían su asesinato, mientras que otros se alegraron porque finalmente no hubiesen matado a Civilón. Sin embargo, y aunque no se sabe a ciencia cierta cómo murió el animal, casi todas las versiones sostienen que acabó siendo el alimento de los combatientes en la Guerra Civil, que comenzaría días después. Otras versiones indican que Civilón volvió a Salamanca, y otras señalan que murió el mismo día de su indulto en los corrales de la plaza barcelonesa.

Cuentos y películas infantiles

En septiembre de 1936, se publicó el cuento de Munro Leaf Ferdinando el toro, acerca de un animal muy parecido a Civilón, que es feliz jugando con las flores y disfrutando de la naturaleza, mientras los demás toros pelean entre ellos, hasta que un día Ferdinando es elegido para una corrida en Madrid. Hay quienes dicen que Munro Leaf se inspiró en la historia de Civilón para construir a su Ferdinando, pero lo cierto es que diversas fuentes coinciden en que, en realidad, el escritor de cuentos creó su obra en octubre de 1935, meses antes de lo sucedido con Civilón. Sea como sea, a la dictadura franquista no le gustó la idea de un «toro antitaurino» que no quería ser toreado, y el cuento estuvo prohibido en España hasta 1975. A Hitler tampoco le gustaba mostrar a los niños que se podía ir contra el orden establecido, así que ordenó retirar el cuento de Ferdinando de todas las librerías de Alemania, y hasta quemar todos los ejemplares de lo que él consideraba «propaganda democrática degenerada».

En el resto del mundo, el libro infantil de Munro Leaf fue todo un éxito, tanto es así que es la obra más conocida de este autor, que se tradujo a más de 60 idiomas y vendió, solo en Estados Unidos, cuatro millones de ejemplares. De hecho, cuando Hitler fue derrotado, los aliados imprimieron 30000 copias del cuento para repartirlas entre los niños y trasladar un mensaje pacífico. El propio Gandhi también consideró este cuento infantil como un texto de paz.

En 1938, Disney lanzó una versión animada de Ferdinando el toro, que logró el Oscar a Mejor Cortometraje de Animación en 1939. Y en 2017, Carlos Saldanha dirigió una nueva versión cinematográfica del cuento de Munro Leaf sobre el toro Ferdinando, al que le encantan las flores, pero no embestir a sus amigos. Precisamente, esta película fue proyectada hace dos veranos en una plaza de mi pueblo, un lugar bastante taurino (seguramente, quienes decidieron poner este largometraje pensaban que el mensaje no era antitaurino, aunque quizá solo lo hicieron para entretener). Ese día acudí al visionado de la película, y recuerdo algún que otro comentario favorable a la tauromaquia entre los adultos presentes, pero lo cierto es que había muchos niños y niñas que quizá sí captaron que los toros son animales pacíficos que no quieren morir en una plaza.

Cuando se estrenó la película, también tuve que leer algunas críticas como esta, en la que básicamente el autor lo único que hace es decir que es un largometraje «falso» porque presenta a los animales como humanos. Yo le preguntaría: ¿qué película de animación donde los protagonistas son animales no muestra a estos con comportamientos humanos? Todavía no he visto ninguna.

Quizá la historia de Civilón, e incluso la ficticia de Ferdinand, resultan sorprendentes porque en las ganaderías no es habitual acariciar a los animales y cuidarlos como realmente se merecen, sino que lo que se busca es obtener la máxima rentabilidad de ellos. Pero lo cierto es que Civilón no es, ni mucho menos, el único toro manso y dócil de toda la historia. Por el contrario, el toro bravo es más bien una invención humana y el carácter real de estos animales es más amable que agresivo. Basta con ver cómo se comportan en los santuarios de animales donde hay toros rescatados.

ARTÍCULOS RELACIONADOS

El País (24 de septiembre de 2011). El torito bueno.

Greelane (12 de noviembre de 2019). Descubra la historia de Ferdinand.

La Sexta (08 de febrero de 2018). Ferdinando, el toro que puso de los nervios a Franco y a Hitler por su rechazo al toreo, vuelve al cine 78 años después.

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